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20 abril, 2009

MI PROFESOR DE ECONOMETRÍA




Quedan aún algunos ilustres profesores de la Facultad, sin traerlos a esta especie de memorial universitario, como el vital y divertido Cepero cuyas clases de Sociología resultaban tan atractivas, profesor ayudante del catedrático Elisarrague, alumno éste en su día del maestro Ortega como él tan a menudo lo invocaba, trayéndole con constancia a sus clases viniera o no viniera al caso. Al mencionarlo se levantaba de la silla y exclamaba, haciendo una inclinación de cabeza: "El Maestro". Nunca se me borrará de la memoria este simbolismo que hablaba por si solo. Pero entre todos los que recuerdo y todavía no he rendido homenaje quedan dos con los que me siento en deuda: Juán Velarde, ayudante de Jose Luís Sanpedro, catedrático de Estructura Económica I y II, de los que en ocasiones si he hecho alguna mención. De manera muy destacada por su personalidad y por el grado de amistad que le unía con mi familia, figura: Angel Alcaide Inchausti.


Fallecido en 1996, al evocarle ahora vuelve a mí su imagen inconfundible, de pelo negro, abundante y alborotado, su inseparable bigote y su eterno cigarrillo en la mano izquierda. Reunía en sí mismo todos los cánones del sabio distraído. Algo que nadie se ha molestado en averiguar es: si esas personas son distraídos por sabios o más bien son sabios por distraídos a todo lo que para los demás nos resulta imprescindible y para ellos es puramente banal. Angel, ciertamente era la sabiduría en cuanto a la asignatura de su cátedra, en aquellos años donde nadie definía con acierto en qué consistía la Econometría.


Había nacido en Hinojosa del Duque (Córdoba) el 16 de Agosto de 1918, padre de familia numerosa, siete hijos y hermano de otro célebre Alcaide, Julio quien, antes de despuntar como acreditado estadístico español, fue famoso por sus dieciocho hijos que le hicieron acreedor al premio de natalidad con el que por entonces, se honraba y apoyaba a las familias más numerosas de España, a las que se les reconocía sus méritos con el regalo de un chalet o un piso de proporciones acordes al número de hijos.

Angel, licenciado en ciencias Exactas por la Universidad de Madrid (1940), obtuvo más tarde la licenciatura en Ciencias Económicas, cuando se implantaron estos estudios en España, al mismo tiempo que mi padre por lo que surgió entre ellos una amistad inseparable que no se rompería hasta el fallecimiento de Goyo (mi padre) en 1996, pocos meses después fallecería también este insólito y gran introductor de la Econometría en España. Para nosotros era de esos amigos que no precisan invitación para acudir a la casa.

Fotografía del catedrático ya en avanzada edad que toda su vida dedicó a la docencia e investigación. Hasta casi el final de sus días desarrolló su actividad docente en la universidad a distancia (UNED), donde ejerció de profesor en las áreas de Matemáticas, Estadística, Econometría y Modelos econométricos.



Profesó también la enseñanza en la Escuela de Estadística de la Universidad Complutense de Madrid, impartiendo distintas asignaturas como: Matemáticas de grado superior, Estadística, Econometría...etc...

Fue condecorado con la Cruz del Mérito Aeronáutico al dirigir un seminario sobre Aplicaciones del modelo de Leontief a problemas militares.

Una anécdota que define sus rasgos de sabio abstraído en pensamientos y enseñanzas, era aquel despiste al que con frecuencia nos tenía acostumbrados, parece que de nuevo le veo desde aquellos últimos bancos del aula escalonada, en los que me gustaba acoplarme para dificultar la salida a la pizarra. Con la tiza en la mano derecha y el cigarro en la izquierda iba llenando aquel encerado enorme con signos y números que nadie entendía, para más tarde dar unas explicaciones que en verdad seguíamos sin entender. Pero era tal su abstracción que a medida que se veía obligado a agacharse para rellenar la parte baja de la pizarra, el cigarrillo se consumía entre sus dedos y, sin percatarse que aquella había llegado a su fin, continuaba escribiendo en la misma pared, con el cigarrillo brincándole entre las manos antes de caer al suelo, lo que provocaba un descarado jolgorio entre el alumnado.
Sus escritos son abundantes destacando entre ellos:
Lecciones de Econometría y Métodos Estadísticos (1966)Estadística Económica (1973)
Matemática Moderna para Economistas (1973)
Cálculo Infinitesimal para Economistas (1980)
Curso Elemental de Econometría (1982)


