AMIGOS

05 septiembre, 2009

CUADERNOS ANTIGUOS

Julio en Puerto Rico (Castillo del Morro)


Voy a rescatar algunas páginas de los cuadernos antiguos. Explico antes, que éstas fueron escritas a lo largo de los seis meses que Julio pasó embarcado en el Buque Escuela Elcano, al otro lado del Atlántico y que, como creo ya he dicho alguna vez, después de cuatro años de noviazgo decidimos que a su regreso, si el amor seguía firme fijaríamos la fecha de la boda. El viaje de Elcano era, entre otras cosas, una prueba de fidelidad para las parejas. De hecho sólo mantuvimos nuestro noviazgo tres o cuatro de una promoción donde la mayoría estaba ennoviada.

Al mismo tiempo como Julio tenía recepciones, bailes y visitas, en cada puerto que el barco atracaba, acudían al mismo las niñas de la mejor sociedad de los paises visitados, llegamos al acuerdo de que yo podría también salir con amigos y compañeros. Como dato, tengo que añadir que casi le pierdo en Puerto Rico porque la hija de una familia potente se encaprichó de él, incluso intento ganarse a la que más tarde sería mi suegra, escribiéndola y enviándola regalitos. Con gran contento, dicho sea de paso. por parte de ella.

El amigo con el que más relación tuve por entonces fue José Ramón, alumno de mi padre, hijo único de una familia de alcurnia y con dinero.

No corrijo faltas ni acentos ni puntuaciones para que sea más auténtico (naranja, naranja, color de la facultad deEconómicas)


17-III-59
Parece mentira que porque J.R. se haya ido a Valencia, para disfrutar de Las Fallas yo me encuentre triste. ¿A mí porque tenía que importarme? . ¡¡Qué sé yo!!, pero siempre es un poco triste ver marchar a un amigo aunque sólo sea por pocos días.
Me llamó el domingo por la noche para despedirse y eso me gustó mucho, como también que prometiese traerme una falla. Entre otras cosas me dijo que a ver como me portaba ahora que me iba a quedar sola esta Semana Santa. Le contesté que iría a hacer Ejercicios Espirituales y me deseó que los hiciera muy bien. Luego añadió: “Claro que mejor que eres no vas a salir de ellos”. Yo, con voz que expresaba muchas cosas añadí: ”No sabes tu todo lo que hay que mejorar”
Y es cierto Virgen mía, realmente quisiera que nada me separase de Vosotros, que ni solo un hilo me impidiera darme del todo a mi Señor

Actual:
Voy a copiar lo que escribí ese día, aunque no todo tenga que ver con José Ramón, pero quiero hacerlo (por si mis hijos lo leen algún día) para que se pueda comprobar cómo, a pesar de llevar cuatro años de noviazgo, a pesar de J.R. y de lo que me gustaba disfrutar- sanamente- con mis compañeros, la eterna duda de la vocación religiosa estaba latente en mi alma, aparecía y desaparecía como el Guadiana.

“El domingo por la mañana fue la Comunión de Hijas de María y aunque tuve que sostener una pequeña lucha con las sábanas, conseguí levantarme a tiempo.
Pasé una mañana estupenda. Sentí la emoción de confesar y comulgar en mi Colegio. El desayuno fue muy agradable, pues estuvimos cinco en una mesa: Mary Paz Juristo (que me saludó muy cariñosa), Encarnita Amaya, Amelia Elejabeitia y Magdalena Rivero.
Charlamos mucho. Y me hizo ilusión que cuando Charo Durban se acercó a nuestra mesa, para pedirnos opinión sobre quien desempeñaría bien el cargo de Presidenta de las Antiguas Alumnas, dijese que por allí se había hablado de Militos.
Yo expuse mil razones en contra pero en el fondo me halagó. Tú verás Virgencina, si ello me sirviera para acercarme más y acercar a otras al Colegio, sea, de lo contrario Virgen mía Tu sabes lo que tienes que hacer. (Nunca fui presidenta de Antiguas Alumnas, sí de la Congregación Mariana -o Hijas de María- el último año de colegio)
La verdad es que ahora voy más al Colegio y me siento más unida a él. No sabes la felicidad interna que esto me produce.


Tuvimos Retiro Espiritual con un jesuita estupendo, con espíritu moderno, amplio y a la vez rígido, que nos habló del fin último de las Congregaciones Marianas; “Santificarse y santificar a los demás”.
Al recibir la bendición del Santísimo pronuncié un “Cuenta conmigo” que el padre nos exhortó a pronunciar, si estábamos dispuestas desde el fondo de nuestras almas a alcanzar ese Fin. Sin reparar en medios por dolorosos y sacrificados que para nosotras resultasen. Me quedan unos días para empezar los Ejercicios y pongo en Ti toda mi esperanza.

28- III-59

Lo que yo he sentido hoy sólo Tú y yo podemos saberlo. Jesús, te llevaba en mi boca y con la lengua te palpé y Dios mío, nunca comprendí como esta noche lo que con aquella Sagrada Hostia se me daba. ¿Y te diste cuenta, Madre mía, que no quería tragarla?. Qué absurdo Virgencina, pensar que al tocarla con la lengua sentía más realmente a Jesús, que tragando la Hostia y teniéndola dentro de mi ser.
Y por primera vez creo Jesús mío que conseguí olvidarme absolutamente del mundo, Jesús, mi alma esta noche se entregó a Ti y tuvimos una dulcísima conversación y mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas, yo te pregunté que si aun podías desearme solo para Ti. Y dudé Señor. Es terrible que a mis 22 años aun me suceda esto. Y no quería apartar las manos de mi cara, por miedo a que la luz disipara aquel coloquio divino entre Tú y mi alma.
Señor y creo que Tú pasaste esta noche de tu Resurrección junto a mí.
Señor si yo supiera que casada con Julio y formando nuestro hogar, sabríamos amarte por encima de todas las cosas, si yo supiera que Tú deseabas nuestra unión, para mí no existiría la menor duda. Mi Dios, pero sigo temiendo a este apego al mundo tan innato en mí.
Y después Jesús de oir la Santa Misa (era la vigilia del Sábado de Gloria que siempre celebrábamos en la iglesia de la Paz, con las monjas y niñas de la Inclusa) salimos para saludar y recibir el saludo de estas cariñosas monjas.


Luego se acercó Angelines, la niña que por su falta de piernas y tener que ir toda la vida en un coche de esos de paralítico, menos motivos tendría para sonreir como lo hace. Y fui muy cariñosa con ella porque deseaba darla un poco de felicidad.
Pili , la que fue pequeña de Nieves, ( En la Inclusa existía una organización especial entre las internas, una especie de tres secciones: las llamadas “mayores”, algunas verdaderamente ancianas que terminaban sus días entre aquellos muros, habiendo sido abandonadas en aquel lugar desde su primera infancia o de bebés; luego las adolescentes y finalmente las “pequeñas”. Se formaban pequeños núcleos como una familia, con una mayor, una adolescente y una pequeña.) que ya está mayorcísima y Riaño, aquella que era un torbellino travieso y que también es ya una mujer. Me acompañaron por el patio hasta casa, Me gusta mucho charlar con ellas aunque ahora las vea menos. Me gustaría Jesús mío dedicarme a estas niñas, o a personas que como ellas sufren para ayudarlas a ofrecerte sus dolores y hacerles más llevadera su carga. Y por esto temo también a mi matrimonio, temo que mi marido y mis hijos absorban todo mi tiempo y no sepa dedicar una parte de él a aliviar las penas de los que sufren.

En tus manos Señor está mi vida toda. Hoy sentí Jesús mío como si Tú quisieras arrancar a mis labios un sí, fuerte y generoso. Y quise dártele Jesús y quise que mi vida toda fuera tuya.
Y pienso en Julio Señor y me siento ingrata con él después de cuatro años, dejarle solo. También me inquieta pensar que en mí aparece una posible vocación cuando él está lejos mientras que cuando le tengo a mi lado mi conciencia está tranquila y yo creo hallarme en el buen camino.
Esta mañana Jesús me emocioné al pensar que estaba en gracia y que por ello, aunque en aquel instante no rezaba, sino que escuchaba una música (“La vida en rosa”) estaba dando gloria a Dios.
Me gusta que D. Paulino (Uno de los dos capellanes y profesor de Religión de nuestro colegio. El otro era D. Pedro Cantero, más tarde obispo de Barbastro y gran amigo de San Josemaría, fundador del Opus Deí. Sin duda el libro de Camino circulaba entre nosotras gracias a D. Pedro) haya dicho a mi hermana Mary Carmen que incluso bailando, si estás en gracia, puedes dar gloria a Dios.
Mi Dios te amo y quiero ser Tu más fiel esclava.

