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13 enero, 2013

VERANOS DE MI NIÑEZ, CANDÁS




 Cuando la inspiración se permite el lujo de irse de vacaciones,  lo mejor es echar mano de los recuerdos y éstos me llevan hoy a un pueblecito de la costa asturiana, Candás.

En este mapa se puede ver su situación

 
Sólo pasamos un verano en él y yo no había cumplido aún los quince años. Lástima que por entonces no era aficionada a la fotografía, pues me hubiera gustado poder testimoniar gráficamente la abismal diferencia entre el lugar de mis recuerdos y el que hoy encontré en internet. Las únicas actividades del pueblo eran la pesquera y conservera; todo transcurría entre el zarpar y atracar de los grandes y pequeños navíos de pesca.

En primera línea de aquella playa, casi solitaria, que pisarla daba reparo, como si fueras a mancillar la finísima y pálida arena con tus huellas, se levantan en la actualidad un alto hotel y numerosos edificios que han roto la armonía y el silencio de otro tiempo. Aún así, Candás sigue siendo hermoso a pesar del turismo que ha buscado aposento junto a sus aguas.




 
 
Cuando mi familia y yo, arribamos a Candás, y digo arribar porque, segun recuerdo, la única manera de llegar era por medio de embarcaciones desde Gijón, en el muelle atracaban sólo los pesqueros, mientras que ahora aparece repleto de navíos europeos, contando además con nuevas y atractivas actividades, tales como las que se imparten en una Escuela de Surf.



Y son ya famosas las regatas organizadas por el Club Naútico que cuenta con 500 socios.



Por lo que he podido comprobar se mantienen también algunas actividades tradicionales como las Romerías, el Festival de la Sardina y concursos de bandas de gaitas. Sin embargo, todo lo que yo presencié guardaba ese encanto de lo íntimo y familiar imposible de preservar cuando   la masificación se adueña del terreno.
Una muestra de la pintura que en la actualidad se realiza en plena calle.







Fotografía aérea de este bello rincón de Candás





 
Pero hay que reconocer que se ha sabido conservar algunos espacios realmente bellos como los que muestran estas fotografías











La playa en la actualidad







En principio, nuestra llegada no fue muy afortunada, ya que mi madre al saltar a tierra, tuvo la mala suerte de torcerse un tobillo y en consecuencia, no se libró de un esguince que le duró unos quince días, con lo que se vio obligada a mantenerse inactiva durante la mitad del tiempo que disfrutaríamos de tan bello lugar.
 
Entre lo que en este instante memorizo se encuentra una gran fábrica de conservas, de la que salía un bonito asalmonado de una pureza natural que ha sido imposible volver a saborear en ningun otro sitio. Con generosos bocadillos de aquella fina y suave conserva merendábamos a diario los seis hermanos.
 
 
La industria conservera hoy  ha multiplicado y adquirido un desarrollo  de manera considerable, celebrándose   en el año 2007  en Candás la dieciocho edición de la Feria de Conservas, cuyo cartel se puede contemplar:




 
 
Nuestro verano fue algo parecido al de aquella famosa pandilla de la serie, mil veces repuesta, "VERANO AZUL," aunque no solíamos gozar de  aventuras  tan emocionantes como los protagonistas de la misma, algo que nos hubiera encantado.
 
 La playa recogida, silenciosa y toda para nosotros. Lo único que detestaba era el bañador que me había confeccionado la modista de la familia, de piqué blanco, grueso y tieso, con una faldita que me llegaba casi a media pierna. ¿Puede alguien imaginarse lo antiestético que resultaba para alguien próxima a los quince años? Mi madre era así, siempre dedicada a sus retoños nunca se percató de como la segunda de sus hijos iba creciendo y desarrollándose, tuvo que ser mi tía Josefina que vivía en Oviedo y con frecuencia nos visitaba en Candás, la que se lo hiciera notar. Por eso no me gustaba bañarme en aquellas aguas azules, brillantes en mi recuerdo.
 Por eso y porque dos chicos, mayores que yo, no me quitaban ojo cada mañana, con el agravante de que un día los descubrí pegados al cristal de mi dormitorio cuando me preparaba para dormir. Como ellos solían también bañarse en la misma playa, sentía una vergüenza irreparable que ninguno de mis hermanos podía comprender y yo era incapaz de contar a nadie, siendo ésta, segun creo,    la primera vez que lo revelo. Es curioso, cómo  detalles de otros tiempos que ahora nos parecen insignificantes se quedan almacenados para siempre en la buhardilla de la memoria para saltar al presente en cualquier momento, como si fueran hechos destacados  en nuestra aventura vital .
 