Fotografía familiar donde aparece el matrimonio Alcaide con mis padres y unos amigos. Angel destaca por su bigote, a su izquierda mis padres. La foto esta muy deteriorada, pero el destrozo de la cara de mi madre fue obra de ella que, cuando no se gustaba en alguna fotografía, para no romperla por completo ararañaba o tachaba su imagen. Sin duda las mujeres más guapas, y mi madre lo era, no pueden tolerar que los fotográfos no las saquen favorecidas. Yo no he heredado esa costumbre materna, cuando no me gusto en una foto me aguanto y la hago pedacitos, algo que sucede con frecuencia.

Para mí el examen de Econometría no tuvo dificultad alguna ya que Angel delegó las preguntas orales y de pizarra en su profesor ayudante, el célebre Pacho de las clases particulares de Estadística.

Sin embargo, algo más accidentada fue la prueba por la que tuvo que pasar mi cuñado Dino, marido de mi hermana Carmina, para
finalizar su carrera. Debió de ser en la tercera convocatoria cuando consiguió aprobar y gracias al empeño de la que entonces era su novia, quien insistía e insistía a nuestro catedrático amigo para que fuera benévolo con su "grifo", como mi padre solía apodar a los novios de sus hijas, algo de lo que nunca supimos el porqué. Angel con todo ese manojo de nervios que le caracterizaba daba vueltas por la tarima diciendo a mi hermana:

_ Mary Carmen que no sabe nada de nada,.

_ Pues yo no me muevo de aquí hasta que le apruebes.

_Que te digo que no sabe.

_ Claro, si no le preguntas los números índices... Tú pregúntale eso y verás como sabe.
Efectivamente los Números Índices resolvieron aquella espinosa cuestión y Dino terminó la carrera de Económicas algo más tarde que mi hermana.

Ese era el grado de amistad que nos unía a toda la familia con Angel Alcaide. En un rincón de la iglesia donde celebramos el funeral de mi padre, perdido entre la multitud de alumnos y amigos que llenaron la vida de Goyo, lloraba a lágrima viva la marcha de su amigo inseparable. Pocos meses después, en otra iglesia, mi hermana y yo despedíamos de la misma forma a esta persona de imborrable recuerdo para nosotros.

27 junio, 2008

LAS CLASES DE ESTADÍSTICA








Al empezar el curso nuestro profesor de Estadística se encontraba preparando la cátedra de dicha asignatura, por lo que su presencia no era muy frecuente en la Facultad. Contaba con varios profesorea ayudantes. El futuro catedrático se llamaba Gonzalo Arnaíz. Y fue él uno de los introductores de la Estadística en la Universidad española. Siendo licenciado en Ciencias Exactas por la Universidad Complutense de Madrid, orientó su vida hacia la Economia, finalizando el estudio de esta carrera en 1952 con Premio Extraordinario. Su gran aportación a la Universidad fue la introducción de la Estadística en la Economía. Simultaneaba las clases ejerciendo de profesor en la Escuela de Estadística. Más tarde en 1959 ingresó en la Academia de Ciencias Sociales y Políticas.
En 1959 actuó de asesor en el plan de estabilización de dicho año. Sus publicaciones sobre temas económicos, matemáticos y estadísticos son innumerables. Entre ellas: "Algunas cuestiones de Econometría", "Estadística Española" y varios libros para la enseñanza universitaria como: "Matemáticas para Economistas" e "Intruducción a la Estadística Teórica"
En el curso 1970-71 impartió clases en la Universidad de Venezuela.
Fue nombrado Vicedecano de la Universidad Autónoma de Ciencias Económicas de Madrid, donde se mantuvo dando clases como profesor emérito hasta unos meses antes de su muerte, ocurrida en 1990.

Pero mis auténticos recuerdos de este profesor son los de una persona muy cercana a sus alumnos. Gozaba de una fina ironía que no causaba daño a nadie y que por el contrario, con ella amenizaba sus clases. Lo que más admirábamos en él, era esa agilidad mental con la que desarmaba cualquier argumento en unos segundos.
Por la circunstancia de su preparación para la cátedra no pudimos verle con frecuencia y fueron sus ayudantes quienes impartían a menudo las clases. Uno de ellos. Francisco LLadó, Pacho para nosotros, fue de los alumnos más veteranos de mi padre. Nunca supimos si los suspensos en Castañeda eran fruto de su apego a aquel sitio que tenía reservado en Jorge Juan y en la amistad y cariño de la familia al completo, o porque realmente no merecía superar aquella asignatura.