30-III-59

Hoy Virgencina fui a casa de J.R. aunque sabía positivamente que Pacho, nuestro profesor de Estadística, no iría pero él me llamó anoche y me dijo que quería hablar conmigo de todo lo que en el Valle de los Caidos le había impresionado.
Me ha dicho que espiritual y moralmente ha venido mucho mejor, pero que a pesar de sus deseos de ser mejor no sabe qué es lo que tiene que hacer y se encuentra indeciso.
Luego me contó que ha decidido no volver a salir con chicas porque a todas las encuentra insulsas y llenas de pájaros. Que no puede por más que quiere. encontrar una como yo que es que no la hay. Bueno estuvo alabándome un rato y yo quiero Virgen mía decirte que aquello no me halagó lo más mínimo. Quisiera Virgencina que Jose Ramón pudiera encontraros para que viese que una chica, no es imprescindible en este mundo.
Señor ¿y cómo podría yo orientarle hacia Ti?. Quiero pedirte ayuda Jesús mío, porque de lo que él sea yo me siento un poco responsable.


Me dijo que el padre de los ejercicios (debió hacer unos días de retiro en el Valle porque cuando fui con él me presentó al fraile con el que se confesaba) opinaba que yo podría aconsejarle mejor que nadie. Sabes Jesús mío que me gustaría hacerlo pero soy tan pato, ayúdame Jesús mío.
Después me regaló tres banderines del Valle de los Caidos y no sé cuántas postales, es muy buena persona y yo siento que cada vez le tengo más cariño.


Luego le conté algunas cosas de Julio, de lo bien que lo estaba pasando y él dijo que yo no me merecía eso, intenté convencerle de que a Julio no le quedaba más remedio porque les obligaban y que yo prefiero que me cuente todo. También le dije que me preocupaba mucho que Julio se aficionase a toda esa vida y que cuando venga este verano se me muera de aburrimiento. Me comprendió perfectamente y dijo que sería probable, aunque enseguida añadió:

“también es que tú eres el colmo, en vez de preocuparte por lo que está haciendo, te preocupa lo de este verano”. Y luego dijo que, siendo sincero, en el fondo se alegraba de todo esto por si yo me desilusionaba de Julio, y al momento me pidió que no me enfadase. Yo contesté que me gustaba la sinceridad.
Me pidió que todas estas cosas no me hiciesen cambiar, porque así era única y de la otra forma sería como todas las demás. Le respondí que no cambiaría, por Dios, porque había aprendido a mirar todo desde El.
Jesús mío y una vez que te he contado todo, quiero pedirte que me ilumines para que yo sepa llevar a su espíritu cuanto al cabo de los años Tú me has enseñado.

Fotografía de antes de entra a una boda


Después de esa boda, con cara de cansancio




22 julio, 2009

MARIDO RIESGO





Ahora que Julio está a la espera de una operación de corazón, he vuelto a recordar cómo el inicio de nuestro matrimonio ya fue de riesgo. hay personas que lo llevan encima como si de una mochila se tratase. Así es mi marido,un marido riesgo o un riesgo de marido, el de siempre, el que tengo y el que tuve. Este hecho que puede parecer insólito por los vientos que corren, es algo inherente al matrimonio en su esencia natural, otra cosa es que los interesados quieran vivirlo como se debe vivir. santamente constituído.

Un mes antes de dar a luz a mi primera hija decidimos que viniera a Madrid, desde San Fernando (Cádiz) donde vivíamos por destino de Julio, para dar a luz y de paso examinarme de algunas asignaturas de la carrera, entre ellas la "Hacienda Pública", con el catedrático Enrique Fuentes Quintana, cuyo avatar ya relaté en un post anterior.

Cuando ya se aproximaba el parto, Julio quiso pasar un fin de semana conmigo. Por entonces los militares no podían abandonar sus destinos sin una autorización expresa, algo que se saltó a la torera. Quiso aprovechar el viaje en coche, tampoco autorizado, de tres alumnos de la milicia universitaria que la cumplian en el Tercio Sur. A la altura de Andujar tuvieron un accidente mortal, el conductor falleció, quien iba en el asiento de al lado se rompió una pierna porque, previsoramente, al ver que un camión se les abalanzaba sin remedio, se tiró del coche en marcha. En los asientos traseros, el de la derecha únicamente tuvo el percance de su nariz rota, pero Julio, con la cabeza apoyada en el quicio de la ventanilla y plácidamente dormido,recibió un tremendo impacto que pudo ser mortal.

Nunca conocí al detalle los pormenores del accidente, ya que, por la cercanía del parto, su familia y la mía decidieron ocultármelo. Incomprensiblemente lo consiguieron durante muchos días. Estuvo hospitalizado cerca del Santuario de Santa María de la Cabeza, con un coma del que no despertó hasta pasados diez días. Recibió la Extremaunción por la gravedad prevista. Su familia, mi padre y mi hermano mayor se trasladaron a Andujar y yo de manera absurda permanecí ignorándolo todo, convenciéndome a mi misma de que no había podido venir a estar conmigo por algun imprevisto. Al no haberse inventado el teléfono móvil y carecer la mayoría de las viviendas de San Fernando de telefonía fija, me lo creí porque quise creerlo, sin extrañarme la ausencia total de noticias suyas.
Sí recuerdo, que me hizo intuir algo raro la invitación de mi cuñada Mary Pili para que fuera con ella y con su amigo Raimundo al cine. les comenté lo nerviosa e inquieta que me encontraba. Raimundo me preguntó: ¿No sabes a qué se debe? Respondí que no, pero que suponía debía ser por lo avanzado del embarazo. Ahora me doy cuenta que su pregunta era por si mi subsconciente sospechaba algo del accidente.

No tengo ni idea de los días que transcurrieron viviendo en ese engaño. Una tarde no pude más y dije que pensaba llamar al cuartel de San Fernando, Tercio Sur, para enterarme de si pasaba algo con Julio. ¡Qué casualidad! a los diez minutos de hacer esa declaración, sonó el teléfono y escuché la voz de mi esperado marido. Intentó hacerme creer que no ocurría nada con unas razones tan simples que no me convencían, mas todo se aclaró cuando le escuché decir con voz baja: "Gracias hermana". Ya no le quedó otra alternativa que contarme lo ocurrido, pues yo sabía que aquel hermana tenía que referirse a alguna monja.

Acababan de trasladarle al hospital de San Carlos (San Fernando) Enterada del peligro sufrido lloré y lloré. En parte me sentía culpable por haber venido a Madrid para examinarme y dar a luz, al mismo tiempo que me dominaba una tremenda rebeldía contra todos los que me lo habían ocultado, incluido Julio que al fin y al cabo era la única víctima. Mi sensación era extraña, como si me hubieran hurtado el derecho a sufrir con él, como si todos los que estuvieron a su lado en los peores momentos hubiesen usurpado mi sitio. Siempre fui una persona fuerte y nunca las desgracias ni los problemas influyeron en mi estado físico. la prueba es que las contrariedades lo único que alteran es mi equilibrio kilo/calórico, traduciéndose en aumento de peso, como quien dice: cuanto más gordo es el problema, más kilos acumulo. Les reconocía su buena voluntad al mismo tiempo que me indignaba que decidieran en mi lugar. Aquella oportuna llamada de Julio se debió a que al escuchar mi decisión de llamar al cuartel, Julia, la imprecindible y querida empleada que llevaba años con nosotros, bajó corriendo a la portería para llamar al hospital y que Julio se pudsiera en contacto conmigo.
De esa manera me enteré de lo cerca que estuve de ser una joven viuda.

Más adelante, por su carrera, tuve que pasar algunos sobresaltos parecidos, pero ya nadie volvió a quitarme ese derecho a sufrir por el marido.


Al insurrecto que se tomo la licencia de abandonar sin permiso su lugar de destino, cuando le dieron el alta en el Hospital de Marina, le concedieron un mes para reponerse que pasamos en casa de mis padres, por lo que pudo asistir al nacimiento de nuestra hija Begoña.


La llegada de Begoña fue un auténtico sonar de trompetas, como correspondía a la primera hija, la primera nieta, la primera sobrina... Cada tarde en la sobremesa, su padrino, mi hermano Goyo, decía: "anda saca al mono, ¡pobrecita mía! para distraernos". Trasladaba al comedor su cuna vestida de cuadritos azules porque, sin el adelanto de las ecografías reveladoras del sexo de las criaturas, cualquiera se arriesgaba en aquellos tiempos a vestirla de rosa. Allí era la contemplación universal de la recien llegada a este mundo, cada uno por turnos, dejábamos que agarrara con su manita alguno de nuestros dedos. ¡Era tan buena! sólo lloraba por las noches, con gran nerviosismo de su padre que se hallaba en plena recuperación. Esto nos decidió a pasarla de madrugada al salón de la casa de O'Donnell, unica habitación disponible.

