AMIGOS

28 julio, 2008

ANTECEDENTES AL TANGO AZUL _ I




Para no resultar monótona con los Catedráticos y los exámenes voy a intercalar algunas hojas de los cuadernos que escribía por aquellos años. Entre otras cosas porque el día cinco de agosto es nuestro aniversario de boda. Esto no habría sucedido sin lo que he guardado durante tántos años en papel impreso a boli, lápiz o pluma. Y en ese corazón de adolescente que en el fondo también permanece impreso en este otro ya bien madurado.
La historia de mi primer y único noviazgo la he titulado "TANGO AZUL", por la repercusión que dicha música tuvo en mi enamoramiento.


ANTECEDENTES
Al comenzar el colegio en octubre comprendí que todo iba a ser completamente distinto al año anterior, no sabía si quizás peor o mejor. Lo único cierto era el cambio experimentado en todo y todos los que me rodeaban, hasta en mí misma. El colegio me abrumaba con su cotidiano pasar de días unos iguales a otros. las clases se me hacían más largas y pesadas que nunca. A mis compañeras de siempre las encontraba tontas y antipáticas. Hasta las mismas madres habían cambiado para mí que sólo en Madre San Eloy hallaba algo de comprensión.
Un día no pudiendo aguantar más el egoismo de mis compañeras me eché a llorar como una tonta, sin importarme nada lo que pudiera pensar la señorita nueva que nos daba la clase de labores y Espíritu Nacional. Al preguntarme porqué lloraba dije que estaba harta del colegio. Las niñas respondieron que también ellas pero se lo aguantaban.

la verdadera causa fue que cuando la señorita Pilar nos pone las redacciones, mi mente se tiene que encargar de discurrir seis o siete que luego les paso, precisamente a las más empollonas de la clase: Pilar, Conchita, Lolita, Mary Paz...y etc... aquel día llevábamos una sobre El Cid Campeador del que ya había hecho 7. Estaba rendida y todavía Carmen y otra se empeñaban que se la hiciera. Se pusieron tan pesadas que me convencieron para que dejase la labor de vainicas que vigilaba la profe. Me puse a estrujar más el tema ya casi agotado. La seño me descubrió y estuvo sermoneándome por no coser. Cansada de ellas que sólo te hacen caso cuando necesitan algo de tí, comencé a llorar.
Al terminar la clase de labor, forma parte de la de Cocina y Formación política, y hay que aprobar las tres para presentarte a la reválida de Sexto curso, (normativa del Ministerio de Educación), me llamó M. S. Eloy, profesora de Filosofía, para preguntarme qué me había pasado. Como yo nada decía y ella parece conocerme bien dijo:
_"Te encuentras sola. margarita, tu compañera de andanzas (!Dios mío y que andanzas¡, con ella pasé los mejores días del colegio) se ha ido. Y las niñas han vuelto de vacaciones...", yo dije: "Tontas", pero ella añadió:
_"Peor que tontas, orgullosas, creídas, separatistas...; y no sé cuantas cosas más añadió. Me consoló un poco y en cierto modo dejé de pensar en lo sola que estaba.

¡Cómo me acordaba de Margarita!. Sus padres la sacaron del colegio y la llevaron a Pontevedra por miedo al gancho de las monjas,ya que les había confiado que quería ser como ellas. Ella fue mi inseparable compañera. Fuimos como una sola colegiala repartida en dos uniformes. Me quería especialmente porque cuando llegó al colegio las otras le hicieron el vacío y sólo yo la hice caso. Era poco expresiva pero sabía que contaba con su cariño. (de Margarita escribí una entrada con el nombre de Candela y un final algo novelado). Su ausencia unida al tener que guardar silencio cuando te apetece hablar (cosa que empezaba a hacer por los codos), tener que estudiar (cosa que no hacía ni un sólo día), cuando lo que te apetece es pasear...Todo esto influía en mi desgastado ánimo, dejándolo apachuchado como una pasa.

"No puedo, no puedo más. Estoy desorientada, es como si mi alma fuese una barquilla sin vela ni timón. Obro por obrar. Aquello que antes guiaba mi vida, aquel todo por Dios que dirigía mis actos, ¿Dónde está?. Si yo antes no vivía más que para El y ahora... 'Ay Virgen mía!, yo quiero dejar el colegio, perder de vista a las monjas, a las niñas y a todo el mundo. Estoy harta, Dios mío, coloca Tú a alguien en mi camino para que encauce mi vida derechamente".

Esto escribí el mes de Octubre y en noviembre todo empezó a cambiar. Descubro ahora como mi ánimo estaba ya predispuesto al encuentro con Julio.

21 julio, 2008

MATEMÁTICAS DE SEGUNDO, BARBANCHO




Otro de los éxamenes con incidencias fue el de matemáticas de segundo. La asignatura estaba a cargo de Alfonso García Barbancho que por entonces no ostentaba la titulación de catedrático, obteniendo más tarde las cátedras de Barcelona, Málaga y Sevilla. Por lo que he podido averiguar cuando abandonó la Universidad Central, como se conocía al caserón de San Bernardo, para asumir dichas cátedras dentro de la carrera de Económicas siendo un gran matemático, se orientó de manera exhaustiva hacía la Estadística y la Econometría. Fue el primer catedrático de Econometría de la Universidad de Barcelona.

Cordobés de nacimiento, a parte de su gran inteligencia matemática y su inclinación por la Estadística, por lo que mi padre contaba de él, se trataba de una persona con auténticas dotes humanas; amigo de todo el mundo y fiel compañero al que todos apreciaban.
Publicó su primer libro en el año 1962, titulado: "Fundamentos de la Econometría". El propio introductor de esta ciencia en España, Ángel Alcaide (en otra ocasión hablaré de este catedrático y amigo) Opinaba que dicho libro facilitaría enormemente a los alumnos el estudio de tal asignatura, por la ausencia de símbolos matemáticos. Con toda seguridad esto sería cierto porque los que llegamos a ella con anterioridad a la publicación de esos Fundamentos, nos encontramos con una verdadera maraña de números y símbolos que no había manera de desenredar. Otra de sus importantes publicaciones fue la "Estadística Elemental Moderna", libro que después de diez ediciones, revisado y actualizado, volvió a publicarse en 1986.

Como ya he señalado, era grande la amistad entre él y mi padre. También yo le conocía por algunos de aquellos aperitivos que se organizaban en la calle Narvaez, al salir de la Academia. Por esta circunstancia no hubo necesidad de recomendación expresa.

El examen de Matemáticas se realizaba en dos fases, siendo necesario aprobar la primera para pasar a la segunda. Rodeada como siempre por mi fiel pandilla, ocupamos nuestro puestos de manera estratégica hacia la mitad del aula señalada para tal fin. Dispuestos a compartir conocimientos y chuletas, de las que yo había desistido después del incidente de Estadística. La prueba fue muy complicada y ninguno de los de mi alrededor supimos desarrollarla con efectividad. En mi caso quedaron en blanco algunos de los ejercicios. Salimos en tropel, desaminados y con la misma impresión: ¡suspenso!. Con sinceridad supuse que ni el mismo Barbancho podría lanzarme un cable. A los pocos días apareció la lista con los aprobados y ninguno de la pandilla se molestó en inspecionarla, tan seguros estábamos de que, ni por un sonido de flauta mágica, podíamos aparecer en ella.

Al mes siguiente se realizaría el segundo examen, dando al mismo tiempo la oportunidad de repetir el anterior a los suspendidos. Ya nos encontrábamos en la puerta del aula cuando mi querido bedel Justo, apareció apresuradamente a mi lado y con discrección me confió que yo figuraba en la lista de los aprobados y tenía que entrar en el aula donde se examinaban de la segunda parte.. En lugar de alegrarme aquello me sentó como un ladrillo en la cabeza. ¿Cómo iba a justificarme con los compañeros?. De manera que, no sé si por solidaridad o bochorno, me empeñé en seguir a los suspendidos. Una vez repartidos los ejercicios a efectuar, aparece el mismo Barbancho y desde la puerta pregunta:
_"¿Pero no está aquí la señorita Milagros G-I?.
¡Hubiese agradecido tanto un socorrido infarto que me llevase lejos de allí!. Pero no lo hubo y enrojecida hasta la juntura de los huesos, tuve que descender apresurada aquellos terroríficos escalones. El profesor, con cara de no conocerme exclamó:
_"Señorita, se ha equivocado de aula, ¿usted no se ha visto en la lista de aprobados?.
Tuve la débil esperanza de que mis compañeros no se hubieran percatado de la situación pero las carcajadas de la mayoría me sacaron de dudas. ¿Puede alguién dudar de que todavía sienta en mis mejillas el mismo rubor de aquella mañana?.

Ni que decir tiene que aprobé también la segunda parte. Sin embargo aquel día ya había comenzado mal desde el principio. Antes de salir de casa estuve horas intentando poner en orden mi peinado. la noche anterior, en un exceso de nervios, decidí cortarme yo misma la melena y no encontraba la manera de que me gustase el resultado. Malhumorada subí al autobús que, a lo largo de la Gran Vía, me llevaba hasta las proximidades de la calle de San Bernardo. La esquina derecha de dicha calle, perteneciente a unos almacenes de ropa, se encontraba revestida de un enorme espejo que yo odiaba pero que, de forma irresistible, en él me miraba de refilón cada vez que pasaba por allí para encontrarme, ¡cómo no!, siempre horrorosa. Aquella mañana no iba a ser didtinto. El resultado a mis ojos fue tan deprimente que "ipso facto", me prometí a mí misma no volver a hacerlo. Promesa que no cumplí, reconociendo que ni un sólo día me vi reflejada ni tan siquiera de manera pasable. No cabe duda la complejidad femenina que gusta de estos actos semi- masoquistas.

Una vez terminada la accidentada prueba de matemáticas, Me sujeta por un brazo un alumno con el que nunca había intercambiado palabra. Al soltarme y cuando ya iba a descargar sobre él las iras del huracán que, en ocasiones, ruge dentro de mí de manera incontrolada, me pregunta:
_"¿Puedo decirte una cosa?".
_"Sí, pero date prisa porque tengo otra clase".

_"Mira que creo has hecho muy mal en cortarte la malena negra que tenías. Cuando entraban los rayos de sol por la ventana, desde arriba me encantaba ver los reflejos azulados de tu pelo. Y te favorecía mucho más".
Sin duda el joven debía tener alma de poeta y no supe comprenderle. Sólo respondí:

_"Vale, gracias, ¡eh!", equivalente al:"¿Tú de qué vas?", de nuestros días.

