AMIGOS

14 mayo, 2008

DE CATEDRATICOS Y PROFESORES

Como no encontré ninguna foto del catedrático, Leopoldo Zumalacárregui, he elegido ésta para ilustrar el relato porque el general carlista fue ascendiente suyo.



Para compensar los bigotes del general, esta foto que me hizo un compañero en la Plaza de España, donde nos aireábamos de las clases, cerca de la Facultad

Leopoldo Zumalacárregui, uno de los fundadores de la carrera de Económicas, fue nuestro catedrático de Historia Económica. Sus clases muy amenas ya que el profesor era una enciclopedia cultural. Excesivamene educado, detallista, elegante y serio. Gran amigo también de mi padre al que a menudo le recomendaba algun alumno para que le incluyera en sus clases, entre ellos a Jose Ramón, el de mis primeros post, titulado SIEMPRE, con final novelado porque no fue verdad que la protagonista del relato regresara a reclamar ese siempre. La realidad es que, ya casada, no volvieron a verse nunca más.

Cuando los alumnos llegaban a la Academía con recomendación era porque lo que había sido nuestro hogar ya no daba más de sí. A parte de la Teoria Económica, se impartían clases de Matemáticas y Estadística en las que colaboraba mi hermano, a punto de terminar su carrera de Ingeniero de Minas. Por cierto, tenía a sus alumnas totalmente enamoradas de él. A pesar de los gritos y de las cosas que las decía cuando no contestaban a alguna pregunta: "pero tú que vienes tan arregladita a las 8 de la mañana... que la cabeza sirve para algo más que para peinarse" ....Bueno y la que se armó en su clase el día que explicaba unos problemas en la pizarra en los que intervenía la letra griega "tita"(así la llamábamos en el colegio) y una de sus alumnas dijo: Goyito, por favor, no corras tanto que me falta una "teta".... , pobre alumna y precisamente era la más colada por mi hermano.
Me viene ahora una anécdota ocurrida, poco antes de que llegara mi padre para impartir su clase de rigor. Como me incorporó al último grupo del día, para que al terminar volviera a casa con él, pasando antes por la Maja de Goya como ya conté anteriormente, no había ninguna otra chica. h Demasiado tarde para la mujer decente de finales de los cincuenta. También es verdad, que seguía escaseando el alumnado femenino. No tardaría mucho en solucionarse esta situación ya que cuando comenzó Económicas mi hermana Carmina, unos seis años más tarde, la balanza de género estaría más equilibrada. Tomás andaba tonteando como de costumbre. Teníamos mucha confianza porque su hermana Pili también había pasado por Jorge Juan y mi padre los trataba como de la familia, claro que eso hacía con la totalidad de sus alumnos. Tomás era de Ponferrada donde su familia tenía unas minas de carbón, a las que no le apetecía para nada regresar ni como economista ni como nada. Inevitablemente así lo haría. Para que me dejara en paz de una vez le dije:

_"Pues que sepas que en ese mismo lugar donde estás sentado, tenía yo mi cama". ¡Menuda ocurrencia!."
Dió un brusco salto y comenzó a besar el suelo, los demás iniciaron idéntica maniobra con una desorbitada juerga, hasta que de improviso apareció mi padre y me sacó a la pizarra.
¿Por qué pensaría que la culpa era mía?. Aquel día estuve más torpe que nunca y nuestro profeso, enfadadísimo, me mandó sentar. _"Tú es que quieres aprender la asignatura de oido. ¿No?", me dijo, y a lo mejor tenía razón. No recuerdo si me caería alguno de sus epítetos favoritos: alcornoque, merluzo no, por ser masculino y la merluza era demasiado apreciada por su paladar para emplearla como fustigación del alumnado.

Siguiendo con la Historia Económica, Zumalacárregui tenía la mala costumbre de examinarnos oral. La asignatura se cursaba en primero, cuando todavía no habíamos adquirido esa capa de inmunidad que te aporta el suficiente desparpajo para enfrentarte a semejante trauma. Recuérdese que la confrontación con Castañeda no tenía lugar hasta el segundo curso. Antes de Navidad nos hizo pasar por un parcial escudriñador que muy pocos aprobaron. Yo tampoco, con lo que ya no te podías presentar al segundo y quedaba la asignatura entera para final de curso.

Tampoco era de su agrado que nos aprendiéramos los temas de memoria. Una de sus frases favoritas, que a mí me gustó particularmente:


" La cultura para un universitario es lo que le queda después de haberlo olvidado todo".
También solía decir que lo importante es el poso que deja el haber pasado por la Universidad. No la carrera que hayas estudiado ni las notas sacadas, porque el día de mañana, si hay una guerra, el único que sabrá dar con exactitud los mensajes al capitán será el universitario. Ahí le delataba su parentesco con el general. A mí estas ideas me gustaban particularmente. Las notas en sí mismas no sabía apreciarlas en todo su valor promocional.
He de reconocer, como ya he dicho en otra ocasión, que estaba en aquellas aulas, empinadas y de gran solera, por voluntad de mi progenitor que fue un adelantado a su tiempo. Todos sus compañeros de la Diputación Provincial trataban de convencerle para que hiciera lo mismo que ellos, es decir, colocar a sus hijas en dicho organismo que para ellos era realmente fácil. Sin embargo, nuestro cabeza de familia era defensor a ultranza de la paridad. Palabra que no existía o al menos no se utilizaba con el mismo significado que en la actualidad. Por ejemplo, mi padre sólo diferenció a sus hijos e hijas en la hora de llegar al hogar. En colaborar a las labores domésticas no había ocasión. Todas eran absorvidas por la muchacha (vuelvo a insistir que esa era la denominación de las insistituibles domésticas), codo con codo con mi madre que no sólo supervisaba, sino que realizaba con ella. ¡Qué no tengo yo sufrido, en mis primeros años de matrimonio, por culpa de esta falta de aprendizaje!. Con el agravante que con las 3500 pesetas que ganaba un teniente de Infantería de Marina ¿quién podía tener muchacha alguna?. No es que comparativamente con los sueldos y precios actuales aquello pareciera poco, no, es que de por sí lo era. Es lo que tenía Franco que trataba muy bien a los militares, sabía imbuirles el amor al servicio y a la patria, la entrega. el honor, el desprendimiento.... pero el sueldo corto, corto.

De todas maneras he de añadir la inmediatez con que aulas, compañeros, algunos profesores, bedeles como Justo, se adueñaron enseguida de mi total afecto, de por sí bastante entregón. Que aquella fuera la voluntad de mi padre fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. La única pega era que de vez en cuando habia que darse al estudio. Tarde o temprano la realidad se imponía.

Las frases de Zumalacárregui fueron dogmáticas para mí, lo que no quiere decir que no estudiase. Diferente es hacerlo para que luego se te olvide todo que empollar para retenerlo toda la vida. El exámen final no fue del todo satisfactorio, de ahí mi sorpresa cuando recogí la papeleta con un aprobado, ajustado, pero aprobado al fin y al cabo. Lo que no podía esperar de nuestro elogiado catedrático, era su llamadita telefónica a mi señor padre. A pesar de su mutuo afecto siempre se trataron de usted:

"_Gregorio, quiero decirle que he aprobado a su hija, pero como no da suficiente nivel es necesario que venga con usted en Septiembre a mi despacho oficial. (ignoro el cargo que ocupaba en ese momento ya que fueron muchos y muy destacados). Allí mismo le haré unas preguntitas sobre la asignatura".

Cuando me enteré, pensé que aquello debía estar relacionado con lo del "poso y la cultura", pues de otro modo no podía entender qué clase de aprobado había tenido a bien concederme.


Antes de lo deseado llegó Septiembre y la hora de cumplir aquel compromiso. La asignatura resultba interminable, entre libro y apuntes. Como también tuve que preparar alguna más, que de motu propio había quedado asignada a tan turbio mes, no emplee demasiada dedicacion a la misma. ¿Quién se excedería en el estudio conociendo de antemano su aprobado?.


LLegué a dominar la Revolución Industrial que abarcaba varios temas del libro, pensando que, con toda seguridad, Don Leopoldo me atacaría por ese flanco. Durante el curso incidía constantemente en ella: En las causas que hicieron fuera Gran Bretaña la iniciadora de la misma; cómo les favoreció a los ingleses el tener una monarquia liberal; las grandes fortunas conseguidas con el tráfico de esclavos... Las tres etapas de la Revolución Industrial. Todo, todo me lo sabía: la influencia de Adan Smith que defendía la libertad económica y la no intervención de los gobiernos; la máquina de vapor; el paso de los talleres a las fábricas; la aparición del Proletariado... . Esto y más detalles es lo que recuerdo después de haberlo olvidado todo. Como a él le gustaba. Pero no me preguntó: La Revolución Industrial. Ni tengo ahora la menor idea de las preguntas que me hizo. Sí de la cara de mi padre cuando bajábamos aquella escalinata alfombrada de rojo de algun ministerio que tampoco recuerdo cual era. No cruzamos palabra en todo el trayecto, ni en casa hasta varios días más tarde. Las riñas de mi padre eran de esa manera.

2 comentarios:

67daniel dijo...

¡Cómo he disfrutado esta tarde leyendo esta parrafada deliciosa sobre el catedrático Zumalacárregui! ¡Sería todo un crimen vergonzoso que esto no acabara en libro! ¡Aquí si que hay material para cualquier memoria histórica!
Por cierto, yo también he buscado fotos de Don Leopoldo en la net y todo lo que salió, o estaba relacionado con el general carlista, o con ese otro gran Leopoldo, el Clarín. Eso sí, existe un tal Don Leopoldo Zumalacárregui Calvo que ejerce de vocal en el Consejo de Ciencias Sociales de la Fundación Ramón Areces. Seguro que es su nieto, ¿no? ¿O será su hijo? ¿Le llegaste a conocer? A lo mejor deberías enviarle un mail. ¿Por qué no?
Un beso.
Daniel.

Militos dijo...

Yo también vi al de Ramón Areces y pense buscarle pero luego lo dejé.
Me alegro que te guste Daniel. Tengo una tarjeta de Zumalacárregui cuando pedía a mi padre que metiera un alumno en su grupo pero sólo pone su primer apellido. Es una pena.
Bueno la que mejor lo pasa con estos recuerdos soy yo, no sabes como lo vuelvo a vivir.
Un abrazo

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