Mi madre, Baita, desde que Begoña comenzó a parlotear, se llevó el gran disgusto cuando lo descubrió porque semejante atropello no coincidía para nada con sus parámetros. Como siempre yo, entre dos aguas, capeaba el temporal de la mejor manera posible, ya que julio para recuperarse necesitaba dormir tranquilo. También eran notables sus enfados cuando sorprendía al padre de la bebé limpiándole sus caquitas. Segun mi madre, su hija estaba faltando a sus deberes de esposa y madre por no saber vencer el repelús que aquello le ocasionaba. Hoy me pregunto: ¿Tendría razón o no? De todas formas aquel trauma tuve que superarlo sobre la marcha, en cuanto regresamos a San Fernando y Julio se reincorporó a su destino en el Tercio Sur.


21 mayo, 2009

UNA CASA DE LA POSGUERRA__II


El último de los varones y las dos niñas, Carmina y Ana, vinieron a este mundo entre aquellas cuatro paredes. Contaba mi madre que el doctor Botella, quien la asistía durante los embarazos, cuando llegaba la hora del parto enviaba a la comadrona y él aparecía inmediatamente después del mismo, como si hubiera estado aguardando tras de la puerta. Era esta una iniciativa del doctor para no verse obligado a pasarle la minuta por el alumbramiento, aunque siempre permanecía pendiente de acudir ante la menor emergencia.
Se daba la circunstancia de que, cuando llegaba ese momento, a Goyito y a mí nos dejaba mi padre en el metro de la estación de Goya para que, Rosa, la criada de mi abuela, nos recogiera en la de Cuatro Caminos y pasar unos días en su casa con ellas y mis dos tías. En el metro nos gustaba colocarnos en el primer vagón, justo al lado del conductor y mirar extasiados cómo la máquina iba dando luz, a medida que avanzaba, a la obscuridad de los túneles.
Del nacimiento de Carmina recuerdo dos detalles que ahora me parecen nimios, pero que permanecen fijos en la memoria:
uno que el conductor del metro era muy simpático y charlaba mucho con nosotros, al preguntarme que a donde íbamos yo contesté que a casa de Mamáuna (así llamábamos a mi abuela) y él quiso saber si teníamos dos mamás. Y el otro detalle es que al nacer mi hermana el 7 de Julio, mi hermano se empeñaba en que la llamasen Fermina, gracias a Dios no le hicieron caso. Lo curioso es que los niños de entonces no preguntábamos nunca nada, ni nada nos parecía cuestionable, ni siquiera nos extrañaba que, pasada una semana o diez días, al regresar a la casa paterna nos encontráramos con un miembro más en la familia.

A todas luces la vivienda se nos había quedado pequeña, pero los medios económicos de la época, 1940-50, eran escasos para una familia numerosa en la que el padre era funcionario de la Diputación Provincial y cuyos seis hijos estudiaban en colegios privados de religiosos, algo que para mi padre fue siempre preferente, de la misma manera que más tarde sería su empeño el matricularnos a sus tres hijas en la Universidad Complutense, sólo existía ella para él. Los varones tuvieron otras opciones al elegir distintas profesiones: el mayor Ingeniero de Minas y los dos siguientes Marinos de Guerra.

Mi padre, al no tener espacio para estudiar en Jorge Juán, acudía todas las tardes a un café llamado La Polar situado también en la misma calle, pero esquina a la llamada por entonces General Mola y hoy Príncipe de Vergara, por aquello de que Mola combatió en la guerra Civil al lado de Franco, detalle este derivado de las vicisitudes de la historia contemporánea. En dicho café mi padre terminó sus dos carreras universitarias Derecho y Ciencias Económicas. obteniendo en esta última el Primer premio Extraordinario de fin de carrera.

Cuando Julio y yo empezamos nuestro noviazgo y mi padre no quería saber nada de este asunto, solíamos pasear por aquella zona, los noviazgos de antaño se nutrían de paseo tras paseo, y como aquel café tenía un amplio escaparate, siempre nos parábamos ante él para contemplarle completamente enfrascado en sus apuntes y libros. Era una especie de reto para ver si levantaba la cabeza y nos veía. Nunca llegó a descubrirnos.

La distribución familiar de los dormitorios era un tanto peculiar, pero imagino que alguna razón especial debieron tener mis padres para realizarla así:
En el más amplio de ellos, se instaló una litera de dos camas donde dormían José luis y Juán José, y una cama de matrimonio en la que lo hacían mi madre con la pequeña de las niñas. En la habitación a la derecha del comedor había dos camas, una para mi padre y otra para mi hermana Carmina que siempre fue delicada de salud en su infancia. En el mismo comedor y en una cama mueble dormía mi hermano mayor, Goyito, y finalmente, en la que también daba a éste, éramos la muchacha y yo quienes teníamos el aposento. No se trataba de una criada corriente, era un miembro más de la familia que compartía con nosotros su vida y sus propios intereses. Su nombre Gregoria, Goya, de irresistible recuerdo para todos. De procedencia extremeña y una fidelidad inquebrantable, creo recordar que llegó a nosotros por medio de la fiel Rosa, más que inseparable servidora, amiga incondicional de mi abuela Elisa, a cuyo lado estuvo hasta que falleció, acompañándola en todos los destinos de mi abuelo Ingeniero Militar, tales como Melilla, Baleares... Durante un tiempo, Rosa, se alejo de mi abuela porque contrajo matrimonio, pero no tardaría en regresar, ya que su marido se volvió loco hasta llegar al suicidio. Con su pequeña hija Simona, que más tarde se haría enfermera, vivieron con MAMÁUNA y mis tías hasta su muerte.

Goya fue mí refugio en la adolescencia, desde aquel inolvidable día en que creí que la muerte llegaba a por mí. Y lo curioso es que, al evocarlo ahora, no puedo apartar de mi vista la misma imagen de niña empavorecida, enfrentándose al comienzo de su adolescencia, algo que ella ignoraba por completo. Al levantarme como cada día para ir al colegio y descubrir entre las sábanas aquel horror viscoso y rojo me encerré llorando en el cuarto de baño, del que no pensaba salir hasta que tirasen la puerta abajo y encontraran mi cadaver. Goya que ya debería haber descubierto el percance, insistía una y otra vez para que abriera la puerta, pero yo me negaba y lloraba sin parar. No sé como pudo convencerme para que la dejase entrar a mi lado. Cuando ella me explicó la causa natural de todo el drama, no pude ni sentirme aliviada porque llegué a pensar que ser mujer debía ser algo terrible cuando se manifestaba de aquella manera. Pasados los años, reconocí lo mucho que le debía a aquella omisión de mi madre, pues estuve bien alerta para adelantarme a la edad crucial de mis hijas, de la misma manera que había hecho antes con mis hermanas. Otra de las omisiones de mi querida madre, que en verdad era admirable en todo, pues en lo que ahora he mencionado no puedo culparla, ya que en ese terreno parecía ser lo usual en todas las familias, de las que entonces no me daba cuenta, fue aquella manía de vestirme de niña, tanto exterior como interiormente, cuando mis amigas ya utilizaban prendas adecuadas a su edad. Tuvo que pasar por Madrid mi tía política Josefina, a la que siempre quise con locura, para hacérselo notar. Aquel suceso de mi encontronazo con la edad adulta, más que el hecho de compartir habitación, fue lo que creó unos lazos de unión entre Goya y yo que sólo se rompieron cuando, al poco tiempo de trasladarnos a vivir a O'Donnell, decidió regresar a su pueblo. Ella, con su delantal blanco impoluto y almidonado, nos llevaba al Retiro a jugar y merendar, de manera invariable chocolate con pan.

En Jorge Juán tuve mi primera amiga, se llamaba Anita y vivía en el último piso por lo que tenían una amplia terraza, donde jugábamos mis hermanos Jose, Juán y yo con ella y sus dos hermanos, José Antonio y Benito. Creo recordar que los Acosta y nosotros éramos los únicos niños de la casa. Ella y yo parecíamos auténticas hermanas, pasábamos los días juntas y nada más llegar del colegio nos buscábamos una a la otra con impaciencia. En las viviendas de alrededor había otros muchos niños y niñas con los que formábamos pandilla para jugar en la calle, como era costumbre en la posguerra, pero no intimamos con ninguna de las demás.