Pacho procedía de Palencia, donde su familia poseía una fábrica de las famosas mantas palentinas. Lo cierto es que con ellas nos calentábamos todos en la calle O'Donnell durante aquellos frios inviernos de Madrid, anterior a los descubrimientos del temido Cambio Climático. Pudiera ser que de esa manera, en especies, abonase sus clases particulares. Como todos los estudiantes venidos de fuera, su entusiasmo madrileño era excesivo, por lo que ninguno tenía demasiada prisa en terminar la carrera y regresar a su lugar de origen. Hay que reconocerlo, aquel Madrid inofensivo tenía un atractivo magnético. Los paseos por la Gran vía a cualquier hora del día o de la noche, las escapadas a los cines de mañana como el Azul a un paso de la Universidad Central, donde lo que menos importaba era la película que proyectasen. O aquel establecimiento de los Sotanos recien inaugurado que fue una auténtica novedad, con toda clase de juegos y que más tarde se devaluaría por causa de la droga. En la Plaza de España, a la sombra de Don Quijote y Sancho se formalizaba el compañerismo y la amistad.


También existía otro mundo desconocido para el alumnado de provincias, el nocturno que para nosotras estaba vedado pero del que descubríamos algun indicio por los comentarios y las ojeras de nuestros compañeros. Algunos nombres de revistas musicales y vedettes de fama, bares que parecían cerrados y a los que mi padre tenía que acudir, a altas horas de la noche, para liberar a algunos de sus alumnos antes de que los llevasen a la comisaría.

LAS CLASES DE ESTADÍSTICA

No me importa confesar que al abrir por primera vez el libro de Estadística, pensé que lo habían escrito en chino. En principio me apunté a las clases particuares de mi hermano pero al no poder afrontarlas sin lágrimas porque, si con sus enamoradas alumnas se portaba de aquella manera, tener a su libre disposición la ignorancia de su hermana elevaba las cotas, de merecidos agravios por mi parte, a la enésima potencia. Reconozco que era guapo , el Gregory Pek de Jorge Juan le llamaban, dado su parecido con el artista, pero mi parentesco de fraternidad me libraba de caer en sus redes. Nuestro inseparable Pacho se ofreció a sustituir a mi hermano. Por entonces ya había conseguido licencenciarse en estudios, porque de Madrid no pudo hacerlo nunca. Aquí contrajo matrimonio llegado a la madurez con una viuda mayor que él y aquí terminó sus días antes de lo esperado. Con un pequeño grupo de cinco se le hizo hueco en la academia y todos felices, sobre todo él que ya contaba con un motivo más para no regresar donde las mantas.



Poco después Tomás, Jose Ramón y yo nos disgregamos de los otros dos y le pedimos dar las clases en casa de éste último.

Vivía Jose Ramón en un lujoso piso de la calle Alcalá en confluencia con la que, por entonces, se conocía con el patriótico nombre de General Mola. Aquello sí eran unas clases relajantes. Lo que se dice Estadística no aprendimos mucho, pero en cosas de la vida muchísimo; por lo menos yo que era neófita total. Las suculentas meriendas que nos servía la doncella uniformada hasta cofia, eran el colofón de aquellas clases. De allí surgiría también mi relación de más que amigos con Jose Ramón. Pero nada más.


EJEMPLO DE UNA CLASE DE PACHO, recogida de uno de mis numerosos cuadernos:


Sacar los apuntes, hoy vamos a ver:


Variables aleatorias distribuidas conjuntamente. Lo mejor es que vayáis copiando:

Función de probabilidad de masa conjunta = p(x, y) = P(X = x Y = y)



Función de probabilidad de masa marginal = Px(x) = p(x, y); Py(y) = p(x, y)


Función de densidad de probabilidad conjunta, para cualquier conjunto A bidimiensional: P[(x, y) A] = f(x, y)dxdySi A = {a ≤ x ≤ b, c ≤ y ≤ d} => P[(x, y) A] = f(x, y)dydx donde f(x, y) ≥ 0 y f(x, y)dxdy = 1