Como no estaba para más disquisiciones decidí sin más, marchar a mi casa. Y lo hice con un paseo por la Gran Vía. En la distancia, siento la necesidad de sincerarme conmigo misma y reconocer que la intención de caminar debió de ser la de comprobar si mi corte de pelo tenía el mismo efecto negativo entre los transeuntes que el producido en aquel alumno desconocido para mí. No fue así y el trayecto hasta la calle O'Donnell no sufrió variación alguna, en cantidad ni calidad, respecto a los piropos de rigor.


Alfonso García Barbancho, más tarde, concretamente en 1965, fue encargado de sacar adelante la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Málaga. Con escasez de resursos económicos y de profesorado, por lo que cada uno tendría a su cargo varias asignaturas. Cumplida su misión, le trasladaron a la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, sus raices le condujeron de nuevo a Andalucía, donde realmente se consolidó su docencia universitaria. Creó en Málaga una escuela de Económetras y Estadísticos en verdad notables. En ella destacó José María Otero, autor de "Lógica y Limitaciones de la Econometría" (1978) que junto con los "Fundamentos" de García Barbancho son un auténtico soporte para iniciarse en el estudio de esta ciencia, para mí nunca entendible, de la Econometría.

Precisamente en la Facultad de Málaga, unos cinco años después de su inauguración, retomé la senda universitaria, desde Cádiz, cuando ya sólo me faltaban tres asignaturas para la licenciatura. Si mal no recuerdo eran: Contabilidad, "Organización, costes y...", y el Derecho Fiscal. No me encontré allí con Barbancho y sí con grandes dificultades para adaptarme a un mundo universitario que ya no era el mío, más por el drástico cambio del alumnado que por mi propia evolución.


Algunos datos han sido tomados de un artículo IN MEMORIAN de Alfonso García Barbancho, escrito por Ángel Alcaide Inchauste.


27 junio, 2008

LAS CLASES DE ESTADÍSTICA








Al empezar el curso nuestro profesor de Estadística se encontraba preparando la cátedra de dicha asignatura, por lo que su presencia no era muy frecuente en la Facultad. Contaba con varios profesorea ayudantes. El futuro catedrático se llamaba Gonzalo Arnaíz. Y fue él uno de los introductores de la Estadística en la Universidad española. Siendo licenciado en Ciencias Exactas por la Universidad Complutense de Madrid, orientó su vida hacia la Economia, finalizando el estudio de esta carrera en 1952 con Premio Extraordinario. Su gran aportación a la Universidad fue la introducción de la Estadística en la Economía. Simultaneaba las clases ejerciendo de profesor en la Escuela de Estadística. Más tarde en 1959 ingresó en la Academia de Ciencias Sociales y Políticas.
En 1959 actuó de asesor en el plan de estabilización de dicho año. Sus publicaciones sobre temas económicos, matemáticos y estadísticos son innumerables. Entre ellas: "Algunas cuestiones de Econometría", "Estadística Española" y varios libros para la enseñanza universitaria como: "Matemáticas para Economistas" e "Intruducción a la Estadística Teórica"
En el curso 1970-71 impartió clases en la Universidad de Venezuela.
Fue nombrado Vicedecano de la Universidad Autónoma de Ciencias Económicas de Madrid, donde se mantuvo dando clases como profesor emérito hasta unos meses antes de su muerte, ocurrida en 1990.

Pero mis auténticos recuerdos de este profesor son los de una persona muy cercana a sus alumnos. Gozaba de una fina ironía que no causaba daño a nadie y que por el contrario, con ella amenizaba sus clases. Lo que más admirábamos en él, era esa agilidad mental con la que desarmaba cualquier argumento en unos segundos.
Por la circunstancia de su preparación para la cátedra no pudimos verle con frecuencia y fueron sus ayudantes quienes impartían a menudo las clases. Uno de ellos. Francisco LLadó, Pacho para nosotros, fue de los alumnos más veteranos de mi padre. Nunca supimos si los suspensos en Castañeda eran fruto de su apego a aquel sitio que tenía reservado en Jorge Juan y en la amistad y cariño de la familia al completo, o porque realmente no merecía superar aquella asignatura.


Pacho procedía de Palencia, donde su familia poseía una fábrica de las famosas mantas palentinas. Lo cierto es que con ellas nos calentábamos todos en la calle O'Donnell durante aquellos frios inviernos de Madrid, anterior a los descubrimientos del temido Cambio Climático. Pudiera ser que de esa manera, en especies, abonase sus clases particulares. Como todos los estudiantes venidos de fuera, su entusiasmo madrileño era excesivo, por lo que ninguno tenía demasiada prisa en terminar la carrera y regresar a su lugar de origen. Hay que reconocerlo, aquel Madrid inofensivo tenía un atractivo magnético. Los paseos por la Gran vía a cualquier hora del día o de la noche, las escapadas a los cines de mañana como el Azul a un paso de la Universidad Central, donde lo que menos importaba era la película que proyectasen. O aquel establecimiento de los Sotanos recien inaugurado que fue una auténtica novedad, con toda clase de juegos y que más tarde se devaluaría por causa de la droga. En la Plaza de España, a la sombra de Don Quijote y Sancho se formalizaba el compañerismo y la amistad.


También existía otro mundo desconocido para el alumnado de provincias, el nocturno que para nosotras estaba vedado pero del que descubríamos algun indicio por los comentarios y las ojeras de nuestros compañeros. Algunos nombres de revistas musicales y vedettes de fama, bares que parecían cerrados y a los que mi padre tenía que acudir, a altas horas de la noche, para liberar a algunos de sus alumnos antes de que los llevasen a la comisaría.

LAS CLASES DE ESTADÍSTICA

No me importa confesar que al abrir por primera vez el libro de Estadística, pensé que lo habían escrito en chino. En principio me apunté a las clases particuares de mi hermano pero al no poder afrontarlas sin lágrimas porque, si con sus enamoradas alumnas se portaba de aquella manera, tener a su libre disposición la ignorancia de su hermana elevaba las cotas, de merecidos agravios por mi parte, a la enésima potencia. Reconozco que era guapo , el Gregory Pek de Jorge Juan le llamaban, dado su parecido con el artista, pero mi parentesco de fraternidad me libraba de caer en sus redes. Nuestro inseparable Pacho se ofreció a sustituir a mi hermano. Por entonces ya había conseguido licencenciarse en estudios, porque de Madrid no pudo hacerlo nunca. Aquí contrajo matrimonio llegado a la madurez con una viuda mayor que él y aquí terminó sus días antes de lo esperado. Con un pequeño grupo de cinco se le hizo hueco en la academia y todos felices, sobre todo él que ya contaba con un motivo más para no regresar donde las mantas.



Poco después Tomás, Jose Ramón y yo nos disgregamos de los otros dos y le pedimos dar las clases en casa de éste último.

Vivía Jose Ramón en un lujoso piso de la calle Alcalá en confluencia con la que, por entonces, se conocía con el patriótico nombre de General Mola. Aquello sí eran unas clases relajantes. Lo que se dice Estadística no aprendimos mucho, pero en cosas de la vida muchísimo; por lo menos yo que era neófita total. Las suculentas meriendas que nos servía la doncella uniformada hasta cofia, eran el colofón de aquellas clases. De allí surgiría también mi relación de más que amigos con Jose Ramón. Pero nada más.


EJEMPLO DE UNA CLASE DE PACHO, recogida de uno de mis numerosos cuadernos:


Sacar los apuntes, hoy vamos a ver:


Variables aleatorias distribuidas conjuntamente. Lo mejor es que vayáis copiando:

Función de probabilidad de masa conjunta = p(x, y) = P(X = x Y = y)



Función de probabilidad de masa marginal = Px(x) = p(x, y); Py(y) = p(x, y)


Función de densidad de probabilidad conjunta, para cualquier conjunto A bidimiensional: P[(x, y) A] = f(x, y)dxdySi A = {a ≤ x ≤ b, c ≤ y ≤ d} => P[(x, y) A] = f(x, y)dydx donde f(x, y) ≥ 0 y f(x, y)dxdy = 1


Funciones de densidad de probabilidad marginal
fx(x) = f(x, y)dy; fy(y) = f(x, y)dx; con -∞ < (x, y) < ∞ Variables aleatorias independientes X e Y son independientes si para cada par de valores se cumple: p(x, y) = px(x)·py(y) (variables discretas) o f(x, y) = fx(x)·fy(y) (continuas)Si no satisface esto entonces son dependientes. Ademas, si son independientes: P(a ≤ x ≤ b, c ≤ y ≤ d) = P(a ≤ x ≤ b) · P(c ≤ y ≤ d). Si soy sincera, a mí esto me suena ahora tan a chino como la primera vez que lo ví. Pacho hace una pausa para fumar un pitillo. Momento que aprovecha Jose Ramón para decir: _"¿Os habéis fijado que jersey tan bonito lleva Militos?", pues se lo ha hecho ella. _Pacho:" Andá, ¿Por qué no me haces uno a mí?". _Tomás: "porque no te pega" El jersey lo había copiado de la revista ELLE que llegaba a España sólo en francés. La verdad es que era muy bonito, blanco con escote en pico bordeado a los lados del escote por una especie de triángulo escalonado en azul añil. Pacho. "¡Y lo guapa que está.! "


Jose ramón: "No se lo digas que se enfada".


Pacho: "Pero bueno si yo casi la he visto nacer".


Militos: "¿Seguimos con la clase?, más que nada para salir del apuro.


Tomás: "Sí, pero luego se casará y se pondrá gorda y fea".


Militos se levanta para marcharse enfadada.


Pacho dice indignado:"Estás equivocado. Si quieres saber como será una chica de mayor sólo tienes que mirar a su madre. ¿Vosotros habéis visto a Puri, la mujer de Goyo?, es impresionante.


En ese momento entra la doncella con la merienda de costumbre y entre bromas, enfados por mi parte y risas se termina la clase.


No cuento ninguna más porque todas seguían idéntico guión. Menos mal que nuestro profesor particular lo era también de la Escuela de Estadística y, por lo que pudiera pasar, nos matriculó a los tres en ella, de tal manera que si no aprobábamos en la Facultad nos convalidaban con el aprobado en dicha Escuela que correría a cargo de Pacho.