La familia de nuestros amigos era sevillana y con una situación económica mucho más saludable que la nuestra. Tenían una agencia de transportes en Atocha, Auto-Andalucía, que fue creciendo vertiginosamente. Notaba yo esa diferencia en los bocadillos de pan con mantequilla que mi amiga tomaba a cualquier hora, cuya forma de huntarlos me dejaba perpleja: primero la repartía bien a lo largo de la rebanada para a continuación, cada vez que mordía un trozo volver a extender, por el sitio mordido, otra buena capa del sólido elemento derivado de la leche. En mi familia era mi madre la que elaboraba la mantequilla, a partir de la nata espesa y gruesa que se recogía cuando se hervía la leche; no tenía nada que ver con la fina telilla que se forma ahora al calentarla Aquello no me producía envidia alguna, a pesar de contemplar la cara de placer de mi amiga mientras devoraba aquella vianda, puesto que estaba segura que su exceso de peso del que siempre se quejaba, era el producto de tal sobrealimentación.

Los padres de Any, me trataban con mucho cariño y un verano me invitaron a veranear con ellos en Las Navas del Marques. Fueron unos días muy divertidos y animados, pues nos uníamos a otros niños del lugar, hacíamos excursiones por los riscos de las Navas y batallas emulando a los antiguos guerreros. De aquellos días guardo un pequeño recuerdo en la pierna derecha, una marca de color marrón ocasionada por un petardo que uno de los niños de la pandilla me encendió justo al lado.


La siguiente es una de las muchas fotos que conservo de aquel verano del año 1948. En ella aparecen, de izquierda a derecha: Un matrimonio amigo, Carmen, madre de Any a su lado, Any, sus hermanos Benito y José Antonio; más arriba, entre los dos niños, yo con las trenzas que mi amiga envidiaba y que tantos tirones tenía que sufrir cuando me las peinaba mi madre, mientras repasaba con ella las lecciones de catecismo; el niño más pequeño era hijo del otro matrimonio y hermano del Nico que aparece a su lado; las dos con delantal blanco eran las criadas de la familia, la de negro se llamaba Sebas y la otra Benita que casualmente era oriunda de Don Benito, localidad extremeña.





Mi amiga Anita, ya algo mayor.



Esta foto tan envejecida, lo mismo que yo, también es de aquel día de comida entre rocas y árboles en pleno campo.
Fuimos amigas inseparables a pesar de las diferencias que existían entre nosotras que éramos completamente distintas, este fenómeno siempre me ha sorprendido, pues a lo largo de mi vida nunca tuve una amiga que se me pareciera o tuviera la misma visión de la vida e ideales semejantes a los míos. Ella estudiaba en el Liceo Francés y como sus padres no solían practicar la religión Any tampoco compartía conmigo esa práctica, lo que no impedía para nada nuestra gran unión.

Cuando abandonamos la casa de Jorge Juán nuestra amistad fue poco a poco enfriándose, aunque nos veíamos de vez en cuando y siempre nos felicitábamos por nuestro cumpleaños. Asistí a su boda en la que ella, desde niña, tenía pensado el Vals del Emperador como apertura del baile y así se realizó. A mí me gustaba más el Danubio Azul, pero me quedé sin ninguno al decidir una boda corta para salir esa misma noche de viaje en tren hacia Barcelona y aguardar allí el barco a Baleares.


En otro post, concretamente en el de "Un amigo como aquel" ya he narrado como fue nuestro cambio de vivienda a la calle O'Donnell por lo que ahora no lo voy a repetir. Simplemente decir que sucedió en 1950, cuando estaba apunto de cumplir 15 años, precisamente en ese cambio conocí a mi amigo, vecino también, con el que hablaba en las noches de balcón a balcón y que siendo chico fue sustituyendo a mi amiga entrañable.


En esta fotografía puede verse en lo que se convirtió nuestra casa de la posguerra: "Academía Goyo", famosa en la Universidad Complutense de la calle de San Bernardo, por aquel slogan que inventaron los propios alumnos:

"El muerto al hoyo y el vivo al Goyo", el hoyo eran los suspensos de nuestro profesor de Teoría Económica, don José Castañeda del que ya he hablado ampliamente y Goyo, por supuesto mi padre, sin cuyas clases particulares pocos economistas de aquella época hubieran terminado la carrera, algunos, entre otros, tan famosos como Isidoro Alvarez dueño del Corte Inglés, Alfonso Rojo exgobernador del banco de España y por supuesto mi compañero y amigo, Ramón Tamames hoy considerado ilustre economista.



La foto que encabeza este post sobre la casa de la posguerra, era la segunda de familia numerosa realizada mientras vivíamos en ella y la que aparece a continuación, fue la primera hecha en el cuarto de estar de la calle O'Donnell. En ella un elemento de tortura inustituible, para mí que no para ningun otro de mis cinco hermanos, chicas incluídas, la pizarra donde mi padre nos explicaba las matemáticas.



Para terminar, añadir que en la estrechez de aquella vivienda fuimos todos inmensamente felices. Mi madre, Puri para los amigos y familia, poco antes de morir confesaba que en aquel hogar pasó los años más felices de su vida, con restricciones de agua y luz, con las cartillas de racionamiento para comprar el pan, con la escasez de aceite, con las legumbres plagadas de bichos que entre ella y Goya iban expurgando una a una, con los lavados en la tabla de madera que se colocaba en el fregadero, con los circuitos que mis hermanos pintaban en el suelo del pasillo con una tiza, para jugar a las carreras de chapas o al futbol y con ese largo etcétera de privaciones que formó parte de una infancia relajada y alegre, en la que los niños vivíamos ajenos a lo que sucedía a nuestro alrededor, sin radio, sin televisor...Nuestro mejor regalo eran aquellos tebeos que nuestros padres nos pasaban por debajo de la puerta de la calle, cuando volvían de Misa cada domingo:
El Guerrero del Antifaz (mi preferido) Roberto y Pedrín, El Hombre Enmascarado , Chicas, para mí que me gustaban más los de mis hermanos... Aseguraban nuestros progenitores que ellos no los compraban, sino que era una mano misteriosa la que cada semana nos traía esa sorpresa. Dichosos y confiados, simplemente con lo necesario para vivir y formarnos en buenos colegios, gracias a la generosidad de mis padres que debieron privarse de muchas necesidades.

Y con la seguridad más absoluta de que España y los españoles éramos lo mejor del mundo.

13 mayo, 2009

UNA CASA DE LA POSGUERRA _I


No recuerdo exactamente cuando comenzamos a vivir en ella. El alcance de mi memoria se proyecta en tiempo pasado hacía los cinco o seis años de vida. En otro blog ya he contado que nací en un Madrid de pricipios de la Guerra civil, concretamente el 27 de noviembre de 1936, día de La Milagrosa por lo que en el Bautismo, a manos de mi padre por la persecución contra todo acto religioso durante la contienda por parte de los comunistas, socialistas, republicanos, llámense como se quiera..., me pusieron ese bendito nombre. Siete días antes José Antonio Primo Rivera, fundador de la Falange, cayó fusilado en la carcel de Alicante.



Mi nacimiento no fue en la vivienda de la que voy a hablar, sino en la calle Antonio Acuña, en un edificio cercano a la salida lateral del cine Tívoli, ya desaparecido y donde dieciocho años más tarde recibí la primera declaración formal del que sigue siendo mi marido, por la Gracia de Dios. Este hogar era el de mi tía Nisia, hermana de mi madre, al que tuvieron que acogerse por haber sido su casa de la calle Ferraz bombardeada, donde, como escribí en otra entrada, perdieron casi todas sus pertenencias de recien casados. Nisia era una de las cinco hermanas de mi madre, cuyo verdadero nombre, por aquella costumbre de bautizar a los hijos con el santo del día, era Dionisia estaba casada con Alfonso Manso, padres de mi prima Sara. Alfonso tenía un título nobiliario del que en estos momentos no recuerdo su denominación, pero sí que el escudo era la imagen de dos machos cabríos enzarzados por los cuernos, algo que siempre, a mis hermanos y a mí, nos hizo mucha gracia.
Por referencias maternas sé que de aquella casa pasamos a vivir a la de mi abuela Elisa, pero no conozco el tiempo que permanecimos allí, debió de ser hasta el final de la guerra, cuando yo había cumplido ya los tres años.

La casa de la posguerra estaba situada en la calle Jorge Juan 76 y era un primer piso interior que daba a un patio abierto por donde entraba el Sol y la luz como en los exteriores. Mis primeros recuerdos en él son de enfermedad continua de amígdalas por lo que siempre permanecía en la cama que era como entonces se curaban las enfermedades, más aquellos toques horrorosos en la garganta con un algodon impregnado en yodo o algo parecido. Para mis hermanos, en principio sólo éramos cuatro entre los cuales yo la única niña dueña y señora de todos los mimos, encontrarme levantada cuando regresaban del colegio era una auténtica sorpresa. Tengo una imagen grabada, de risas y algarabía de un día en el que me sentó mi madre en un sillón de paja detrás de la puerta de la cocina para que ellos me descubrieran al llegar. El calor que desprendía aquel fogón de carbón era en verdad un auténtico refugio. Efectivamente fue un verdadero jolgorio cuando ellos me vieron allí.



