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20 mayo, 2006

el sentimiento de Dios


"Lo malo de la vejez es, que se es jóven"
El retrato de Dorian Gray
Al cabo de los años he reflexionado con calma a cerca del sentimiento de Dios. Las conclusiones a las que voy llegando, inacabables por supuesto, son: por un lado, la gratuidad y por otro, la donación personal e intransferible;algo que no todos pueden experimentar.
Estas consideraciones vienen a dar al traste con mis suposiciones anteriores, cuando achacaba la ausencia de esa certera percepción divina, a una culpabilidad personal. Cuando hablo de la ausencia de sentimiento, no me estoy refiriendo a periodos de crisis, más o menos largos, de sequedad espiritual. Pasar tales crisis, supone ya un sentimiento de Dios, en el que estas llorando su ausencia.
Debo reconocer que la mayoría de los enfrentamientos con algunos de mis hijos han sido culpa mía, por deducir, erróneamente, que el hecho de no compartir mis ideas lo originaba un mal comportamiento o su propia indiferencia.
Un principio de madurez me lleva hoy a confesar mi equivocación.
Dios da lo que quiere, a quien quiere y en la medida y manera que quiere. Sin que esto suponga ningún grado de preferencia, ni diferencia de clases,ni de amor. Simplemente, en su infinitud, reparte sus dones según sus deseos. Por eso, a la hora de rendir cuentas, a la hora de la Justicia, será la gran sorpresa porque también recogerá resultados según sus deseos.
Es este un don que no depende, ni siquiera, de nuestra correspondencia. Puede que ella influya en el aumento o disminución de ese conocimiento de Dios. Pero inicialmente lo posees o no por pura decisión divina. Es una gracia y al mismo tiempo una carga porque te impide hasta pensar en hacer algo gustoso que contrarie ese hondo sentimiento que, sin tú solicitarlo, llevas dentro de tí. Por otro lado, el hecho de poseer esa intuitiva percepción de Dios, ni siquiera es garantía de salvación.
Cuando hablo de sentimiento, no me refiero a un sentir sensiblemente, sino al conocimiento de una realidad palpable, incoada en el fondo del alma y del vivir que tu llamas Dios y que es Dios.
Admito que puedo estar equivocada, nadie me ha confirmado que lo que ahora pienso a cerca de esto sea la verdad, Simplemente lo he deducido por mi propia experiencia y por detectarlo, a lo largo de la vida, en otras personas.
Y, para terminar esta disertación filosofo - teológica, quiero añadir que, sobre todo, es una Gracia. No hay nada comparable a esa certeza de que,pase lo que pase, estés donde estés, te digan lo que te digan, te hagan lo que te hagan e incluso, hagas tú lo que hagas esa Presencia, aunque te rodee la soledad, nunca te deja sola.

1 comentario:

Pepe dijo...

Profunda y bella reflexión.

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