La vivienda era un bajo con balcones a la calle. Al final nos hicimos amigos, uno se llamaba Luis, pero no llegué a encajar con ellos porque a mis años me encontraba  más cerca todavía de jugar con muñecas que con muñecos de carne y hueso.

los dos elementos de Candás que más huella dejaron en mi fueron: el Faro y el Cristo.
 Creo que aquel faro, contruido en 1904 y sin llegar a funcionar hasta 1917, por la imposibilidad de edificar una vivienda para el farero en aquella intrincada Peña de los Ángeles, ha sido el causante de mi enamoramiento de tantos y tantos focos de luz que alumbran las noches de todos los mares del mundo. De lejos ¡cuántas historias inventabe mi mente adolescente! De aquella contemplación surgió una nostálgica querencia y si no tuviera responsabilidades familiares, gustosa terminaría mis días de farera en cualquier lugar del mundo. ¡¡ Y la velocidad que debe adquirir internet en aquellas alturas!!


 
 
El otro elemento es mucho más sublime. El Cristo de Candás se encuentra en la Iglesia de San Felix. Algo que llama la atención es que, por más remoto que fuera un pueblo en España, la construcción de sus templos eran verdaderas obras de arte arquitectónico. Debemos reconocer cómo los hombres de otra época sabían "dar a Dios lo que es de Dios"...


 
 
Casi todas las mañanas me levantaba muy temprano para asistir a la unica misa que se celebraba en San Felix. La Iglesia primitiva fue edificada en el siglo X y desde el XVI alberga el Santuario del Cristo de Candás. Se trata de una talla encontrada en aguas de Irlanda por los pescadores de esta localidad asturiana. En dicho siglo se instaló la imagen en el camarín del retablo, al que se llega por una escalera de caracol que los devotos acostumbraban a subir de rodillas como símbolo de penitencia. La imagen, junto con la iglesia fue quemada, como tantas otras, en la Guerra Civil, siendo reproducida aquella en Santiago de Compostela y la Iglesia restaurada. En ella se conserva una capilla del siglo XVIII, detrás del Altar Mayor, que milagrosamente se salvó de la quema.


El retablo, del siglo XVIII, es de estilo churrigueresco y fue obra de Estéban Fernández Pendones.
Yo también ascendía por aquella escalera de caracol, aunque no de rodillas, para acercarme al Cristo de Candás. Ante Él me arrodillaba y lloraba sin saber por qué. Pedía por todo el mundo, costumbre que tengo desde niña, también por mis luchas de adolescente y por algo que ahora parece una insignificancia, pero que entonces me dejó una huella profunda. El año anterior, un sacerdote en Oviedo, donde pasé el verano con mis primos, al acercarnos a besarle la mano como era costumbre hacer en señal de respeto porque en ellos se reconocía la figura de Jesucristo, me preguntó la edad que tenía y al decírle que trece años, añadió que pediría por mi para que, pasados diez años, me mantuviera igual que en aquel momento.



Las fiestas del Santísimo Cristo de Candás se celebran en Septiembre .
No sé si algun día volveré a aquel lugar entrañable que durante mucho tiempo fue el pueblo de mis amores, pero estoy convencida que, aunque el turismo haya perturbado su paz, sigue siendo un pueblo hermoso que merece la pena conocer. Y si alguno de los amigos que se acercan a este blog, decide visitarlo, recomiendo que no deje de subir aquella escalera de caracol hasta la imagen del Cristo, al que llaman también de los Marineros, para depositar en sus pies un beso de amor que sé, lo sé con certeza, llegará hasta la derecha del Padre.


LAS FOTOGRAFÍAS SON TODAS DE GOOGLE

4 comentarios:

María del Carmen García Lombardía dijo...

Has explicado fantásticamente tla viaje.

Las fotos impecables.

He viajado en He estado un tiempo ausente de este medio, el cuál retome, por ende vengo dejarte mi
agradecimienro por tus decires y visitas a mis blogs.

En virtud de tal te invito a pasar por ellos y retirar lo dejado como detalles para que lo lleves a tu casa.

dejo ante las orillas de tu ser
aires frescos de vida,
un manojito de lavandas,
junto a un mate amigo
y mi cariño.

Tuya
María del Carmen

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esta tarde porteña sin saberlo y lo he pasado de maravilla con tus comentarios.

Gracias por ello.

Mabel Domínguez dijo...

Maravilloso lugar; se ve que a pesar del tiempo recuerdas ese paseo en familia como si fuera hoy. Las fotos son preciosas. Un abrazo

sabores compartidos dijo...

Si es ciertamente un bello pueblo que nosotros recorrimos hace unos años de las muchisimas veces que vamos por Asturias, practicamente cada verano, y pudimos pasear por esa bonita playa y por el siguiente pueblo que creo recordar que es Perlora.
Recuerdo que conpramos unas riquisimas pastas llamads Candasinas que estaban mazo buenas.
Bonito este post Militos y por aqui me quedo esperando que vuelvas por mi blog donde siempre seras bien recibida.
unos besotessssssssssssssss

CB dijo...

Querida farera Militos, la inspiración no se te fue de vacaciones, creo que es la que se puso a echar mano de tus recuerdos.

Unos recuerdos emocionantes, y en algunos pasajes, aunque no tengan por qué, muy coincidentes. No en los detalles (no el mismo Cristo, no el mismo faro...)sino en lo hondo.

Iré a Candás y subiré esa escalera. Gracias por tu visita, me alegro de haberte encontrado

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