Al poco tiempo de este suceso que por minúsculo no debía ni recordar, nos operaron de la garganta a mi hermano Goyo y a mí, de aquella manera en vivo que era costumbre y con la que quedabas traumatizada para el resto de la infancia. Mi hermano, más estoico que yo, soportó con valentía aquel asalto, mientras que mis gritos debieron oirse en el todo Madrid. Luego venían los regalos para compensarte y entretenerte durante la convalecencia. A mí: muñeca y cacharritos de cocina y a Goyito una preciosa plaza de toros, con toreros y morlaco, que él y yo aún recordamos y con la que jugábamos los dos. Construída con todo detalle por un compañero de mi padre, funcionario como él de la Diputación Provincial madrileña, cuyo apellido, por el que siempre le nombrábamos, era Nebó.

Por el motivo de mi constante enfermedad no entré en el colegio hasta los nueve años y fue mi padre quien me enseñó a leer y los prmeros conocimientos de aritmética para, en 1945, incorporarme al Real Colegio de Nuestra Señora de Loreto, de la calle O'Donnell. Allí me matricularon para el preparatorio de ingreso al Bachillerato y realizar mi Primera Comunión.


Esta es la foto de menor edad que conservo. El vestido era de piqué blanco, con bordados en azul marino. Me acuerdo mucho de ese vestido que me encantaba













Mi primera Comunión,en el patio del colegio. 27 de mayo de 1945, día de la Santísima Trinidad.
Recibimos el sagrado Cuerpo de Cristo de manos del Nuncio de su Santidad Monseñor Cicognani



Típica foto de colegiala de aquellos años.














Como me estoy desviando de la idea inicial que era la de explicar como era aquella casa de la posguerra española en la que vivimos hasta el año 1950, retomo la narración.

Sobre la calle de Jorge Juán ya he escrito en el post de la Irunada I, contando todo lo que de ella recuerdo, por lo que ahora me voy a centrar en la vivienda.
Situada en el número 76 de dicha calle, el piso era lo que antes se llamaba entresuelo, ahora sería un primero. En la puerta frente a la nuestra vivía Manuel Pérez, un sastre muy agradable que así se anunciaba en el balcón con un gran cartelón. Años más tarde, cuando la casa se transformó en la Academia de mi padre, tuvo él un alumno con el mismo nombre, lo que era un motivo constante de tomadura de pelo entre el resto de compañeros.


La puerta de la vivienda era de madera obscura con un enrejado de hierro forjado y cristal que se abría por dentro como mirilla, pero de un tamaño tan grande que cualquier extraño hubiera podido meter un brazo para atacarte. Cómo sería que fue motivo de mis pesadillas durante años y años, pasada ya la adolescencia y parte de la juventud. La entrada era amplia, casi como una de las habitaciones, y en ella, cuando pasaron los primeros años de precariedad, mis padres instalaron una especie de cuarto de estar con dos butacas de tipo colonial, una de las cuales aún conservo yo y un mueble librería que también ha pasado a ser de mi propiedad. Al fondo se encontraba una caldera de la que salían todas las tuberías por las que se transmitía el calor al resto de la casa. Se alimentaba de leña y carbón, pero no se mantenía muchas horas encendida por el gasto que aquello suponía. Mis hermanas y yo, cuando ya habían nacido Mary Carmen y Ana Mary, solíamos sentarnos en el suelo, al lado de la criada que nos enseñaba a hacer jersecitos de punto para las muñecas. Pero lo que más me gustaba era abrir la puertecita de la caldera y arrojar entre las llamas la piel de las naranjas Wasing con aquel olor tan especial que aún retengo en mi olfato. La piel chisporreteaba entre el fuego y su aroma se extendía por toda la casa. Esta es una imagen que permanece unida a aquellos años que dicen fue de extremada penuria, pero que los niños no fuimos nunca conscientes de ello y sólo ahora te das cuenta, simplemente por comparación con el nivel de vida que se ha ido adquiriendo. Esto es algo que siempre me ha indignado porque se tiene la mala costumbre de evocar aquella época desde el prisma de la actual y todo aparece entonces como lúgubre, tenebroso y carente de alegría, sin embargo, no es así como yo lo memorizo.



las dos habitaciones más amplias de la casa, en contraposición a las construcciones modernas, eran la cocina y el cuarto de baño.
El suelo de toda la vivienda, de baldosas oscuras en tono granate con un dibujo blanco como de flores o motivos tipo romanos. El pasillo corto y en ángulo, daba de frente al comedor y a la derecha a la cocina, baño y una habitación. Por el comedor se pasaba a dos dormitorios uno de frente y otro a la derecha. Todas eran habitaciones cuadradas y de tamaño mediano, tal vez grande en comparación con la mayoría de las actuales.

CONTINUARÁ

20 abril, 2009

MI PROFESOR DE ECONOMETRÍA




Quedan aún algunos ilustres profesores de la Facultad, sin traerlos a esta especie de memorial universitario, como el vital y divertido Cepero cuyas clases de Sociología resultaban tan atractivas, profesor ayudante del catedrático Elisarrague, alumno éste en su día del maestro Ortega como él tan a menudo lo invocaba, trayéndole con constancia a sus clases viniera o no viniera al caso. Al mencionarlo se levantaba de la silla y exclamaba, haciendo una inclinación de cabeza: "El Maestro". Nunca se me borrará de la memoria este simbolismo que hablaba por si solo. Pero entre todos los que recuerdo y todavía no he rendido homenaje quedan dos con los que me siento en deuda: Juán Velarde, ayudante de Jose Luís Sanpedro, catedrático de Estructura Económica I y II, de los que en ocasiones si he hecho alguna mención. De manera muy destacada por su personalidad y por el grado de amistad que le unía con mi familia, figura: Angel Alcaide Inchausti.


Fallecido en 1996, al evocarle ahora vuelve a mí su imagen inconfundible, de pelo negro, abundante y alborotado, su inseparable bigote y su eterno cigarrillo en la mano izquierda. Reunía en sí mismo todos los cánones del sabio distraído. Algo que nadie se ha molestado en averiguar es: si esas personas son distraídos por sabios o más bien son sabios por distraídos a todo lo que para los demás nos resulta imprescindible y para ellos es puramente banal. Angel, ciertamente era la sabiduría en cuanto a la asignatura de su cátedra, en aquellos años donde nadie definía con acierto en qué consistía la Econometría.


Había nacido en Hinojosa del Duque (Córdoba) el 16 de Agosto de 1918, padre de familia numerosa, siete hijos y hermano de otro célebre Alcaide, Julio quien, antes de despuntar como acreditado estadístico español, fue famoso por sus dieciocho hijos que le hicieron acreedor al premio de natalidad con el que por entonces, se honraba y apoyaba a las familias más numerosas de España, a las que se les reconocía sus méritos con el regalo de un chalet o un piso de proporciones acordes al número de hijos.

Angel, licenciado en ciencias Exactas por la Universidad de Madrid (1940), obtuvo más tarde la licenciatura en Ciencias Económicas, cuando se implantaron estos estudios en España, al mismo tiempo que mi padre por lo que surgió entre ellos una amistad inseparable que no se rompería hasta el fallecimiento de Goyo (mi padre) en 1996, pocos meses después fallecería también este insólito y gran introductor de la Econometría en España. Para nosotros era de esos amigos que no precisan invitación para acudir a la casa.

Fotografía del catedrático ya en avanzada edad que toda su vida dedicó a la docencia e investigación. Hasta casi el final de sus días desarrolló su actividad docente en la universidad a distancia (UNED), donde ejerció de profesor en las áreas de Matemáticas, Estadística, Econometría y Modelos econométricos.



Profesó también la enseñanza en la Escuela de Estadística de la Universidad Complutense de Madrid, impartiendo distintas asignaturas como: Matemáticas de grado superior, Estadística, Econometría...etc...

Fue condecorado con la Cruz del Mérito Aeronáutico al dirigir un seminario sobre Aplicaciones del modelo de Leontief a problemas militares.

Una anécdota que define sus rasgos de sabio abstraído en pensamientos y enseñanzas, era aquel despiste al que con frecuencia nos tenía acostumbrados, parece que de nuevo le veo desde aquellos últimos bancos del aula escalonada, en los que me gustaba acoplarme para dificultar la salida a la pizarra. Con la tiza en la mano derecha y el cigarro en la izquierda iba llenando aquel encerado enorme con signos y números que nadie entendía, para más tarde dar unas explicaciones que en verdad seguíamos sin entender. Pero era tal su abstracción que a medida que se veía obligado a agacharse para rellenar la parte baja de la pizarra, el cigarrillo se consumía entre sus dedos y, sin percatarse que aquella había llegado a su fin, continuaba escribiendo en la misma pared, con el cigarrillo brincándole entre las manos antes de caer al suelo, lo que provocaba un descarado jolgorio entre el alumnado.