El primer exámen que tuvimos estaba vigilado por tres profesores que subían y bajaban por las gradas del aula para evitar que copiáramos. Yo hice la tontería de colocarme en un extremo porque no pensaba copiar de nadie. De ahi mi sorpresa cuando veo acercarse a uno de los ayudantes y muy airado me dice:



_ "Salga usted del aula_


No entendía nada, hasta que me pregunta:


_"¿Qué lleva usted en el bolsillo?"_


El bolsillo era del impermeable amarillo. Aquel que tanto me gustaba lucir cuando parecía que el cielo iba a deshacerse en agua. Aunque no fuera así, a la menor duda me lo colocaba porque era de esas prendas con las que una se sentía bien a juzgar por lo que escuchaba a su paso, cuando los piropos no tenían ese nombre tan ofensivo de "acoso". Mientras vaciaba mis bolsillos pude contemplar como Pacho ascendia corriendo hacia mi sitio, pero ya era tarde porque el profesor tenía entre sus manos un curioso fajo de tarjetitas blancas donde yo había apuntado algunas fórmulas enrevesadas. Estaba indignada ya que ni las había sacado de su sitio, la primera pregunta era de las estudiadas y no necesitaba recurrir a semejante artilugio. Monreal que así se llamaba el inquisidor no atendía a razones y el mero hecho de descubrirlas al pasar por mi lado en el amplio y abierto bolsillo ya era para él un delito fragante. Que digo yo, mucho tuvo que fijarse. No puedo por menos de hacer un breve simil con la relación actual alumno-profesor. Sin duda por algo semejante la alumna acudiría hoy con presteza a ponerle una demanda por abuso de autoridad o por cualquier otro tipo de ofensa.



Al fin el palentino llegó a nuestro lado cuando ya me disponía a abandonar mi sitio. le cogió por un brazo y muy sulfurado le decía:


_"Qué no, que no puedes echarla que es la hija de Goyo"_, repetía una y otra vez ante las miradas asombradas de mis compañeros.


Monreal, quien luego sería también catedrático y creo recordar que ministro con la UCD, como la mayoría de mis profesores, accedió pero asegurando que no aprobaría. Sin embargo aprobé y por partida doble. Pacho me calificó con Notable en la Escuela de Estadística. Nunca lo pude entender pues yo apostaría que no llegué a examinarme.


Finalmente Arnaíz, consiguió superar el concurso- oposición de la cátedra de Estadística. Los alumnos le ofrecimos una comida homenaje en la que le vimos disfrutar y nos hizo disfrutar a todos . Explayándose y dando rienda suelta a sus agudezas. El resultado de aquella camaradería fue su promesa de dar un aprobado general, pero eso sí, dijo, recién estrenada su cátedra: _"ustedes estudien la asignatura".

Más tarde los ayudantes confesaron que nos iba a preguntar una sola pregunta a elegir por el propio examinando.

LLegó el examén oral y así fue, cada uno con su pregunta a cuestas y Arnaiz sonriente con todos y sin profundizar mucho. Cuando ya había pasado casi media clase por la tarima, le tocó el turno a uno de los alumnos, cuyo nombre no recuerdo pero del que me parece estar viendo su cara en estos momentos. Al decirle el catedrático:


_"diga usted lo que quiera", respondió con toda tranquilidad:


_"No. yo es que no". Y Arnaiz:


_"Pero que diga lo que quiera". Al seguir el alumno sin soltar palabra, nuestro paciente profesor pregunta:


_"Pero usted ¿a qué ha venido?". Y en el colmo de la desfachatez, contesta con otra pregunta:


_"¿Pero usted no iba a dar aprobado general?".


Don Gonzalo Arnaiz, tan cercano siempre al alumnado, no hizo ni una mueca cuando toda la clase soltó la más sonora de las carcajadas. Y se vio obligado a aprobarle.


Para finalizar este capítulo quiero hacer una salvedad. No me gustaría que nadie pensase, hijos incluidos, que mi paso por la Universidad fue un tanto frívolo y que aprobé todas las asignaturas por enchufe. Sólo estoy hablando de aquellas cuyos resultados fueron algo anecdóticos, pero hubo muchas más que aprobé sin paliativos, tales como la Filosofía, el Derecho civil, Administrativo, Derecho del Trabajo, Mercantil, Historia de las Doctrinas Económicas y etc... Como ya dije anteriormente, contraje matrimonio con media carrera pendiente y doy fe que todo lo que estudié de casada hasta que la terminé, con el séptimo de mis embarazos, lo hice con mucho más empeño y concentración que lo estudiado de soltera.

¿Qué lo pasé bien de universitaria?: ¡¡Indudable!!


14 mayo, 2008

DE CATEDRATICOS Y PROFESORES

Como no encontré ninguna foto del catedrático, Leopoldo Zumalacárregui, he elegido ésta para ilustrar el relato porque el general carlista fue ascendiente suyo.



Para compensar los bigotes del general, esta foto que me hizo un compañero en la Plaza de España, donde nos aireábamos de las clases, cerca de la Facultad

Leopoldo Zumalacárregui, uno de los fundadores de la carrera de Económicas, fue nuestro catedrático de Historia Económica. Sus clases muy amenas ya que el profesor era una enciclopedia cultural. Excesivamene educado, detallista, elegante y serio. Gran amigo también de mi padre al que a menudo le recomendaba algun alumno para que le incluyera en sus clases, entre ellos a Jose Ramón, el de mis primeros post, titulado SIEMPRE, con final novelado porque no fue verdad que la protagonista del relato regresara a reclamar ese siempre. La realidad es que, ya casada, no volvieron a verse nunca más.

Cuando los alumnos llegaban a la Academía con recomendación era porque lo que había sido nuestro hogar ya no daba más de sí. A parte de la Teoria Económica, se impartían clases de Matemáticas y Estadística en las que colaboraba mi hermano, a punto de terminar su carrera de Ingeniero de Minas. Por cierto, tenía a sus alumnas totalmente enamoradas de él. A pesar de los gritos y de las cosas que las decía cuando no contestaban a alguna pregunta: "pero tú que vienes tan arregladita a las 8 de la mañana... que la cabeza sirve para algo más que para peinarse" ....Bueno y la que se armó en su clase el día que explicaba unos problemas en la pizarra en los que intervenía la letra griega "tita"(así la llamábamos en el colegio) y una de sus alumnas dijo: Goyito, por favor, no corras tanto que me falta una "teta".... , pobre alumna y precisamente era la más colada por mi hermano.
Me viene ahora una anécdota ocurrida, poco antes de que llegara mi padre para impartir su clase de rigor. Como me incorporó al último grupo del día, para que al terminar volviera a casa con él, pasando antes por la Maja de Goya como ya conté anteriormente, no había ninguna otra chica. h Demasiado tarde para la mujer decente de finales de los cincuenta. También es verdad, que seguía escaseando el alumnado femenino. No tardaría mucho en solucionarse esta situación ya que cuando comenzó Económicas mi hermana Carmina, unos seis años más tarde, la balanza de género estaría más equilibrada. Tomás andaba tonteando como de costumbre. Teníamos mucha confianza porque su hermana Pili también había pasado por Jorge Juan y mi padre los trataba como de la familia, claro que eso hacía con la totalidad de sus alumnos. Tomás era de Ponferrada donde su familia tenía unas minas de carbón, a las que no le apetecía para nada regresar ni como economista ni como nada. Inevitablemente así lo haría. Para que me dejara en paz de una vez le dije:

_"Pues que sepas que en ese mismo lugar donde estás sentado, tenía yo mi cama". ¡Menuda ocurrencia!."
Dió un brusco salto y comenzó a besar el suelo, los demás iniciaron idéntica maniobra con una desorbitada juerga, hasta que de improviso apareció mi padre y me sacó a la pizarra.
¿Por qué pensaría que la culpa era mía?. Aquel día estuve más torpe que nunca y nuestro profeso, enfadadísimo, me mandó sentar. _"Tú es que quieres aprender la asignatura de oido. ¿No?", me dijo, y a lo mejor tenía razón. No recuerdo si me caería alguno de sus epítetos favoritos: alcornoque, merluzo no, por ser masculino y la merluza era demasiado apreciada por su paladar para emplearla como fustigación del alumnado.

Siguiendo con la Historia Económica, Zumalacárregui tenía la mala costumbre de examinarnos oral. La asignatura se cursaba en primero, cuando todavía no habíamos adquirido esa capa de inmunidad que te aporta el suficiente desparpajo para enfrentarte a semejante trauma. Recuérdese que la confrontación con Castañeda no tenía lugar hasta el segundo curso. Antes de Navidad nos hizo pasar por un parcial escudriñador que muy pocos aprobaron. Yo tampoco, con lo que ya no te podías presentar al segundo y quedaba la asignatura entera para final de curso.

Tampoco era de su agrado que nos aprendiéramos los temas de memoria. Una de sus frases favoritas, que a mí me gustó particularmente:


" La cultura para un universitario es lo que le queda después de haberlo olvidado todo".
También solía decir que lo importante es el poso que deja el haber pasado por la Universidad. No la carrera que hayas estudiado ni las notas sacadas, porque el día de mañana, si hay una guerra, el único que sabrá dar con exactitud los mensajes al capitán será el universitario. Ahí le delataba su parentesco con el general. A mí estas ideas me gustaban particularmente. Las notas en sí mismas no sabía apreciarlas en todo su valor promocional.
He de reconocer, como ya he dicho en otra ocasión, que estaba en aquellas aulas, empinadas y de gran solera, por voluntad de mi progenitor que fue un adelantado a su tiempo. Todos sus compañeros de la Diputación Provincial trataban de convencerle para que hiciera lo mismo que ellos, es decir, colocar a sus hijas en dicho organismo que para ellos era realmente fácil. Sin embargo, nuestro cabeza de familia era defensor a ultranza de la paridad. Palabra que no existía o al menos no se utilizaba con el mismo significado que en la actualidad. Por ejemplo, mi padre sólo diferenció a sus hijos e hijas en la hora de llegar al hogar. En colaborar a las labores domésticas no había ocasión. Todas eran absorvidas por la muchacha (vuelvo a insistir que esa era la denominación de las insistituibles domésticas), codo con codo con mi madre que no sólo supervisaba, sino que realizaba con ella. ¡Qué no tengo yo sufrido, en mis primeros años de matrimonio, por culpa de esta falta de aprendizaje!. Con el agravante que con las 3500 pesetas que ganaba un teniente de Infantería de Marina ¿quién podía tener muchacha alguna?. No es que comparativamente con los sueldos y precios actuales aquello pareciera poco, no, es que de por sí lo era. Es lo que tenía Franco que trataba muy bien a los militares, sabía imbuirles el amor al servicio y a la patria, la entrega. el honor, el desprendimiento.... pero el sueldo corto, corto.

De todas maneras he de añadir la inmediatez con que aulas, compañeros, algunos profesores, bedeles como Justo, se adueñaron enseguida de mi total afecto, de por sí bastante entregón. Que aquella fuera la voluntad de mi padre fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. La única pega era que de vez en cuando habia que darse al estudio. Tarde o temprano la realidad se imponía.

Las frases de Zumalacárregui fueron dogmáticas para mí, lo que no quiere decir que no estudiase. Diferente es hacerlo para que luego se te olvide todo que empollar para retenerlo toda la vida. El exámen final no fue del todo satisfactorio, de ahí mi sorpresa cuando recogí la papeleta con un aprobado, ajustado, pero aprobado al fin y al cabo. Lo que no podía esperar de nuestro elogiado catedrático, era su llamadita telefónica a mi señor padre. A pesar de su mutuo afecto siempre se trataron de usted:

"_Gregorio, quiero decirle que he aprobado a su hija, pero como no da suficiente nivel es necesario que venga con usted en Septiembre a mi despacho oficial. (ignoro el cargo que ocupaba en ese momento ya que fueron muchos y muy destacados). Allí mismo le haré unas preguntitas sobre la asignatura".