Funciones de densidad de probabilidad marginal
fx(x) = f(x, y)dy; fy(y) = f(x, y)dx; con -∞ < (x, y) < ∞ Variables aleatorias independientes X e Y son independientes si para cada par de valores se cumple: p(x, y) = px(x)·py(y) (variables discretas) o f(x, y) = fx(x)·fy(y) (continuas)Si no satisface esto entonces son dependientes. Ademas, si son independientes: P(a ≤ x ≤ b, c ≤ y ≤ d) = P(a ≤ x ≤ b) · P(c ≤ y ≤ d). Si soy sincera, a mí esto me suena ahora tan a chino como la primera vez que lo ví. Pacho hace una pausa para fumar un pitillo. Momento que aprovecha Jose Ramón para decir: _"¿Os habéis fijado que jersey tan bonito lleva Militos?", pues se lo ha hecho ella. _Pacho:" Andá, ¿Por qué no me haces uno a mí?". _Tomás: "porque no te pega" El jersey lo había copiado de la revista ELLE que llegaba a España sólo en francés. La verdad es que era muy bonito, blanco con escote en pico bordeado a los lados del escote por una especie de triángulo escalonado en azul añil. Pacho. "¡Y lo guapa que está.! "


Jose ramón: "No se lo digas que se enfada".


Pacho: "Pero bueno si yo casi la he visto nacer".


Militos: "¿Seguimos con la clase?, más que nada para salir del apuro.


Tomás: "Sí, pero luego se casará y se pondrá gorda y fea".


Militos se levanta para marcharse enfadada.


Pacho dice indignado:"Estás equivocado. Si quieres saber como será una chica de mayor sólo tienes que mirar a su madre. ¿Vosotros habéis visto a Puri, la mujer de Goyo?, es impresionante.


En ese momento entra la doncella con la merienda de costumbre y entre bromas, enfados por mi parte y risas se termina la clase.


No cuento ninguna más porque todas seguían idéntico guión. Menos mal que nuestro profesor particular lo era también de la Escuela de Estadística y, por lo que pudiera pasar, nos matriculó a los tres en ella, de tal manera que si no aprobábamos en la Facultad nos convalidaban con el aprobado en dicha Escuela que correría a cargo de Pacho.


El primer exámen que tuvimos estaba vigilado por tres profesores que subían y bajaban por las gradas del aula para evitar que copiáramos. Yo hice la tontería de colocarme en un extremo porque no pensaba copiar de nadie. De ahi mi sorpresa cuando veo acercarse a uno de los ayudantes y muy airado me dice:



_ "Salga usted del aula_


No entendía nada, hasta que me pregunta:


_"¿Qué lleva usted en el bolsillo?"_


El bolsillo era del impermeable amarillo. Aquel que tanto me gustaba lucir cuando parecía que el cielo iba a deshacerse en agua. Aunque no fuera así, a la menor duda me lo colocaba porque era de esas prendas con las que una se sentía bien a juzgar por lo que escuchaba a su paso, cuando los piropos no tenían ese nombre tan ofensivo de "acoso". Mientras vaciaba mis bolsillos pude contemplar como Pacho ascendia corriendo hacia mi sitio, pero ya era tarde porque el profesor tenía entre sus manos un curioso fajo de tarjetitas blancas donde yo había apuntado algunas fórmulas enrevesadas. Estaba indignada ya que ni las había sacado de su sitio, la primera pregunta era de las estudiadas y no necesitaba recurrir a semejante artilugio. Monreal que así se llamaba el inquisidor no atendía a razones y el mero hecho de descubrirlas al pasar por mi lado en el amplio y abierto bolsillo ya era para él un delito fragante. Que digo yo, mucho tuvo que fijarse. No puedo por menos de hacer un breve simil con la relación actual alumno-profesor. Sin duda por algo semejante la alumna acudiría hoy con presteza a ponerle una demanda por abuso de autoridad o por cualquier otro tipo de ofensa.



Al fin el palentino llegó a nuestro lado cuando ya me disponía a abandonar mi sitio. le cogió por un brazo y muy sulfurado le decía:


_"Qué no, que no puedes echarla que es la hija de Goyo"_, repetía una y otra vez ante las miradas asombradas de mis compañeros.


Monreal, quien luego sería también catedrático y creo recordar que ministro con la UCD, como la mayoría de mis profesores, accedió pero asegurando que no aprobaría. Sin embargo aprobé y por partida doble. Pacho me calificó con Notable en la Escuela de Estadística. Nunca lo pude entender pues yo apostaría que no llegué a examinarme.