Sus escritos son abundantes destacando entre ellos:
Lecciones de Econometría y Métodos Estadísticos (1966)Estadística Económica (1973)

Matemática Moderna para Economistas (1973)

Cálculo Infinitesimal para Economistas (1980)

Curso Elemental de Econometría (1982)


Fotografía familiar donde aparece el matrimonio Alcaide con mis padres y unos amigos. Angel destaca por su bigote, a su izquierda mis padres. La foto esta muy deteriorada, pero el destrozo de la cara de mi madre fue obra de ella que, cuando no se gustaba en alguna fotografía, para no romperla por completo ararañaba o tachaba su imagen. Sin duda las mujeres más guapas, y mi madre lo era, no pueden tolerar que los fotográfos no las saquen favorecidas. Yo no he heredado esa costumbre materna, cuando no me gusto en una foto me aguanto y la hago pedacitos, algo que sucede con frecuencia.


Para mí el examen de Econometría no tuvo dificultad alguna ya que Angel delegó las preguntas orales y de pizarra en su profesor ayudante, el célebre Pacho de las clases particulares de Estadística.

Sin embargo, algo más accidentada fue la prueba por la que tuvo que pasar mi cuñado Dino, marido de mi hermana Carmina, para
finalizar su carrera. Debió de ser en la tercera convocatoria cuando consiguió aprobar y gracias al empeño de la que entonces era su novia, quien insistía e insistía a nuestro catedrático amigo para que fuera benévolo con su "grifo", como mi padre solía apodar a los novios de sus hijas, algo de lo que nunca supimos el porqué. Angel con todo ese manojo de nervios que le caracterizaba daba vueltas por la tarima diciendo a mi hermana:

_ Mary Carmen que no sabe nada de nada,.

_ Pues yo no me muevo de aquí hasta que le apruebes.

_Que te digo que no sabe.

_ Claro, si no le preguntas los números índices... Tú pregúntale eso y verás como sabe.
Efectivamente los Números Índices resolvieron aquella espinosa cuestión y Dino terminó la carrera de Económicas algo más tarde que mi hermana.

Ese era el grado de amistad que nos unía a toda la familia con Angel Alcaide. En un rincón de la iglesia donde celebramos el funeral de mi padre, perdido entre la multitud de alumnos y amigos que llenaron la vida de Goyo, lloraba a lágrima viva la marcha de su amigo inseparable. Pocos meses después, en otra iglesia, mi hermana y yo despedíamos de la misma forma a esta persona de imborrable recuerdo para nosotros.

13 febrero, 2009

EL VALLE DE LOS CAÍDOS

LA PIEDAD, ESCULTURA EN PIEDRA NEGRA, OBRA DE JUÁN AVALOS



Crucifijo del Altar mayor, esculpido en bronce por Benavides y regalado por él a Franco



Las fotografías y los datos técnicos están tomados de este pequeño libro escrito por el primer Abad del Monasterio de Benedictinos del Valle de los Caídos, don Justo Pérez de Urbel. Editado en 1959 por el Instituto de Estudios Madrileños



FINAL DE MARZO DE 1959
(notas de un diario personal)
Nunca olvidaré la invitación de José Ramón para llevarme al Valle de los Caídos, precisamente unos días antes de la inauguración del mismo. Y con un valor añadido pues estaba muy reciente su ultimatún final y mis calabazas. Tengo que reconocer su nobleza al pasar por encima de ello y darme esa alegría; él sabía mi ilusión por contemplar el Valle. Para mí no es un simple monumento, sino todo un simbolismo de paz y reconciliación.

El lugar donde se encuentra, en plena Sierra de Guadarrama, fue elegido expresa y personalmente por Franco. En la primavera de 1940, él y el héroe del Alcazar de Toledo, general Moscardó, patearon aquellos cerros sin descanso hasta dar con el sitio exacto. Cuelgamuros se llamaba y lo descubrieron desde una cima del Guadarrama que lleva el nombre de ALTAR MAYOR, todo un presagio. La Basílica se edificaría frente a ese altar, en una cima más alta conocida por La Nava.

Fotografía de Franco buscando con los prismáticos el lugar adecuado.


¿Cual es el fin de esta inmensa obra en la que nuestro Caudillo ha volcado tanta dedicación íntima y personal? Leo del folleto de Pérez de Urbel:

"(...) desde allí se levantarán al Cielo, día y noche, oraciones por la prosperidad de España y por los muertos de uno y otro lado de la Guerra Civil (...)"
En la mente y en los planes del artífice de la idea del Monumento figuraban cuatro construcciones :

_La Cruz, monumento a los héroes y mártires

_La Basílica, para encomendar a Dios las almas de los que murieron en la guerra de ambos lados y para implorar las bendiciones del cielo sobre España.

_La Casa de Estudios para seguir el movimiento de la doctrina social en todo el mundo y difundir en España las verdaderas.

_El monasterio, residencia de los monjes benedictinos encargados del culto sagrado y de todo lo concerniente al valle de los Caídos.

También escribe Fray Justo unas palabras muy bonitas hablando del vaticinio de un poeta, Carlos Fernández Saw que a principios del año 1936, aparecía en una antología de poemas editada en Madrid sobre las bellezas de la sierra y el esplendor de los puertos del Guadarrama. Su poema se titulaba: "Poema de las Montañas" y en un subtítulo dice: "Siete Picos: la Cruz soñada":

Yo igualaría, nivelaría
-ya los nivela mi fantasía-
los agríos picos, las recias cumbres de roca brava,
de roca estéril, como la estéril siniestra lava,
y allá, por arte maravillosa, levantaría
sobre las piedras despedazadas del peñascal,
bajo los cielos que son la inagen de lo infinito,
una grandiosa Cruz de granito,
triunfal imagen de la Justicia, de la Clemencia, del Ideal.

¡Perenne faro
que lleva al puerto las tristes naves, si busca amparo
la gran familia de Dios, humana!
La Cruz que es signo de bien, amores,
de sufrimientos, de tolerancia, de caridad.


SECUENCIA DE AQUELLA VISITA

José Ramón me recogió en O'Donnell a las diez de la mañana, ya que la Misa se celebraría a las doce. Lo que no me dijo era que se trataba de una especie de ensayo general de la inauguración del Monumento que tendría lugar el 1 de Abril, ni tampoco que ocuparíamos un lugar preferente en la ceremonía. El resto de privilegiados invitados rebosaban elegancia por los cuatro costados, mientras que yo me había vestido con unos trapillos propios de una excursión: una falda blanca de tablas que me hice, aprovechando el uniforme de verano del colegio, y un jersey turquesa que tejimos entre mi madre y yo. Sin embargo, reconozco que me sentaban bastante bien aunque seguro que escandalizaron al resto de los amigos que esperaban en el coche. Entre ellos una niña nueva, simpática y exuberante, prima de Pablo que acababa de llegar exiliada de la Cuba ocupada por Fidel Castro y que lucía un elegante traje de chaqueta.

Rudimentario plano tomado del citado folleto. En la actualidad con el GPS, no hay problemas


La Misa solemne fue de las que se quedan grabadas en la memoria, plena de emociones. Soy incapaz de describir lo que sentí en el momento de la Consagración, todo el templo quedaba a obscuras mientras una luz tenue iluminaba el Crucifijo del Altar, cuya cruz había sido elaborada con un enebro, cortado por las manos del propio Franco, de los bosques de Valsaín (Segovia). El Rey de los Cielos bajaba al Altar a los acordes del Himno Nacional, (costumbre conservada en España hasta hace unos años para la celebración de Misas solemnes). Por los altavoces, resonaban en toda la explanada las notas vibrantes de nuestro himno.


A continuación almorzamos en la zona de hospedaje. Todos se encontraban muy animados, yo todavía impactada por la Misa no tenía ganas de hablar. Además me encontraba un poco "picada" con la cubana que hacía notar su predilección por José Ramón, pregilección que años después acabó en boda. Esto era algo que no debería importarme, pero las mujeres somos así.

Al comenzar la sobremesa, Ana María, me preguntó:

_Milagros ¿Verdad que José Ramón tiene unos ojos muy bonitos?

Enojada por la pregunta y porque me había llamado Milagros, cuando todos me conocían por Militos, respondí de manera un tanto brusca:

_No lo sé, no me he fijado nunca.

Los comensales de la larga mesa de la hospedería, rieron en pleno y me obligaron a descubrir los citados ojos que , por supuesto, conocía de sobra.

Claustro de la Hospedería.