Cuando me enteré, pensé que aquello debía estar relacionado con lo del "poso y la cultura", pues de otro modo no podía entender qué clase de aprobado había tenido a bien concederme.


Antes de lo deseado llegó Septiembre y la hora de cumplir aquel compromiso. La asignatura resultba interminable, entre libro y apuntes. Como también tuve que preparar alguna más, que de motu propio había quedado asignada a tan turbio mes, no emplee demasiada dedicacion a la misma. ¿Quién se excedería en el estudio conociendo de antemano su aprobado?.


LLegué a dominar la Revolución Industrial que abarcaba varios temas del libro, pensando que, con toda seguridad, Don Leopoldo me atacaría por ese flanco. Durante el curso incidía constantemente en ella: En las causas que hicieron fuera Gran Bretaña la iniciadora de la misma; cómo les favoreció a los ingleses el tener una monarquia liberal; las grandes fortunas conseguidas con el tráfico de esclavos... Las tres etapas de la Revolución Industrial. Todo, todo me lo sabía: la influencia de Adan Smith que defendía la libertad económica y la no intervención de los gobiernos; la máquina de vapor; el paso de los talleres a las fábricas; la aparición del Proletariado... . Esto y más detalles es lo que recuerdo después de haberlo olvidado todo. Como a él le gustaba. Pero no me preguntó: La Revolución Industrial. Ni tengo ahora la menor idea de las preguntas que me hizo. Sí de la cara de mi padre cuando bajábamos aquella escalinata alfombrada de rojo de algun ministerio que tampoco recuerdo cual era. No cruzamos palabra en todo el trayecto, ni en casa hasta varios días más tarde. Las riñas de mi padre eran de esa manera.

27 abril, 2008

YO CONMIGO__II, LA IRÚNADA

http://es.youtube.com/watch?v=1QR7AONpRII


La foto no es de "Cuéntame". Es propiedad familiar





Esta foto del ATheti Bilbao viene al caso por unos comentarios del final.




No está nada mal esto de poder hablar con una misma, sin que nadie te interrumpa.
Oye, Militos, ¿no te parece de lo más acertado esa denominación de la "IRÚNADA" que tu hermana Carmina (economista como tú, pero con un don para la pintura que siempre has envidiado) le ha otorgado a vuestras reuniones de hermanos?. ¡Genial, me parece simplemente genial. Y tiene sentido, todo el que le da la segunda parte de nuestro apellido compuesto. ¿Cómo definirías tú ese acontecimiento?: Muy fácil, como una "JAVIERADA" pero menos multitudinaría,
Así fue la segunda parte de mi día contable. Mis cinco hermanos y la que suscribe, acabamos de institucionalizar estos encuentros fraternos que a partir de ahora tendrán una asiduidad anual no superior a cuatro ni inferior a dos. Salvo, claro está en puntuales acontecimientos familiares: Bautizos, Comuniones, Bodas... y santas defunciones.

La Irunada tiene una norma que quizás resulte un tanto excluyente pero con su razón de ser. Los Irún somos insoportables cuando estamos juntos por lo que, de común acuerdo, decidimos la no asistencia de los contrarios. Nadie puede sentirse ofendido por esta denominación ya que se les atribuye, no con sentido pugilístico, sino todo lo contrario. Ellos, cuñados y cuñadas, son el lado amable de la familia. Y sobre todo porque nuestra capacidad de recordar la infancia en voz alta, puede resultar francamente aburrida para cualquiera. No en vano una autoridad militar nos definió de la siguiente manera: "Yo los conozco bien, los Irún son sencillos, inteligentes, simpáticos y cabezotas, muy cabezotas". y no es por echarme flores, son los genes qué le vamos a hacer.
La reunión siempre se desarrolla en dos partes o sesiones:

El hilo conductor de la primera, que tiene lugar durante el almuerzo, no puede ser otro que la memoria histórica, la nuestra por supuesto. Recuerdos que cada uno va desgranando segun su propiO recordar. Lo sorprendente es que habiendo vivido lo mismo, en el mismo tiempo y en el mismo espacio, haya matices distintos para unos y otros. Lo que no quiere decir que la mayoría de los hechos no sean iguales para los seis. La figura central, ya se conoce. Goyo, mi padre que dejó su impronta como marca indeleble de pertenencia. Sin embargo en este último encuentro hablamos mucho de nuestra madre. De cómo pudo vivir tan feliz en aquellas cuatro paredes de un entresuelo (denominación hoy desaparecida en la edificación moderna) de la calle Jorge Juan, donde más tarde se instauró la academia de mi padre. A años pasados comprendemos su felicidad, en función de todo lo que perdieron por la guerra, su piso de recién casados, su piano, sus pertenencias...e incluso su intimidad al tener que deambular por las distintas casas de familiares y amigos debido a la persecución marxista.
Fue feliz en aquel su primer hogar de posguerra que debió parecerla un palacio.

Todos coincidimos en la alegría de aquella calle de Jorge Juan, que para nosotros empezaba en Lope de Rueda. donde mi hermano hacía sus cambios "chanchis" de cromos, y terminaba en Narvaez, en una zapatería, Caldeiro, en la que mi madre debió comprar aquellas botas para el mayor de nosotros que el día de su estreno, al volver del colegio y sus partidos de futbol,ya había destrozado. Para disculparse dijo a mi madre: "Que te las han dado sin un tacón". No había más allá. A medida que fuimos creciendo los límites se iban alargando. ¡Pero si comienza en Serrano! y ¿dónde terminará?.
Un repaso a los amigos, discusión si uno vivía en el segundo o en el tercero; si su apellido era Ochoa o Acosta. En esto los que más coincidíamos éramos mi hermano Pepín, el mejor navegante del mundo, con valor reconocido desde que en Ferrol y mandando el "Blas de Lezo salió, bajo su responsabilidad (comunicado así por las autoridades competentes desde Madrid) en un día de esas galernas ferrolas propias más de efectos especiales cinematográficos, a la búsqueda de unos pescadores.(para mí siempre jose Luis, así bautizado en recuerdo del tío muerto en El cuartel de la Montaña y no ese apodo que le pusieron en la Escuela Naval) y yo, sin duda porque somos los dos seguidos y sus amigos eran hermanos de mi primera amiga íntima, Anita, que vivía en el último piso. Su padre que viajaba mucho, nos traía aquellos chicles Bazoca que nos sabían a gloria pero que debían ser como una bomba. Por culpa de ellos mi hermana menor, Ana,química, funcionaria en activo y creadora de dos talleres de encuadernación en Méjico, estuvo en trance de muerte. Al tragarse uno de ellos se adhirió al estómago paralizando su función digestiva. Gracias a Dios lograron los médicos solucionarlo.
¿Te acuerdas de la tienda que estaba al lado de nuestro portal y que duró tantos años?, ¡No me voy a acordar!, si me moría de verguenza cuando ya nuestra casa fue la academia de Goyo y mis compañeros sonreían y se daban codazos contemplando aquel escaparate. Se llamaba La Esbeltez y lucia sin pudor alguno para la época, corsés, fajas... y toda clase de ropa interior que no entiendo como pasó por alto la censura.

¡y cómo jugábamos en medio de la calle con toda clase de niños, hijos del portero, del médico,del abogado, del carbonero, que por más que limpiaba el trocito de acera que le correspondía era siempre constante la mancha negruzca del carbón en la misma. Y los de la frutería.. todos juntos, sin distinciones, ni sociales,ni de azules o rojos.
¿Oye teníamos un amigo que se llamaba Luis?, claro el del portal de al lado del garaje. era un golfo, dice Pepín. Ya, Ya..., respondo yo, un día sentada en el portal se puso a mi lado y me dio un beso a cambio de una sonora bofetada. El balón de futbol inventado con papel de periódicos y cuerdas. Y la cuerda para saltar que se compraba en aquella cacharrería de Lope de rueda, ilusión de las niñas del barrio por su abundancia de recortables y cacharritos miniaturas como los de nuestras madres. Siempre la tuve presente, cuando escuché al ministro Ullastres decir que en Europa nos tenían miedo porque pensaban que, si los españoles entraban en la U.E., sería como la entrada de un elefante en una cacharrería y ya ves, bien domaditos que nos tienen en este siglo XXI. En la esquina con esa calle hacía su negocio el dueño de una tienda de Ultramarinos, que después del cierre atendía a los clientes a cualquier hora, por el portal. Con frecuencia era yo la encargada de comprar algun elemento culinario olvidado por la muchacha (entonces se llamaban así) al hacer la compra. Hasta que un anochecer el obseso tendero intentó un roce disimulado con mi cuerpo de adolescente. No quise volver más. No se lo conté a nadie porque entonces esas cosas no se contaban y menos a tu madre, pero me cerré en banda.
Estas vivencias y algunas más pusimos sobre la mesa, como el llanto de mi madre al tener que abandonar aquel hogar pequeño por el amplio y luminoso de la calle O'Donnell.


A renglón seguido, con el café y la copa, damos comienzo a la segunda sesión de la Irúnada: La política. A Dios gracias, los seis coincidimos en la Derecha, con algunas diferencias. Creo ser yo la más extremista, segun se mire.

Habla el Almirante, otro bautizado como Pepín en la Escuela Naval y cuyo nombre es Juan José, por el segundo de mis tíos fallecido en la Guerra Civil, en la Batalla del Ebro:
_ La Política no es una profesión y lo malo es que estos tíos si la están transformando en una profesión. ¿Qué profesión tiene usted?, preguntaban a uno y contestaba: "Soy político", Pues no, señor, usted será un profesional, de lo que sea, que se dedica a la política. La verdad es que yo no había visto así esta cuestión pero me parece muy acertada.

_Después de esto a muerte contra el PP. Sigo diciendo que somos la Derecha. Verguenza de Rajoy que no da una a derechas, nunca mejor dicho. Pues no se le ocurre decir que Madrid no es España, refiriñendose a Esperanza. Para qué las prisas, ya se ha convertido en el slogan asumido por Pepiño.
_Y Esperanza, tenía que haberse quedado calladita hasta Junio. En esto yo creo que las mujeres de la Irúnada no estábamos muy de acuerdo. Es muy fuerte tener que callar cuando te dicen que te vayas. ¿Gallardón y Aceves? . Vamos al desastre.Todos fuera, hacen falta caras nuevas. Mira que lo tenían fácil con lo mal que llevaron la legislatura.
Hay que reconocer que las pasadas elecciones fue Presidente por accidente. pero en éstas hay que darle su mayoría. Por los catalanes, sí, pero mayoría. Dos días antes del 11-M el PP ya tenía contabilizado 169 diputados para ellos y Atocha los envío a la oposición,dice el primogénito de los hermanos, que es el que más mundo tiene. Ingeniero de Minas, fundador de Fosfatos Bucraa en el Sahara. Se conoce al dedillo el mundo marroqui y lleva años avisándonos del peligro musulmán: " No os creáis que es broma. Cuando hablan de recuperar "Al Andalus" no se van a parar en Córdoba y Granada.