Finalmente Arnaíz, consiguió superar el concurso- oposición de la cátedra de Estadística. Los alumnos le ofrecimos una comida homenaje en la que le vimos disfrutar y nos hizo disfrutar a todos . Explayándose y dando rienda suelta a sus agudezas. El resultado de aquella camaradería fue su promesa de dar un aprobado general, pero eso sí, dijo, recién estrenada su cátedra: _"ustedes estudien la asignatura".

Más tarde los ayudantes confesaron que nos iba a preguntar una sola pregunta a elegir por el propio examinando.

LLegó el examén oral y así fue, cada uno con su pregunta a cuestas y Arnaiz sonriente con todos y sin profundizar mucho. Cuando ya había pasado casi media clase por la tarima, le tocó el turno a uno de los alumnos, cuyo nombre no recuerdo pero del que me parece estar viendo su cara en estos momentos. Al decirle el catedrático:


_"diga usted lo que quiera", respondió con toda tranquilidad:


_"No. yo es que no". Y Arnaiz:


_"Pero que diga lo que quiera". Al seguir el alumno sin soltar palabra, nuestro paciente profesor pregunta:


_"Pero usted ¿a qué ha venido?". Y en el colmo de la desfachatez, contesta con otra pregunta:


_"¿Pero usted no iba a dar aprobado general?".


Don Gonzalo Arnaiz, tan cercano siempre al alumnado, no hizo ni una mueca cuando toda la clase soltó la más sonora de las carcajadas. Y se vio obligado a aprobarle.


Para finalizar este capítulo quiero hacer una salvedad. No me gustaría que nadie pensase, hijos incluidos, que mi paso por la Universidad fue un tanto frívolo y que aprobé todas las asignaturas por enchufe. Sólo estoy hablando de aquellas cuyos resultados fueron algo anecdóticos, pero hubo muchas más que aprobé sin paliativos, tales como la Filosofía, el Derecho civil, Administrativo, Derecho del Trabajo, Mercantil, Historia de las Doctrinas Económicas y etc... Como ya dije anteriormente, contraje matrimonio con media carrera pendiente y doy fe que todo lo que estudié de casada hasta que la terminé, con el séptimo de mis embarazos, lo hice con mucho más empeño y concentración que lo estudiado de soltera.

¿Qué lo pasé bien de universitaria?: ¡¡Indudable!!


14 mayo, 2008

DE CATEDRATICOS Y PROFESORES

Como no encontré ninguna foto del catedrático, Leopoldo Zumalacárregui, he elegido ésta para ilustrar el relato porque el general carlista fue ascendiente suyo.



Para compensar los bigotes del general, esta foto que me hizo un compañero en la Plaza de España, donde nos aireábamos de las clases, cerca de la Facultad

Leopoldo Zumalacárregui, uno de los fundadores de la carrera de Económicas, fue nuestro catedrático de Historia Económica. Sus clases muy amenas ya que el profesor era una enciclopedia cultural. Excesivamene educado, detallista, elegante y serio. Gran amigo también de mi padre al que a menudo le recomendaba algun alumno para que le incluyera en sus clases, entre ellos a Jose Ramón, el de mis primeros post, titulado SIEMPRE, con final novelado porque no fue verdad que la protagonista del relato regresara a reclamar ese siempre. La realidad es que, ya casada, no volvieron a verse nunca más.

Cuando los alumnos llegaban a la Academía con recomendación era porque lo que había sido nuestro hogar ya no daba más de sí. A parte de la Teoria Económica, se impartían clases de Matemáticas y Estadística en las que colaboraba mi hermano, a punto de terminar su carrera de Ingeniero de Minas. Por cierto, tenía a sus alumnas totalmente enamoradas de él. A pesar de los gritos y de las cosas que las decía cuando no contestaban a alguna pregunta: "pero tú que vienes tan arregladita a las 8 de la mañana... que la cabeza sirve para algo más que para peinarse" ....Bueno y la que se armó en su clase el día que explicaba unos problemas en la pizarra en los que intervenía la letra griega "tita"(así la llamábamos en el colegio) y una de sus alumnas dijo: Goyito, por favor, no corras tanto que me falta una "teta".... , pobre alumna y precisamente era la más colada por mi hermano.
Me viene ahora una anécdota ocurrida, poco antes de que llegara mi padre para impartir su clase de rigor. Como me incorporó al último grupo del día, para que al terminar volviera a casa con él, pasando antes por la Maja de Goya como ya conté anteriormente, no había ninguna otra chica. h Demasiado tarde para la mujer decente de finales de los cincuenta. También es verdad, que seguía escaseando el alumnado femenino. No tardaría mucho en solucionarse esta situación ya que cuando comenzó Económicas mi hermana Carmina, unos seis años más tarde, la balanza de género estaría más equilibrada. Tomás andaba tonteando como de costumbre. Teníamos mucha confianza porque su hermana Pili también había pasado por Jorge Juan y mi padre los trataba como de la familia, claro que eso hacía con la totalidad de sus alumnos. Tomás era de Ponferrada donde su familia tenía unas minas de carbón, a las que no le apetecía para nada regresar ni como economista ni como nada. Inevitablemente así lo haría. Para que me dejara en paz de una vez le dije:

_"Pues que sepas que en ese mismo lugar donde estás sentado, tenía yo mi cama". ¡Menuda ocurrencia!."
Dió un brusco salto y comenzó a besar el suelo, los demás iniciaron idéntica maniobra con una desorbitada juerga, hasta que de improviso apareció mi padre y me sacó a la pizarra.
¿Por qué pensaría que la culpa era mía?. Aquel día estuve más torpe que nunca y nuestro profeso, enfadadísimo, me mandó sentar. _"Tú es que quieres aprender la asignatura de oido. ¿No?", me dijo, y a lo mejor tenía razón. No recuerdo si me caería alguno de sus epítetos favoritos: alcornoque, merluzo no, por ser masculino y la merluza era demasiado apreciada por su paladar para emplearla como fustigación del alumnado.

Siguiendo con la Historia Económica, Zumalacárregui tenía la mala costumbre de examinarnos oral. La asignatura se cursaba en primero, cuando todavía no habíamos adquirido esa capa de inmunidad que te aporta el suficiente desparpajo para enfrentarte a semejante trauma. Recuérdese que la confrontación con Castañeda no tenía lugar hasta el segundo curso. Antes de Navidad nos hizo pasar por un parcial escudriñador que muy pocos aprobaron. Yo tampoco, con lo que ya no te podías presentar al segundo y quedaba la asignatura entera para final de curso.

Tampoco era de su agrado que nos aprendiéramos los temas de memoria. Una de sus frases favoritas, que a mí me gustó particularmente:


" La cultura para un universitario es lo que le queda después de haberlo olvidado todo".
También solía decir que lo importante es el poso que deja el haber pasado por la Universidad. No la carrera que hayas estudiado ni las notas sacadas, porque el día de mañana, si hay una guerra, el único que sabrá dar con exactitud los mensajes al capitán será el universitario. Ahí le delataba su parentesco con el general. A mí estas ideas me gustaban particularmente. Las notas en sí mismas no sabía apreciarlas en todo su valor promocional.
He de reconocer, como ya he dicho en otra ocasión, que estaba en aquellas aulas, empinadas y de gran solera, por voluntad de mi progenitor que fue un adelantado a su tiempo. Todos sus compañeros de la Diputación Provincial trataban de convencerle para que hiciera lo mismo que ellos, es decir, colocar a sus hijas en dicho organismo que para ellos era realmente fácil. Sin embargo, nuestro cabeza de familia era defensor a ultranza de la paridad. Palabra que no existía o al menos no se utilizaba con el mismo significado que en la actualidad. Por ejemplo, mi padre sólo diferenció a sus hijos e hijas en la hora de llegar al hogar. En colaborar a las labores domésticas no había ocasión. Todas eran absorvidas por la muchacha (vuelvo a insistir que esa era la denominación de las insistituibles domésticas), codo con codo con mi madre que no sólo supervisaba, sino que realizaba con ella. ¡Qué no tengo yo sufrido, en mis primeros años de matrimonio, por culpa de esta falta de aprendizaje!. Con el agravante que con las 3500 pesetas que ganaba un teniente de Infantería de Marina ¿quién podía tener muchacha alguna?. No es que comparativamente con los sueldos y precios actuales aquello pareciera poco, no, es que de por sí lo era. Es lo que tenía Franco que trataba muy bien a los militares, sabía imbuirles el amor al servicio y a la patria, la entrega. el honor, el desprendimiento.... pero el sueldo corto, corto.