Por la tarde iniciamos la visita completa a la Basílica y al Monasterio, acompañados de un fraile muy joven amigo de José Ramón. Aún faltaban muchas de las esculturas que más tarde se instalarían en la entrada del templo y en las distintas capillas como las de las patronas de los Ejércitos: La Inmaculada, la Virgen del Carmen, la del Pilar y la De Loreto, así como la Virgen de Africa, patrona de Ceuta, a la que Franco guardaba especial devoción por considerar que había recibido una protección especial suya a la hora de iniciarse el Movimiento y la de la Merced, patrona de los cautivos. Sí estaban las de los Arcángeles, Gabriel. Rafael, Miguel, obra de Avalos y una cuarta escultura que representa a Azrael o ángel de la Muerte, encargado de presentar a Dios las almas de los muertos.

Nos enseñaron el lugar provisional donde se guardaban los restos de los caídos que iban llegando, una cripta pequeña con pequeñas cajas individuales que contenían los huesos de cada uno. En la actualidad creo que son treinta y cinco mil los enterrados en el Valle.


Nos detuvimos con verdadero fervor ante la tumba de José Antonio Primo de Rivera, situada delante del Altar Mayor y detrás del mismo contemplamos la que más tarde albergaría el cuerpo de quien estaba rigiendo el destino de España. ( Sepultura que visitaría años después para depositar en ella flores, lágrimas y oración, cuando todo en mí y en España comenzaba a ser irreconocible).

Más tarde pudimos saludar al prior Don Justo Pérez de Urbel que me causó la impresión de estar ante un hombre santo y sabio. José Ramón y yo conversamos largo tiempo con el joven fraile, amigo suyo que nos contó como era la vida en el monasterio e intentó indagar en mis ideas y pensamientos. LLegando a la conclusión, segun dijo, por mi profundidad que debía haber sufrido mucho, algo de lo que tuve que desengañarle ya que, en mi inconsciencia juvenil, no tenía ni idea en qué consistía el sufrimiento, sino todo lo contrario.

Panorámica de la Cruz.



La Cruz y entrada a la Basílica, con la imagen de la Piedad esculpida por Juán de Avalos en piedra negra.
Únicamente subimos hasta los cuatro Evangelistas que están al pie de la Cruz, ya que no se había construido aún el ascensor interno que sube hasta lo alto.

San Juán Evangelista, al pie de la Cruz, con el águila.



Puerta de acceso a la nave central es de bronce macizo, con un bajo relieve que representa a los doce apóstoles, cada uno con una frase del Credo. En la parte superior aparecen los quince Misterios del Rosario y termina coronada por el Apóstol Santiago.


La reja fue una idea personal del arquitecto Diego Mendez, creador de todo el monumento y realizada por el cerrajero José Espinós.


Nave Central del Templo. A la izquierda del Altar Mayor se encuentra la capilla del Santísimo, cuyo Sagrario es obra de Juán Espinós, realizada en plata y esmaltes. El Altar es una mesa de una sola pieza de granito y coincide con el eje de la Cruz que corona el risco de La Nava.



Detalle de la cúpula en mosaico realizado por Victoriano Pardo



Ya en el exterior la plaza del Monasterio.


Para mí fue uno de esos días que permanecen imborrables en el ámbito sagrado de los recuerdos, puedo reconstruir hasta las conversaciones que mantuvimos. Y a pesar de los años y la vida transcurrida, se encuentra enmarcado en la grandeza de lo absolutamente bello que nadie te puede arrebatar. Por eso resulta incomprensible la insidia que está provocando esta impresionante y monumental obra. Insidia que les lleva a tergiversar hasta las intenciones que motivaron la contrucción del Valle de los Caídos y no cesaran en su empeño de destinar semejante obra de arte a sus propios fines, ajenos al de la piedad, culto a Dios y a los que entregaron sus vidas por España, en ambas posiciones, en la pasada contienda.

A los pocos días de nuestra visita, como ya he mencionado al comenzar este post, el Generalísimo Franco y su esposa Dª Carmen Polo, entrarían bajo palio, privilegio otorgado por su Santidad Pio XII, para la primera Misa oficial en la Basílica del Valle de los Caídos. Fue portada de ABC que aún conservo, en la que aparece mi amigo José Ramón, portando dicho palio, en segunda fila a la izquierda de Franco. Vestido con el hábito de fraile que le prestaron para poder asistir a la ceremonia, ya que no pudo conseguir invitación para la misma. La foto está dedicada con las siguientes palabras de mi amigo:
"Con cariño, como un recuerdo para siempre"
Fue su último recuerdo, pues casados los dos no volvimos a vernos.

Este grandios Monumento que nada tiene que envidiar a otros considerados maravillas del mundo, es inaudito que no sea objeto de orgullo y satisfacción para los españoles, privando a las actuales y venideras generaciones de admirar y comprender el auténtico simbolismo de paz y reconciliación incrustado entre aquellas rocas.
El pequeño libro de Fray Justo Pérez de Urbel, termina con una frase del Génesis:
"Puso Jacob piedras como memorial y dijo: Santo es este lugar y yo no me había dado cuenta de ello."

20 enero, 2009

FINAL DE MEMORIAS DEL TANGO AZUL

Película Carrusell Napolitano que menciono más adelante


Primera foto de novios en el Retiro, cuando les obligaban a vestir de uniforme, también en vacaciones


16-XII-54

Buenas tardes, Virgencina, hoy vengo con el corazón rebosante de júbilo porque ya sabes Tú que he sido muy remala, me he dajado llevar de la pereza y en la camita muy agustito, muy calentita se me paso la hora de Misa.

ACTUAL__2009
Por entonces no había misas por la tarde y las de la mañana solían ser tempranas. El ayuno que se debía seguir para comulgar era desde la noche anterior, no recuerdo si el requisito eran las doce horas, creo que sí. Desde el Vaticano II, 1962 - 65, sólo es una hora lo que debe guardarse de ayuno para comulgar.
_____________________________________________
Es el colmo que yo me porte así contigo precisamente en estos días en que Tú andabas de un lado para otro buscando un albergue donde pasar la noche y dar aluz a tu Hijo. Precisamente en estos días en que yo debía ser mucho más buena para preparar un bonito lecho a tu Niño del alma. Yo quiero que este año viva en mí, pero mucho más agusto que el pasado. Que no encuentre ni una incomodidad ni una molestia, ni frío en invierno, ni calor en verano, ni ambiente cargado, ni mucho menos corrientes. Que todo sea confortable para Él y que se encuentre más feliz que en el hotel Palas. Bueno yo quería decirte que he sido mala, pero que ya confesé, que voy a levantar mi ánimo y mi cuerpo a las 7 de la mañana.
Tú ayúdame, por favor.

Otra cosa, madre mía ¿Te acuerdas de Julio? Porque yo casi me he olvidado de él. Es un cara, hace ya cerca de un mes que no le veo el pelo. Mucho decir, mucho decir y ¡mira!. Más valía que se hubiera callado todo aquello que decía sentir porque "obras son amores y no buenas razones". Pero bueno, allá él, si mintió (no lo creo) él se las componga y si dijo verdad no lo entiendo. En fin Madre nuestra, haz lo que quieras, pero, por favor, que yo sepa algo seguro. Tú no le dejes ni un sólo momento, que sea bueno, que estudie mucho y premiále de algun modo sus esfuerzos.
Bueno ya nada más, voy a estudiar. ¿Por quién? por la cuna del Niño Jesús, por los Misioneros y...por Julio.

24-XII-54

Mi querida Madrecita: quiero darte las gracias por ese Hijo tan maravilloso que en esta noche te ha nacido. Tú que le tienes tan cerca. Tú que hoy con Él conmemoras esta fecha allá en el Cielo, dile muchas cosas de mi parte, dile que aquí tiene una hermanita con la que puede jugar, que le quiere, que se vuelve loca por sus ojos de cielo, que ansía verle pronto, muy pronto. Y luego de haberle repetido mi amor, estréchale muy fuerte contra tu pecho y dile que ese abrazo se lo envía Militos. Y luego, poco a poco, déjame que yo le coja entre mis pobres brazos, déjame que le duerma, que le cante la nana de mi amor. No tengas miedo Madrecita, tendré mucho cuidado con Él para que no caiga. Sabré mecerle dulcemente. Ya verás como cuando sepa hablar te dirá que está agusto con Militos. Conmigo dará sus primeros pasos, me pondré a su lado y despacín, despacín le ayudaré a caminar entre los hombres y cuando haya crecido no me apartaré de su lado para que encuentre en mí su apoyo, un acompañante, una ayuda en su Misión de transformar el mundo.