_Los inmigrantes: No hay que integrarles, tienen que respetar las leyes y costumbres del pais donde viven pero no integrarles. Hace falta esa mano de obra y ellos necesitan esos trabajos, es como un toma y daca pero luego cada uno de vuelta a su pais. Como hicieron los españoles cuando emigraron a Alemania. Primero solucionar los problemas de los españoles. ¿Pero no es eso lo que dijo Rajoy en la campaña?, si pero en cuanto le llamaron xenófobo no volvió a repetirlo.

_En una cosa le dí la razón en grado absoluto, cuando afirmó que en estos momentos es la Iglesia Católica la única que está dando la cara. Y por eso la vapulean desde todos los frentes. No hay PP, ni hay nada, sólo la Iglesia hace frente a los desmanes de esta izquierda antireligiosa y antimoral.

_Para terminar, Zapatero y sus secuaces. Otra vez ha mentido cuando dijo que no iba a ser un gobierno de confrontación. ¿Por qué entonces ha mantenido a Maleni y Bermejo? Como siempre sus actos desmienten sus palabras. Y volverá a pactar con ETA, enarbolando la paz. ZP no quiere acabar con ETA, quiere pasar a la historia como el presidente que convenció a ETA, con pactos y prebendas, pero seguirá siendo una amenaza latente.

_Los piratas del Caribe, digo, ¡Somalia!. La mejor fragata que tenemos, Mendez Nuñez que no va a actuar, claro. Que los rescate el PNV, que para eso navegan con la bandera Icurriña. ¿Os acordáis cómo la mayoría de los españoles eran aficionados del Athletic Bilbao, cuando todos sus futbolistas eran bilbaínos, Zarra, Gainza, Iriondo, Panizo...?. De Zarra dijeron en Estocolmo que tenía la mejor cabeza de europa, después de Wiston Churchil.


Chacón y compañía. Los dos marinos conformes con que una mujer pueda ser ministra de Defensa y si se quiere embarazada, sin hacer, por supuesto, el alarde de "Soy el primer presidente del mundo que nombra ministra de Defensa a una mujer embarazada". ¿Pero no había otra que no fuera pacifista y catalanista?, ¿ de lucida camiseta: "Rubiales somos todos?".

Rápida evocación de Margaret thatcher.

La crisis que se siente, pero no existe..., la EPC..Y más, y más y más...

Las 7, dije yo, Goyo, mi hermano mayor, (quién, a punto ya de casarme, me propinó una bofetada porque tenía que estar en casa a las 9'30 y a las 10 me encontraba en el portal despidiéndome del novio y no hacíamos nada, ¡palabra!): ¿me llevas a la maternidad de O´Donnell que voy a ver a mi nieta?.

Así cerramos la sesión hasta la próxima IRÚNADA que nuestro presidente por unanimidad, Goyo, se encargará de convocar.



03 abril, 2008

PARA LA RESISTENCIA

LA FRONTERA DE LA RESISTENCIA HUMANA ES COMO EL HORIZONTE. SIEMPRE TIENE OTRO HORIZONTE DETRÁS...

Torcuato Luca de Tena

El libro está amarillento pero busqué esta frase que en su día me gustó.

23 marzo, 2008

Mi Aprobado de Hacienda Pública




Cómo ya he dicho, el catedrático Enrique fuentes Quintana era el otro hueso de la carrera de Económicas; Avalo esta opinión con el triste resultado obtenido por mi amigo José Ramón a pesar de la recomendación que aportaba para aprobar esa asignatura; ni más ni menos que de la excelentísima Dª Carmen Polo de Franco: ¡suspenso!. Lo mismo que hiciera Castañeda con él. En otra ocasión daré datos biográficos de nuestro catedrático, que desempeñó, entre otros, el cargo de vicepresidente segundo en el gobierno de Adolfo suarez.
Hoy sólo me voy a referir a las circunstancias que rodearon mi examen de Hacienda Pública.

Cuando me presenté a este examen me encontraba en el octavo mes de mi primer embarazo. Deseaba dar a luz en Madrid porque el entorno de San Fernando (Cádiz) no me inspiraba mucha confianza, aunque luego nacieron allí siete de mis hijos y sin ningún problema. Al mismo tiempo quería presentarme a algunas de las asignaturas que tenía pendientes. Compromiso adquirido con mi padre que autorizó mi boda con la condición de que terminase sin prisas, como así fue, la carrera. Es verdad que me vi obligada a pasar por un pequeño apuro, ¡eran otros tiempos!, el de aparecer ante mis compañeros en aquel estado avanzado de gestación pero logré superarlo. Y los que antes me piropeaban de una forma escandalosa, hoy se llamaría "acoso", en ese momento me encontraban muy elegante. En fin, de aquella manera tuve la osadia de acudir al examen de Educación Física que, siendo una de las -"marias", junto con Religión e idioma (Francés en mi caso, que si llego a saber esto de internet hubiese elegido la lengua "mater" de algunos de mis nietos), era necesario aprobar para obtener el título universitario. Mi sorpresa fue cuando a la profesora de Gimnasia no le vastó contemplar mi abultada apariencia, sino que me exigió presentarle otro día un certificado médico. Por suerte me concedió la exención de los cinco cursos a los que nunca me había presentado. Y todo gracias a la que un mes más tarde sería mi hija Begoña.

Con la Hacienda todo fue distinto, mi padre no quiso recomendarme a Fuentes porque, como gran amigo suyo, no le parecía bien violentar su decisión. El programa de la asignatura era francamente terrorífico. Algunos conocimientos si llevaba aprendidos, necesarios pero no suficientes. Lozano que vigilaba el aula se acercó a mí y me dijo:

"Tú escribe mucho y no dejes ninguna pregunta en blanco".
Aquello ya me gusto más, porque he de reconocer que lo que se dice escribir nunca se me dio mal del todo. De todo esto resultó que Fuentes, al descubrir el apellido, pidió a José María el encargo de corregir mi examen y que no se lo enseñara ni para supervisarlo; algo que no hacía con nadie. A los pocos días mi protector ayudante me dijo al teléfono:

¡Enhorabuena!. Aprobaste por tus méritos. Se nota que estudiaste porque alguna idea sí has expuesto y sobre todo has escrito algo esencial: " la Hacienda es lo más importante para todos".

¡Qué grado de elegancia el de Lozano!. Claro que ahora caigo en la cuenta del valor auténtico de esas palabras mías, Sin lugar a dudas, fue la inspiración de la famosa frase que vendría en años posteriores: "Hacienda somos todos". Y yo ignorante de mi valía.

Cuando Enrique Fuentes llamó a mi padre para comunicarle la buena nueva, le riñó amigablemente por no haber tenido la confianza de recomendarme. En alguna ocasión ya he contado que el catedrático comenzó la carrera en el primer año de su institución en España. Mi padre en el segundo. Los dos eran ya licenciados en Derecho pero Enrique tuvo que solicitar la ayuda de Goyo para aprobar Castañeda y su Teoría Económica. Mi aprobado pudo ser la justa correspondencia, ni siquiera solicitada, a la generosidad de mi progenitor.
Así actuaba mi padre en todos los órdenes de la vida, con esa prudencia y sexto sentido que le caracterizaba.



JOSÉ MARÍA LOZANO IRUESTE


Uno de los profesores que recuerdo con más cariño y admiración fue José María Lozano que desdichadamente, me entero ahora, falleció en Junio del 2006. En realidad podía figurar en el apartado de queridos amigos.


Conocí a José María, en la academia de Jorge Juan, como alumno destacado de mi padre. De inmediato se estableció entre ellos una gran amistad que de refilón también recayó en mí.. Contaba ya con la carrera de Derecho, varios idiomas y algún título más. Por sus grandes dotes como estudiante y por la convalidación de asignaturas se licenció en Económicas en breve tiempo. Con tanta celeridad que fue profesor ayudante de Fuentes Quintana en la asignatura de Hacienda Pública, cuando yo comencé a cursarla; lo que he de reconocer me ayudó de manera notable. Pasados unos años obtuvo la cátedra. Siendo autor también de varios libros referentes a Economía como: "Diccionario bilingüe de Economía y Empresa", "El libro de la pipa"(fumador elegante él de la misma), "Introducción a la Teoría del presupuesto"...y etc.


Lozano era de esas personas que por donde pasan van dejando huella y huella indeleble. Su auténtica vocación fue la diplomacia, presentándose con insistencia durante varias convocatorias a una oposición que, por lo que tengo entendido, ha sido suprimida en la actualidad ya que hoy se eligen los diplomáticos, entre otras cualidades, por su afinidad a los distintos gobiernos de la nación. Profesión para la que se encontraba altamente cualificado, no sólo por la brillantez de sus exámenes, sino también por sus grandes dotes innatas.. Al ser rechazado una y otra vez, alguien le recomendó amistosamente que desistiera de su tenaz empeño. ¿La causa?: aquel defecto físico ocasionado por la explosión de una granada en la Guerra Civil. contienda en la que participó como alférez universitario en el ejército nacional. Lo que debería haber sido un mérito en la España franquista, fue el único impedimento para la consecución de sus aspiraciones profesionales. Entregar su mano derecha en defensa de la Patria conllevó así mismo la entrega de sus bien justificadas ilusiones. ¿Extraño que, al rememorar hoy este hecho, sienta idéntico dolor al que sentí cuando él mismo nos lo confió a mi padre y a mí?. Sin duda, tuvo que asumir una de esas injusticias de la vida que de alguna forma deben ser recompensadas más allá de lo terreno.


José María suplía con creces aquella carencia. Más que con el guante que cubría su prótesis, ésta se desvanecía por el encanto y elegancia que toda su persona derrochaba a manos llenas, sí a manos llenas. Su sabiduría, su preparación intelectual, aquel poder de absorción que poseía para captar el interés de cuantos le escuchaban, su chispa irónica... , hacían de su conversación un algo inigualable. Han pasado ya demasiados años y acontecimientos en mi vida y sin embargo, no he encontrado por el mundo persona alguna que le supere en semejantes dotes. El profesor y amigo que yo recuerdo vigente está, con ese bagaje especial, en mi memoria.