De todas maneras he de añadir la inmediatez con que aulas, compañeros, algunos profesores, bedeles como Justo, se adueñaron enseguida de mi total afecto, de por sí bastante entregón. Que aquella fuera la voluntad de mi padre fue lo mejor que me pudo pasar en la vida. La única pega era que de vez en cuando habia que darse al estudio. Tarde o temprano la realidad se imponía.

Las frases de Zumalacárregui fueron dogmáticas para mí, lo que no quiere decir que no estudiase. Diferente es hacerlo para que luego se te olvide todo que empollar para retenerlo toda la vida. El exámen final no fue del todo satisfactorio, de ahí mi sorpresa cuando recogí la papeleta con un aprobado, ajustado, pero aprobado al fin y al cabo. Lo que no podía esperar de nuestro elogiado catedrático, era su llamadita telefónica a mi señor padre. A pesar de su mutuo afecto siempre se trataron de usted:

"_Gregorio, quiero decirle que he aprobado a su hija, pero como no da suficiente nivel es necesario que venga con usted en Septiembre a mi despacho oficial. (ignoro el cargo que ocupaba en ese momento ya que fueron muchos y muy destacados). Allí mismo le haré unas preguntitas sobre la asignatura".

Cuando me enteré, pensé que aquello debía estar relacionado con lo del "poso y la cultura", pues de otro modo no podía entender qué clase de aprobado había tenido a bien concederme.


Antes de lo deseado llegó Septiembre y la hora de cumplir aquel compromiso. La asignatura resultba interminable, entre libro y apuntes. Como también tuve que preparar alguna más, que de motu propio había quedado asignada a tan turbio mes, no emplee demasiada dedicacion a la misma. ¿Quién se excedería en el estudio conociendo de antemano su aprobado?.


LLegué a dominar la Revolución Industrial que abarcaba varios temas del libro, pensando que, con toda seguridad, Don Leopoldo me atacaría por ese flanco. Durante el curso incidía constantemente en ella: En las causas que hicieron fuera Gran Bretaña la iniciadora de la misma; cómo les favoreció a los ingleses el tener una monarquia liberal; las grandes fortunas conseguidas con el tráfico de esclavos... Las tres etapas de la Revolución Industrial. Todo, todo me lo sabía: la influencia de Adan Smith que defendía la libertad económica y la no intervención de los gobiernos; la máquina de vapor; el paso de los talleres a las fábricas; la aparición del Proletariado... . Esto y más detalles es lo que recuerdo después de haberlo olvidado todo. Como a él le gustaba. Pero no me preguntó: La Revolución Industrial. Ni tengo ahora la menor idea de las preguntas que me hizo. Sí de la cara de mi padre cuando bajábamos aquella escalinata alfombrada de rojo de algun ministerio que tampoco recuerdo cual era. No cruzamos palabra en todo el trayecto, ni en casa hasta varios días más tarde. Las riñas de mi padre eran de esa manera.

23 marzo, 2008

JOSÉ MARÍA LOZANO IRUESTE


Uno de los profesores que recuerdo con más cariño y admiración fue José María Lozano que desdichadamente, me entero ahora, falleció en Junio del 2006. En realidad podía figurar en el apartado de queridos amigos.


Conocí a José María, en la academia de Jorge Juan, como alumno destacado de mi padre. De inmediato se estableció entre ellos una gran amistad que de refilón también recayó en mí.. Contaba ya con la carrera de Derecho, varios idiomas y algún título más. Por sus grandes dotes como estudiante y por la convalidación de asignaturas se licenció en Económicas en breve tiempo. Con tanta celeridad que fue profesor ayudante de Fuentes Quintana en la asignatura de Hacienda Pública, cuando yo comencé a cursarla; lo que he de reconocer me ayudó de manera notable. Pasados unos años obtuvo la cátedra. Siendo autor también de varios libros referentes a Economía como: "Diccionario bilingüe de Economía y Empresa", "El libro de la pipa"(fumador elegante él de la misma), "Introducción a la Teoría del presupuesto"...y etc.


