AMIGOS

19 noviembre, 2006

Paloma

Paloma a la derecha


Hay personas que pasan por la vida como de puntillas, sin hacer ruido pero que dejan un poso imposible de obviar. He conocido personalmente a algunas y la más reciente a penas hace un mes que nos dejó. Las heridas que su marcha ha abierto en quienes la conocimos están aún
demasiado sangrantes para hablar de ellas, por eso sólo quiero esbozar un recuerdo de esta amiga, que lo era de todo el que tenía algún trato con ella, por mínimo que fuera. Nadie pasaba a su lado sin llevarse algo de Paloma, quizás por eso, su vida se gastó tan pronto. Treinta y siete años de entrega a los demás, de sinceridad consigo misma y con todos, de decir lo que ella sentía que tenía que decir a cada uno, sin paliativos pero a la vez sin agravios, son suficientes para en este mundo, de hipocresias e intereses personales, zanjar padecimientos y comenzar una nueva Vida.
La muerte no acaba con el amor y lo derramó tan a raudales mientra estuvo con nosotros que justo es, ese mismo amor revierta ahora en ella. La realidad no deja de ser cruda, se ha ido por una enfermedad cruel que galopa más aprisa en un cuerpo joven, mas su presencia se percibe, de manera palpable, en este aire de utoño que ventea los días madrileños y en las gotas sonoras y pesadas que cayeron sin tregua el día que la dijimos adiós.
Lo dio todo con una sonrisa y poco supimos de sus sufrimientos porque nunca quiso dejar caer esa carga sobre otros hombros que no fueran los suyos. Aun así pensamos que fue feliz, porque la felicidad es tanto una elección del intelecto, como un acto de la voluntad. La felicidad no está sujeta, como normalmente se piensa, a agentes externos (esto tengo, esto me dan o esto me hacen los demás) sino que es el resultado de una aceptación interna, que no resignación. Querer ser feliz

No podemos saber que sensaciones revoloteaban por la cabeza de Paloma cuando, al hacer los preparativos para su último imgreso en la clínica, dijo a su madre como una salida más de las suyas: "Parece que estemos preparando todo para el Cielo". Estas palabras tienen un gran valor tetimonial porque fueron pronunciadas por una persona que nunca alardeó de religiosidad.Tu ausencia, Paloma, siempre será presencia para nosotros

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