Por añadidura, no había en él resentimiento alguno. Transmitía seguridad, optimismo y alegría. Tal vez por eso su mujer, Luz, también era admirable. No terminaría de sumar elogios hacia esta persona querida y añorada. Me retraigo sólo para que nadie piense que lo hago por esa deuda de gratitud contraída con él cuando aprobé, gracias a su colaboración, la asignatura de Hacienda que impartía Fuentes Quintana, el otro "hueso" de Económicas.

19 febrero, 2008

VALENTÍN ANDRÉS ALVAREZ


Repasando los recortes de periódicos que he ido acumulando, me ha sorprendido un artículo de Juan Velarde Fuertes (Juanito como mi padre le llamaba) titulado "EL ECONOMISTA DE LA GENERACIÓN DEL 27", publicado en ABC el 28-7-91. Juan Velarde fue, como ya dije en una entrada anterior, profesor de Estructura Económica I y II. ayudante de quien ejercía la cátedra, Jose Luis Sampedro escritor y académico de la Lengua. Dicho artículo se refiere a Don Valentín Andrés Álvarez. La relectura de esas líneas me ha sugerido la idea de iniciar en Noray una serie, sobre algunos de los brillantes e insignes profesores que ilustraron nuestro paso por la Facultad de ciencias Políticas y Económicas. A los que, en plena inconsciencia juvenil, apenas valorábamos. Y de los que con el paso de los años hemos ido percatándonos de su alcance y transcendencia; sobre todo en el ámbito político, económico y social de la vida española.

Lo cierto es que las clases de Economía de Don Valentín, como todos le llamábamos, una vez superada la criba de Castañeda, eran para nosotros como una sedación. Sus pasos, acompasados y rítmicos a lo largo de la tarima, elevada unos centímetros sobre el resto del aula, mientras explicaba la asignatura, resultaban un tanto extraños al compararlos con la rigidez y seriedad de la mayoría del profesorado. Sin embargo, la clase se mostraba receptiva y atenta por demás. Intuíamos de alguna manera que aquella persona, menuda e inquieta, almacenaba un bagaje ciertamente misterioso y polifacético que nunca mencionaba. Su buen humor, el trato amable y atento con el alumnado, nos resarcía con creces de su antónimo, catedrático ya mencionado. Sí que se podía advertir sus vastos conocimientos intelectuales, no sólo en el mundo de la Economía, sino también en otros ámbitos que causaban algo de sorpresa, tales como música o literatura. No dudo que mis compañeros, una vez abierto para ellos el campo profesional descubrirían sus múltiples facetas pero la que suscribe, embarcada de lleno en la vida matrimonial y materna, circunscrita al reducido mundo de lo que por entonces era un pequeño pueblo (San Fernando, Cádiz) nunca volvió a tener noticia de Don Valentín.
Por eso los datos tomados del artículo del ABC me sorprendieron en su día y hoy me han llevado a mencionarlos, en un arranque de desagravio personal a tan insigne profesor.
Cuenta Velarde de este joven español titular de dos carreras, Farmacia y Ciencias Fisico-Matemáticas, que trabajaba en el Laboratorio de Investigaciones Físicas de Blas Cabrera, colaboraba en la célebre cátedra de Metafísica de Ortega y por consejo de Garcia Morente impartía clases de Física y Matemáticas; al mismo tiempo un buen literato de la generación del 27. A la que contribuyó con novelas Sentimental Dancing) obras de teatro, poesia (Reflejos) y algún musical (Pim-pam-pum)...Se embarca en la aventura parisina en el año 1919, para especializarse en Mecánica Celeste. Allí, entre otras experiencias y estudios se transforma en experto bailarín de tangos. Hecho éste que viene a explicar sus gráciles paseos por la tarima.
Y una se pregunta ¿cómo este portento de la naturaleza, amigo de Lorca y de Damaso Alonso culmina sus días, desde los cincuenta y un años, de catedrático en la facultad de Económicas; ejerciendo como tal en Madrid y Oviedo?. Simplemente fue el flechazo de un libro: Manual de Economía Política de Vilfredo Pareto lo que trastocó todos sus planes. Dedicándose en adelante al estudio de esta nueva ciencia.Investigando en todas las escuelas existentes( Lausana, Neoclásicos, Círculo de Friburgo...) y recalando desde 1943-44, al crearse la facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, en nuestro querido y viejo Caserón de San Bernardo, donde enseñó que "el gobierno debe abstenerse de intervenir directamente en los procesos de mercado pero debe modificar el orden económico para garantizar los principios constituyentes de Mercado". y que segun otro de los catedráticos, Manuel Torres: "sus trabajos fueron decisivos para que nuestra política económica no fuese, como el tejido de Penélope, un continuo tejer y destejer". ¿Qué pensará hoy, si nos contempla desde algún lugar celeste, de la actual economía socialista?, tejer y destejer.
Este insigne asturiano es objeto de una gran veneración en aquellas tierras donde nació (Grado, o Grau en lenguaje bable). Una Asociación Cultural lleva su nombre, así como una calle de la ciudad de Oviedo. Convocándose periodicamente un concurso internacional de cuentos (ya el XVII) bautizado: Valentín Andrés Álvarez.

Mi modesto homenaje a este catedrático, fallecido en 1982, que pasó por la Universidad sin haber dejado huella traumática en sus alumnos, por el contrario, con esa sensación de roce amable con que pasa a tu lado la sabiduría cuando enseña sin apabullar.

30 enero, 2008

FINAL...LA BECERRADA



Recuerdo la becerrada como de anteayer. Eso que en mis cuadernos apenas escribí diez o doce líneas con pequeños comentarios como :

"Al día siguiente la becerrada, que si no resultó extraordinaria me gustó hasta el episodio del toro y me gustaron los comentarios de los compañeros.
Villalón: "Te aseguro Militos que recé por vosotros"
Marcelino Colodrón: "¿Y Militos qué?, ahí quieta, como diciendo: Si a Pepe le coje a mí también".
Por la mañana en las clases, fue la comidilla de la facultad y yo no sabía donde meterme aunque en el fondo estaba encantada. La comida en el campo muy agradable y me halagó que el chico de la vespa me enseñase las dos entradas que había comprado para invitarme al baile de gala. Sin saber, el pobre, que tenía novio y lo de dejarme bailar con otros era algo por lo que no estaba dispuesto a pasar. Bastante le había costado que estudiase con tantos chicos, estando él tan lejos."


No escribí más, y no sé si Pepe tuvo miedo, a mí creo que ni siquiera me dio tiempo. Fue tan repentino que no pudimos hacer otra cosa. El improvisado ruedo estaba lleno de compañeros; todos hablando en corrillo. Yo al lado de Pepe y del resto de la pandilla. En un instante nos vimos solos, sin conocer la causa. El con sus muletas que le ayudaban a caminar con bastante dificultad. No recuerdo cuando conocí a Jose María Echevarría. Debió de ser por Jesús (el amigo de Julio que estudiaba Industriales en la Escuela del Paseo de la Castellana y que venía algunas veces a buscarme a la Facultad, para hablarme mal de su íntimo amigo e intentar desengañarme de mi noviazgo). El y su hermano Perico eran , como Julio y Jesús, antiguos alumnos del colegio del Pilar. Pepe tenía una gran problema en las piernas y se ayudaba con las muletas. Lo más probable consecuencia de una poliomelitis. Se notaba que hacía grandes esfuerzos para caminar. Sin embargo era muy animoso y participativo. Los dos encajamos pronto por lo que rapidamente se incorporó a nuestra pandilla, donde todos le apreciaban. Tengo que reconocer que mi pandilla de Económicas era especial y cómo lamento haberles perdido la pista. ¿Qué habrá sido de cada uno? Cuando me decidí a escribir estos banales recuerdos tenía la esperanza de encontrarme con alguno por Internet.
Jose maría contaba también con su excelente hermano Pedro que estudiaba Derecho y siempre venía a recogerle. Por lo que sé, continua a él por completo dedicado, ya que ahora, mi gran amigo Pepe, necesita la silla de ruedas para desplazarse. Esto lo supe de casualidad. Al cumplirse el centenario de la fundación del colegio del Pilar, Julio estuvo llamando a algunos compañeros para las celebraciones y Pedro le dijo que no podía asistir a ningun acto al tener que cuidar de su hermano. Yo, cobarde, no me atreví a comunicarme con ellos. Precisamente los dos hermanos fueron de los pocos compañeros que asistieron a mi boda, un 5 de Agosto,

Aquella tarde de toros no debía estar Pedro. Cuando más enfrascados estábamos en la conversación, repentinamente sentimos un silencioso vacío a nuestro alrededor. Nos miramos sin comprender aquello y a renglón seguido descubrimos frente a nosotros, un montículo próximo completamente abarrotado de personas, sin caer en la cuenta que eran los mismos que, en el momento anterior, nos acompañaban. Sentí la presión calurosa de un brazo de Echevarría sobre mis hombros en ademán protector. Fue entonces cuando giré la cabeza y ¡horror!, una especie de masa negra con dos aspas afiladas en lo que parecía una cabeza, se nos echaba encima a toda velocidad. No formulamos palabra alguna y permanecimos anclados en la tierra, como deben anclarse los cimientos de los rascacielos. Ya de cerca, comprobamos que no era una auténtico toro sino un becerro crecidito que antes de toparse con nuestros rígidos cuerpos, no dudó en describir una pequeña parábola, para seguir con su desbocado embiste. Ahora sí, todos nos llamaban y aplaudían. Nos ahorramos los reproches y buscamos el sitio más próximo para sentarnos juntos. Ya casi siempre juntos en las clases hasta que colgué la carrera para casarme. Bueno la carrera no, sólo mi asistencia a las clases, porque seguí estudiando y presentándome a exámenes hasta que la terminé, en mi séptimo embarazo.

17 enero, 2008

PASO DE ECUADOR__II

Por fin encontré la foto de la opípara comida.

A mí derecha Jose Mªechevarría (el sufridor conmigo de la becerrada), a la izquierda Carrasco, Carmina y Alejandro. En frente, mi gran amigo Tomás con pan en la mano, Estrella, Marcelino de Dios y alguno más.

Con toda sinceridad debo confesarlo:¡en blanco!. Y cada vez que entro en Noray, desde el 25 de noviembre, mi mente se bloquea. Creo que hice mal en publicar esa fotografía de Castañeda. Por más que hablo de madurez, en el fondo, la imagen de aquel personaje que marcó mi carrera universitaria, como la de tantos economistas de los primeros años, continua paralizando mis neuronas.

Pero hoy estoy aquí, decidida a continuar con estos recuerdos de universitaria que dudo interesen a nadie pero que reviven para mí una época de risas y amistades, donde fui feliz sin tener conocimiento de que lo era. Eso es lo malo de la felicidad, hace tan poco ruido que sólo la descubres cuando ya se ha ido.