¿Confías en mí, Madrecita? Yo le amo y por su amor sabré luchar.
Madre mía, al mismo tiempo te pido una buena noche para el Mundo entero. Evita lo pagano en estos días. Haz callar los gritos de escándalo con que las gentes intentan alterar el sueño tranquilo de nuestro Niño. Que todo sea paz y alegría, pero alegría santa como la que reina en estos momentos en mi corazón.

31-XII- 1954

Madre mía, hoy termina el año y no puedo dudarlo, le quiero, quiero a Julio. Es cierto Virgencina. No me abandones Madre querida, ayúdame en todo momento, quiero verle pronto, lo necesito. Y hoy es él mi última oración de este año y la primera del que empieza. Madre, ayúdale mucho, que le salgan bien las cosas, que apruebe y que se acuerde un poco de mí. Esto no quería pedírtelo porque me parece egoismo, por eso haz lo que te parezca bien.

Tengo que pedirte por muchas personas más, por mi familia, amigos, compañeras, pero no tengo humor para nombrarlos uno por uno, por eso te lo pido en general, Bendice Madre lo que siento por Julio y dame un corazón tan puro que encuentre Dios en él siempre una copia del tuyo, aunque sea una mala copia. Que en este nuevo año os sirva mejor que en el anterior y que sea un año feliz, muy feliz para Julio, todo lo feliz que le desea mi corazón.

Actual__2009

El día dos de enero de 1955, mi prima Sara, de la que ya he hablado más veces, nos invitó a mi hermano Goyo y a mí a un cine de la Gran Vía que no recuerdo exactamente cual era. Ya lo había hecho en otras ocasiones. Disfrutaba llevándonos a los estrenos porque sabía que nuestro contacto frecuente con el cine era en los de nuestro barrio:

Alcalá (palacio de las pipas lo llamaban porque era un auténtico concierto de casca pipas lo que se escuchaba durante la proyección de las películas) Narváez donde solíamos ver casi todas las películas de Cantiflas y los Hermanos Marx, las carcajadas de mi hermano Goyito resonaban por encima de las de los demás espectadores. El Tívoli era otro de nuestros preferidos que hasta hace poco se ha defendido con el sistema de Multicines para terminar, segun creo, convertido en supermercado.
Ese día dos de Enero su invitación fue para ver la película Carrusell Napolitano de Sofía Loren. Toda ella era un canto a Nápoles, con las canciones preciosas de aquella tierra italiana: Oh Mary, Oh Sole Mío, Torna Sorrento...

Este video es una muestra de aquella música. cantada hoy por el gran Pavaroti, tristemente desaparecido.

Torna a Sorrento__Pavaroti


La película nos gustó mucho y Sofía Loren estaba impresionante. Al llegar a casa, sobre las diez de la noche, me comunican que Julio me había llamado esa tarde por teléfono. Lo que sentí en aquel momento casi es lo que vuelvo a sentir ahora. No he encontrado nada escrito de ese día, pero recuerdo que me encerré en mi habitación con mis hermanas, a las que llevo seis años a Carmina y ocho a Ana, y lloré de impotencia, desengaño y temor de que no volviera a llamarme. Más de un mes sin verle y sin saber nada de él ¿Quién me mandaría ir al cine aquella tarde?. La noche de desesperanza fue terrible y otra vez el Tango Azul de la añoranza en mis oídos. Sin embargo al día siguiente su llamada colocó los sentimientos en su sitio.


Quedamos en vernos el día 4 de enero de 1955, a las cinco de la tarde. Me pidió ir al cine y no puse pegas como en otras ocasiones. Era tal la angustia que me había producido su desaparición que cedí.
El cine elegido fue el Tívoli y la película Mogambo, con Clark Gable, Ava Gardner y Grace Kelly. Película que a lo largo de nuestra vida matrimonial hemos vuelto a ver repetidas veces.

Fragmento de Mogambo


La película me la aprendí de memoria. Julio estaba muy serio y no hablaba nada. No recuerdo en que momento de la proyección dijo algo que no entendí y tuvo que repetirlo:

_¿Me das la mano?

Mi ingenuidad era tal que pregunté:
_¿Para qué?
_¿Para qué va a ser?
Cuando se la dí, él no se puso de rodillas, pero de una tirada soltó su declaración amorosa, mientras yo agradecía la obscuridad de la sala para que nadie descubriera el rojo que adivinaba en mis mejillas, por el súbito calor que sentía en ellas.

Al llegar a mi casa escribí en el cuaderno:
Mi querida Madrecina: no sé como empezar. Tú ya sabes lo que ha pasado. Con franqueza, yo creo que no está mal porque ha sido la voz del cariño la que unió nuestras manos, por eso; Madre no ha habido falta de pureza, ya que el cariño verdadero necesita algo más palpable que las palabras. Ahora que te prometo que de ahí no pasaremos. Madrecina quiero empeñar mi palabra para comprometerme contigo por entero. Virgencina, ni baile ni nada. Por eso quiero pedirte una ayuda inmensa para no bailar el día 6. (cómo el año anterior mis amigas organizaban el güateque de Reyes que ya lo repetirían año tras año y yo no bailé, a pesar de que el Tango Azul volvía a sonar en el tocadiscos).

5-I-55

Queridos Reyes Magos:

Ya no soy una niña pequeña para escribiros, pero aunque tengo 18 años no quiero dejar de hacerlo este día. Tengo que pediros muchas cosas y no quiero ser ambiciosa. Vosotros miráis mis peticiones y luego me concedéis lo que queráis.

Lo que más interes tengo es esto:

Quiero un corazón nuevo, más grande y más puro, en el que Jesús impere y en el que haya siempre un trozo para Julio. Quiero un aprobado para él, yo os lo pido ahora y vosotros lo reserváis para cuando se examine en Junio. Quiero una felicidad inmensa para mi familia y la familia de Julio, para mis amigas y compañeras, para mis monjas y para todo el mundo. Y luego, puesta a pedir, os pediría algo así como un novio para mi amiga Carmen. Que sea bueno y cómo ella lo quiere, de buena facha y si fuera aviador mejor que mejor.

Bueno ya os voy a dejar porque mi hermana Ana Mary se está despertando por culpa de la luz.

Os quiere y agradece todo de antemano.

Militos

ACTUAL__2009

Los Reyes Magos de ese año me regalaron el aprobado de Julio, pero no el novio aviador para mi amiga.

Termino ya con esta memoria del Tango Azul porque lo que viene a continuación, que también está en los papeles, no me permiten transcribirlo.

Julio ingresó en el verano de 1955 y en Septiembre se incorporó a la Escuela Naval Militar para realizar su carrera de Infantería de Marina. Yo en octubre me matriculé en la Universidad. Mantuvimos un noviazgo de cinco años por carta, casi a diario. En las vacaciones parecíamos dos extraños, a pesar de todo lo que nos decíamos por escrito y cuando comenzábamos a acoplarnos uno al otro, él tenía que regresar a la Escuela. A pesar de las separaciones logramos superar etapas, algunas tan duras como los seis meses de su viaje en el Buque Escuela Elcano hacía el otro lado del Atlántico. Elcano, con todo lo que tiene de romántico, era una prueba de fuego no sólo para los guardiamarinas por las largas travesías a bordo de un velero poco acondicionado para meses enteros de navegación, sino también para las novias dejadas en puerto. Cuando embarcaron, casi la totalidad de la promoción tenían novia y a su regreso únicamente tres o cuatro fuimos fieles al noviazgo.

Nosotros nos casamos a los veinte días de finalizar su carrera, el 5 de Agosto de 1960. Dejo algunas fotos de ese día. Antes quiero aclarar que, aún hoy, a dos años vista de nuestras bodas de oro, me pregunto el motivo que hizo del Tango Azul la melodía de nuestra vida. En realidad lo que representaba era un verano de desilusión y ausencia total de noticias del primer y único amor de mi vida. Tal vez aquella ausencia y aquel desconsuelo fue lo que me enamoró tan perdídamente.


Así sonaba el Tango Azul en el PIK-UP (tocadiscos) de entonces
Tango azul por Ray Martín




Fotografías de la Boda

Con los nervios se me olvidó cubrir el rostro con el velo, como era costumbre hasta que se iniciaba la ceremonia. Al entrar en la Capilla todo fueron cuchicheos por semejante desatino.

Entrada en la capilla del Estado Mayor del Ejército, en la calle de Santa Cruz de Marcenado.

Del brazo de mi padre


Entonces todo era improvisado, menos el noviazgo que duró cinco años de Escuela Naval Militar. Ahora la ceremonia se cuida más en lo externo, ensayos, flores en abundancia, protocolo y dinero, mucho dinero en festejos. Con tanta parafernalia ¿Cómo hay matrimonios que duran tan poco
Con cara de no enterarnos de nada



Contrato para toda la vida



Del brazo de Julio