Nuestro Paso de Ecuador, según el programa de festejos que, junto a la fotografía de la comida y dedicatorias de profesores y compañeros, conservo en una vieja carpeta de color verde y rígido cartón, lo celebramos del 17 al 22 de febrero de 1958. El objetivo de tal celebración era el de festejar juntos, los que juntos iniciamos la andadura universitaria. Carecía de interes el hecho de que la la carrera se hallase o no en la meridiana de asignaturas aprobadas.

La lectura del pregón tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad, salón majestuoso donde se convocaban los actos más significativos: Apertura de Curso, entrega de becas, títulos, doctorados, conferencias... . Como vivíamos sombreados por lo que hoy se ha dado en llamar nacionalcatolicismo, que por cierto, a nadie perjudicaba, se celebró una Misa de libre y multitudinaria asistencia. Comprendo que en el nuevo siglo no pueda ni vislumbrarse ese aire especial de fiesta con que se revestían los actos iniciados con la Santa Misa. El Sacrificio del Altar presente para todo el que deseara aprovechar aquella gracia, libre y gratuita.

Regresan a mi memoria las canciones de la Tuna; el baile con uno de los tunos y mi percance con la combinación. La comida con profesores y alumnos y ¡cómo no!, la becerrada. Por supuesto , no faltaron pantomimas, teatro, encuentros deportivos y hasta un Auto Sacramental. En el programa leo que hubo un baile de gala en el hotel Castellana Hilton. Con sorpresas y gran fin de fiesta, al que no asistí, porque por ahí no pasaba el novio ausente que se encontraba en la Escuela Naval. La comisión organizadora le dio el nombre de "Baile del Oligopolio", como no podía ser menos tratándose ya de medio economistas.
Pienso que mejor que estrujar mi memoria extrayendo vivencias más o menos exactas, será mejor copiar tal cual, lo que sin duda escribiría por aquellos días. Sí recuerdo que disfruté como no creía posible, sobre todo por la timidez y complejos que siempre me asaltaban ante esas reuniones masivas. Por entonces ya había cambiado de pandilla por otra más afín a mi manera de ser. Más o menos el grupo lo formábamos: Tomás Garcia Docio, Jose María Echevarría, Marcelino de Dios, Carrasco, Alejandro Mola, Manolo Centeno, Carmina Hidalgo, Mary Cruz....

He rebuscado en varios cajones y en los cuadernos de esos años y lo único que encuentro es un papel amarillento, plagado de curvas y fórmulas con integrales por un lado y por el reverso una pequeña reseña, a año pasado, sobre nuestra fiesta. Por lo tanto con aquellas líneas y con mis recuerdos voy a intentar resucitarla.

"Soy feliz oyendo Clavelitos. Recuerdo mi Paso de Ecuador y me repito una vez más que han sido los mejores días de Facultad. Un tuno me dio un clavel y ma sacó a bailar. Al día siguiente salio un trocito de mí en el ABC"."

La ronda de la Tuna tuvo lugar en el patio trasero de la Facultad. Los propios tunos organizaron el bailoteo. El que me sacó a mí era bastante feo y bajito. Le conocía con anterioridad y siempre me pareció muy simpático. Cuando más entusiasmada me encontraba, sentí que algo se me aflojaba por la espalda; no tardé en darme cuenta que se trataba del corchete del forro negro que solía ponerme debajo de las faldas (nunca me gustaron las combinaciones que se llevaban porque abultaban mucho y para sustituirlas me hice un forro negro y otro blanco alternantes, según el color de los vestidos). Salir de aquel percance fue cuestión de segundos. Entre paso y paso propiné una patada al dichoso forro que de manera inexplicable desapareció entre la polvareda que levantaban nuestros pies al ritmo de la música. Al parecer nadie se percató, pero ya para siempre el machacante "Clavelitos" y una suave tela de raso acariciando mis piernas, van unidos en ese universo atemporal de los recuerdos.

El jueves 20 de febrero nos reunimos para la "Opípara Comida", según el programa, en el Círculo de la Unión Mercantil. No memorizo si fue opípara o no, pero sí divertida y animada. En la foto veo que al final me decidí por el vestido negro estrecho y de manga corta que hicimos entre Julia y yo. Con el cinturón ancho de ante color rojo. Guardado durante años y años por si alguna de mis hijas lo aprovechaba y del que me deshice últimamente. A los postres nos movilizamos para intercambiar dedicatorias en la invitación: "A unos ojos negros" de Alejandro Mola; "A mi petit poupé", no descifro su firma. "Eres tan guapa como buen economista tu padre", creo que de Manolo Centeno, a lo que respondió nuestro profesor de Estructura Económica, José Luís Sampedro: "Economista no sé, pero guapa, ¡bárbaro!". Sin duda ya despuntaba como académico de la Lengua. Como oro en paño guardé esta tarjeta con autógrafos inspirados y cariñosos. Había entre nosotros una corriente de compañerismo y afecto que todavía hoy añoro. Como oro en paño, hasta que hace unos meses quise tenerla más a mano y, por no sé qué extraño maleficio, no soy capaz de encontrar.

Y para no alargar más este tramo de añoranzas, dejo para mañana la narración de la becerrada con la que finalizaré el relato del Paso de Ecuador.

25 noviembre, 2007

PASO DE ECUADOR I






!!CASTAÑEDA!!---------------------
Fuentes Quintana y Juan Velarde (dos de mis profesores a ambos lados de Montoro)



Una vez adquirida la madurez universitaria cualquier alumno, matriculado en tercer curso, era apto para celebrar el Paso de Ecuador. Y ¿qué requisitos se requerían para ostentar dicha madurez?. No, necesariamente, la mitad de la carrera debía estar aprobada pero sí una medida, formulada a nivel de intelecto individual, se consideraba como necesaria y suficiente. Y esa medida no podía ser otra que haber pasado por la criba de ¡Castañeda!. Confieso que en esta apreciación yo jugaba con ventaja, dado que, desde que puse mis pies y mi cabeza en la Universidad, conocía de antemano esa dura confrontación por la que tenía que pasar de manera inevitable. No en vano, en la familia, vivíamos con intensidad la trayectoria de la mayoría de los alumnos particulares de mi padre, con sus anécdotas fantásticas, sus cruentos aprobados y su repetitivas calabazas. Si mal no recuerdo, pocos fueron los que aprobaron dicha asignatura a la primera. Quizá, el que luego sería gobernador del Banco de España,Luis Alfonso Rojo (alumno paterno) porque Ramón Tamames (Iden de iden) catedrático de Estructura Económica, no tuvo esa suerte. No recuerdo si Isidoro Alvarez (dueño del Corte Inglés por decisión de su tío, Ramón Areces quién delegó en mi padre su formación económica, recién arribado a Madrid ) pudo pasar ese Rubicón con igual diligencia.



Llegados a este punto, creo que debo dar a conocer algunas de las características de D. José Castañeda. Catedrático de Teoría Económica de segundo.



Castañeda, en su día, quiso captar a mi padre como ayudante de cátedra. Honor que no pudo aceptar por verse obligado a abandonar sus clases particulares. Lo que hubiera supuesto un gran perjuicio crematístico para la familia. En ellas invertía todas las tardes con tres o cuatro grupos muy numerosos, llegando al extremo de que para incorporarse a ellas se precisaba recomendación de amigos, e incluso en algunos casos, de personalidades destacadas de la vida pública. Y no porque mi padre tuviera prejuicios o persiguiera prebendas, sino por la falta de capacidad física de la academia. Lo que no era óbice para integrar en ella, gratuitamente, a militares, sacerdotes y religiosos. Siendo varios los Jesuitas que pasaron por allí y que más adelante instituyeron la carrera de Ciencias Económicas en la Universidad de Deusto. Por entonces nos encontrábamos los seis hermanos cursando estudios en colegios religiosos y en edad de crecimiento, con sus exigencias correspondientes. Aquella renuncia de mi padre fue una gran decepción para D. José que, a mi juicio, nunca perdonó. Reafirmo esta opinión por su desmedida afición a descalificar con dureza, durante las clases y exámenes orales, a esa especie de lacra que, para él, eran los profesores particulares. A este respecto, conservo también un recorte del diario el País (07/06/1983) en el que J. Estefanía le entrevista. Al preguntarle por la valía intelectual de algunos economistas de la época, cita a Fuentes Quintana (ministro de Economía y Hacienda, en la transición), Juan Velarde, Jose luís Sampedro y Marto Ballesteros. Como entre ellos no menciona a "Goyo", el periodista pregunta:



_ "¿Cuales son los otros alumnos que quiere destacar? ¿No se tratará uno de ellos del popular Goyo, que explicaba su asignatura en una academia de la calle de Jorge Juan, por la que pasaron centenares de estudiantes?.


_No, Goyo era muy trabajador y dio muchas clases, pero yo me refiero a un italiano, Luciano Pistolessi, que hizo unos apuntes excelentes de mis explicaciones... . Ballesteros y Pistolessi han sido los mejores; españoles no quiero decir, el mismo Goyo, Fuentes Quintana era el primero, no voy a decir...


Lo que Castañeda ignoraba era que mi padre, ayudó a Fuentes (de la primera promoción y mi padre de la segunda) a superar la Teoría Económica. Siendo mi padre matrícula de Honor de dicha asignatura y primer premio extraordinario de fin de Carrera.


CARACTERÍSTICAS DE D. jOSÉ CASTAÑEDA:


_Gran inteligencia

_ Licenciado en Derecho.


_Ingeniero Industrial.


_Sabedor de toda la Teoría Económica conocida, en aquellos años, en España y Extranjero.

_Sus clases precisas y claras-

_Personalidad francamente insoportable

_ Tenía a gala suspender a mansalva.

_Exigente, antipático y por supuesto machista.




Se decía de él que en la Guerra Civil (1936) , había ejercido de comisario político en el bando republicano, o mejor dicho comunista. Sin embargo Franco, valorando sus capacidades, no debió creer conveniente su depuración. Algo que la mayoría de sus alumnos lamentaba profundamente.

Consiguió la cátedra por concurso- oposición y pudo dar sus clases con toda libertad. A decir verdad, nunca politizó en ellas, como sí era frecuente entre algunos profesores. En esta cuestión siempre destacó Jose Luis Sanpedro, catedrático de Estructura Económica. Hoy académico de la Lengua, insigne escritor y famoso por sus descaros. Sus enseñanzas eran todo un tratado comunista contra el régimen imperante. ¿Falta de libertad en los llamados cuarenta años de dictadura?. El aprendizaje de la asignatura se salvaba gracias a la frecuencia con que delegaba en su ayudante, Juan Velarde, (Juanito para mi padre, con el que aprobé Estructura Económica I y II). Este profesor por el contrario, nunca mostraba su partidismo en uno u otro sentido. Alguna vez, fallecido Franco, asistí a conferencias suyas y me sorprendió su derechismo y su reconocimiento de las altas cotas, industriales y económicas, conseguidas por España a lo largo de esos cuarenta años.



El aula de Teoría Económica de segundo aparecía cada día enormemente poblada de alumnos (la inmensa mayoría repetidores). Hecho éste que contrastaba con las ausencias contabilizadas cuando Castañeda pasaba lista para sacar a la pizarra. Todos ausentes. Cuando yo llegaba a la academia de mi padre, su primera pregunta era:


_¿Ha pasado lista Castañeda?.


Con esa impunidad siempre descubría mis escapadas; si respondía sí, era que no y viceversa. Y yo avergonzada por sus rapapolvos delante de los alumnos, que con anterioridad le habían informado de tan simple detalle. Pero mi padre no era rencoroso y cada tarde terminábamos la clase, junto con algún alumno que se nos unía, en "La Maja de Goya", taberna de la calle Narvaez, adornada con unos grandes toneles que nunca supe si llenos o vacíos. Aun hoy en mi paladar aquellos sabores de sepia a la plancha o deliciosa langosta que el dueño reservaba con predilección para sus más fieles clientes. He de volver un día de estos para ver qué otro banco o comercio ocupa hoy lo que fue lugar tan castizo y sabroso.
No he podido por menos de entretenerme con este inciso, asaltador de mi relato, para dejar testimonio del placer compensatorio que aquellas clases conllevaban. Lo siento, he de retornar a la aridez de hacer entender el clima y suspense con que semejante catedrático revestía la enseñanza de la Micro economía.


De cuando en cuando, alguna atrevida alumna osaba darse a conocer ante la pizarra. Bien preparada se suponía para llevar acabo tamaña audacia. Inútil, al menor síntoma de titubeo, de manera invariable, resonaba en el aula su exabrupto preferido:



_"Con razón digo yo que la mujer donde mejor está es en la cocina".



De nada servía el murmullo reprobador y colectivo. Por parte de algunos igualmente reprobador, a pesar de que en sus adentros aprobaban la aseveración CASTAÑERIL En este instante me pregunto si la manida frase: "Tiene castañas" será un acerbo derivado de tal apellido. En la siguiente ocasión si alguna falda (el pantalón no se había implantado aun como prenda femenina de uso diario. Y las alumnas, por otro lado ya no teníamos que recurrir a él, como cuando Concepción Arenal se vio obligada a disfrazarse de hombre para poder acudir a la Universidad en tierras gallegas. ¡Qué gran mujer!. Otro día contaré algo de su historia tan desconocida o ignorada por las feministas de este país)), pasase lo que pasase, la susodicha aguerrida, se colocaba delante suya sin aparente temor a reproche alguno. El rebuscaba, entre su infinita colección de pegas, para encontrar la más enrevesada y tener ocasión de lanzar la acuñada frasecita. Una y otra vez: "en la cocina"; no podía modificarla: en la casa o en la cama... ,no, siempre en la cocina. Sin duda su mujer debía destacar en dicho elemento doméstico, por defecto o por exceso.



Sinceramente confieso que no nos daba por lo trágico, ni por lo feminista. El propio catedrático nos servía en bandeja la revancha al comprobar como también los alumnos varones, no tardaban en cargar con sus desplantes: "Inmediatamente a su sitio", gritaba al que, en un gesto nervioso, tenía la osadía de introducír su mano en el bolsillo; ya no se molestaba en indagar si el desdichado había preparado el tema o no. O cuando otro ingenuo, para demostrar que había entendido con perfección su explicación respondía:


_"De acuerdo".


La voz del catedrático , alzada a decibelios incontrolados, retumbaba en el aula:


_"¿Cuando podremos estar de acuerdo usted y yo?". Como si quisiera decir: !Todavía hay clases!


Con tales antecedentes no era de extrañar, estando el aula en plenitud real de alumnado, la ausencia casi total ante la aventura de la pizarra.


Sin embargo, al releer hoy esta entrevista de J. Estefanía Moreira, he descubierto que aquella dureza implacable de D. José Castañeda, tenía un objetivo premeditado. Objetivo que se revela cuando el entrevistador, también antiguo alumno suyo, le asevera:


_"El profesor Castañeda ha sido considerado en la leyenda de los cuarenta años de facultad como el más duro. Todos sus alumnos debimos sufrir mucho para aprobarle".


Respuesta del duro profesor:


_"Es cierto. era durísimo, pero es que tenía ilusión por la facultad. No había otra en España. Haciendo trabajar se conseguía una buena formación. La prueba es que, según ha reconocido la gente, hasta en la forma de hablar o de escribir en la Prensa se ha impregnado un cierto lenguaje que fue enseñado en la facultad. Yo he apretado mucho pero el nivel de los alumnos que llegaban a la facultad era muy bajo. No sólo por el contenido sino por el sentido de la orientación."





Así ¿que era por el lenguaje y la orientación?. Menos mal que D. José ya descansa en paz y no puede contemplar los nuevos niveles del alumnado español. También ellos descansaran en paz, seguro.



Yo pasé por aquella criba oral dos veces. Pero ya la primera, a pesar del resultado, sentí sobre mis hombros el espaldarazo con el que se adquiere esa madurez universitaria que te marca para el resto de tu vida.


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El color naranja fue elegido por sus fundadores para la facultad de Económicas, por lo que escribo con él las líneas anteriores. Doy por supuesto que en eso no habrá habido variaciones.

12 junio, 2007

CHIKI-------FINAL

http://es.youtube.com/watch?v=-r9mML4uBDE

Chiki siempre se sentaba a mi lado,continuamente de broma, todo le hacía gracia y con él era imposible no reír. Sobre todo en las clases de Matemáticas con aquel profesor de apariencia insignificante y voz tan baja que a penas se le escuchaba. Una mañana alguien gritó desde lo alto: "Que venga el catedrático a ver si nos enteramos de algo". El profesor se volvió de la pizarra y sin el menor gesto de ira contestó: "El catedrático soy yo". La clase enmudeció. Resultó ser Don Sixto Rios, la mayor eminencia en la ciencia matemática del momento, con fama universal.

Entre clase y clase, salíamos a la calle de San Bernardo (nunca pude entender porqué se cantaba aquello: "La calle ancha de San Bernardo tiene una fuente con siete caños...": ni la calle era ancha, ni descubrí fuente alguna cuando la busqué. En una pastelería cercana animábamos al estomago con algún pastel o bollo. Recuerdo, y no sé porqué, como Marcelino, gallego él, siempre pedía una especie de rosquilla bañada con huevo caramelizado, de nombre: "Vergara". ¡Qué insustancial resulta a veces la memoria!. Lo más significativo era como, a medida que pasábamos de curso, nuestros gustos alimenticios viraban hacia los bares cercanos donde unos suculentos bocadillos de anchoas, a peseta la unidad, reponían nuestras fuerzas para volver a las clases.
Después de sufrir algunos exámenes parciales, en los que inconscientemente reíamos y jaleábamos las bromas en alto de los más osados, llegaron las vacaciones de Navidad y fue entonces cuando Chiki quiso dar un paso más allá del puro compañerismo. Allí estuvo Pilar para impedírlo de cuajo. Nunca sabré si para bien o para mal.

Julio seguía aun en la escuela Naval, sus vacaciones comenzaban más tarde, cuando Pilar me llamó muy cariñosa para decirme: "Fíjate me ha llamado Chiki para pedir tu teléfono porque quería invitarte a esquiar. Le dije que no se lo ocurriera que tenías novio formal". Mi reacción fue de enfado: "¿por qué se lo has dicho?". Su respuesta: "Pero bueno, ¿tú no tienes novio?". Y contesté: "Sí, pero me apetecía verle". La que se enfadó entonces fue ella: "No puedo entenderte, yo creí que lo de Julio iba en serio". Pilar y mis compañeras del "PREU", como sólo fuimos nueve, vivieron intensamente los prolegómenos del noviazgo de aquella que iba para monja. No era de extrañar, mi amiga pensaba que si te decidías por uno ya no podía gustarte nadie más. De ahí su empeño con Marcelino. He de reconocer que esa fue también mi creencia hasta que apareció el susodicho. Por eso me sorprendió que revolucionara mis parámetros hasta ese extremo . El no me llamó y dijo a Pilar: "Eso se avisa antes".
Transcurridas las vacaciones Julio volvió a la Escuela y yo a la Facultad, con algo menos de apetencia que al principio. Una mañana, que hasta hoy permanecía aletargada entre esos recovecos de la memoria que de improviso alguien o algo desempolva, al llegar a clase encontré bajando por la escalera, a Chiki con Chelo Zabala. Me pidieron les acompañara a una óptica cercana para recoger unas gafas. Sin que ninguno de los dos lo propusiéramos nos encontramos, el medio sentado en un mostrador y yo de pie frente a él, mirándonos sin decir palabra.Ignoro que clase de reactivo o carga eléctrica provocó aquella chispa. No sé los minutos que pasaron, a Chelo estaban atendiéndola, pero sigo reconociendo esa forma de mirar, imantados, sin interferencias. Por extraño que parezca una fuerza superior, ajena a nosotros, intervino en aquel instante de abstracción y la sonora carcajada de los dos, transformó en simple vidrio roto lo que pudo ser frágil cristal de Murano. Por una absurda asociación de ideas, cuando escucho a Los Secretos (a los que mi hija me ha adicionado):"En un vidrio mojado escribí tu nombre...", es una mirada lo que me perturba.

Nunca comentamos su llamada a Pilar. Dejó de sentarse a mi lado y terminaron sus bromas. Pero disfrutando la ausencia de un profesor, el grupo reunido en la galería,
apareció Chiki con su inseparable guitarra y, sin dejar de mirarme, comenzó con una ranchera:" Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza... pero ya estaba escrito que aquella tarde... perdiera su amor". Todos le coreaban, nadie conocía el tema y Pilar no estaba presente. Yo me entristecí y en lugar de quedarme quise desaparecer aunque no sabía el modo.
El curso siguiente pregunté a sus paisanos por él (eran muchos los canarios que estudiaban Económicas en Madrid. La de San Bernardo era la única facultad existente de la licenciatura. Instituida en España desde el 1944 o 45). Me enteré por ellos que no regresó del archipiélago.

P.D.: estos han sido mis recuerdos actuales sobre este episodio. Al leer lo escrito en mis viejos cuadernos, la única corrección que he de hacer es la de que Chiki también cursó el segundo año en nuestra facultad. Pero ya apenas hablábamos, casi siempre por mi culpa ya que hacía todo lo posible por no encontrarme con su mirada. Debió quedarse en su tierra a partir del tercer curso. No vuelvo a mencionarle ni siquiera en el Paso de Ecuador.
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