Lozano era de esas personas que por donde pasan van dejando huella y huella indeleble. Su auténtica vocación fue la diplomacia, presentándose con insistencia durante varias convocatorias a una oposición que, por lo que tengo entendido, ha sido suprimida en la actualidad ya que hoy se eligen los diplomáticos, entre otras cualidades, por su afinidad a los distintos gobiernos de la nación. Profesión para la que se encontraba altamente cualificado, no sólo por la brillantez de sus exámenes, sino también por sus grandes dotes innatas.. Al ser rechazado una y otra vez, alguien le recomendó amistosamente que desistiera de su tenaz empeño. ¿La causa?: aquel defecto físico ocasionado por la explosión de una granada en la Guerra Civil. contienda en la que participó como alférez universitario en el ejército nacional. Lo que debería haber sido un mérito en la España franquista, fue el único impedimento para la consecución de sus aspiraciones profesionales. Entregar su mano derecha en defensa de la Patria conllevó así mismo la entrega de sus bien justificadas ilusiones. ¿Extraño que, al rememorar hoy este hecho, sienta idéntico dolor al que sentí cuando él mismo nos lo confió a mi padre y a mí?. Sin duda, tuvo que asumir una de esas injusticias de la vida que de alguna forma deben ser recompensadas más allá de lo terreno.


José María suplía con creces aquella carencia. Más que con el guante que cubría su prótesis, ésta se desvanecía por el encanto y elegancia que toda su persona derrochaba a manos llenas, sí a manos llenas. Su sabiduría, su preparación intelectual, aquel poder de absorción que poseía para captar el interés de cuantos le escuchaban, su chispa irónica... , hacían de su conversación un algo inigualable. Han pasado ya demasiados años y acontecimientos en mi vida y sin embargo, no he encontrado por el mundo persona alguna que le supere en semejantes dotes. El profesor y amigo que yo recuerdo vigente está, con ese bagaje especial, en mi memoria.


Por añadidura, no había en él resentimiento alguno. Transmitía seguridad, optimismo y alegría. Tal vez por eso su mujer, Luz, también era admirable. No terminaría de sumar elogios hacia esta persona querida y añorada. Me retraigo sólo para que nadie piense que lo hago por esa deuda de gratitud contraída con él cuando aprobé, gracias a su colaboración, la asignatura de Hacienda que impartía Fuentes Quintana, el otro "hueso" de Económicas.

19 febrero, 2008

VALENTÍN ANDRÉS ALVAREZ


Repasando los recortes de periódicos que he ido acumulando, me ha sorprendido un artículo de Juan Velarde Fuertes (Juanito como mi padre le llamaba) titulado "EL ECONOMISTA DE LA GENERACIÓN DEL 27", publicado en ABC el 28-7-91. Juan Velarde fue, como ya dije en una entrada anterior, profesor de Estructura Económica I y II. ayudante de quien ejercía la cátedra, Jose Luis Sampedro escritor y académico de la Lengua. Dicho artículo se refiere a Don Valentín Andrés Álvarez. La relectura de esas líneas me ha sugerido la idea de iniciar en Noray una serie, sobre algunos de los brillantes e insignes profesores que ilustraron nuestro paso por la Facultad de ciencias Políticas y Económicas. A los que, en plena inconsciencia juvenil, apenas valorábamos. Y de los que con el paso de los años hemos ido percatándonos de su alcance y transcendencia; sobre todo en el ámbito político, económico y social de la vida española.

Lo cierto es que las clases de Economía de Don Valentín, como todos le llamábamos, una vez superada la criba de Castañeda, eran para nosotros como una sedación. Sus pasos, acompasados y rítmicos a lo largo de la tarima, elevada unos centímetros sobre el resto del aula, mientras explicaba la asignatura, resultaban un tanto extraños al compararlos con la rigidez y seriedad de la mayoría del profesorado. Sin embargo, la clase se mostraba receptiva y atenta por demás. Intuíamos de alguna manera que aquella persona, menuda e inquieta, almacenaba un bagaje ciertamente misterioso y polifacético que nunca mencionaba. Su buen humor, el trato amable y atento con el alumnado, nos resarcía con creces de su antónimo, catedrático ya mencionado. Sí que se podía advertir sus vastos conocimientos intelectuales, no sólo en el mundo de la Economía, sino también en otros ámbitos que causaban algo de sorpresa, tales como música o literatura. No dudo que mis compañeros, una vez abierto para ellos el campo profesional descubrirían sus múltiples facetas pero la que suscribe, embarcada de lleno en la vida matrimonial y materna, circunscrita al reducido mundo de lo que por entonces era un pequeño pueblo (San Fernando, Cádiz) nunca volvió a tener noticia de Don Valentín.
Por eso los datos tomados del artículo del ABC me sorprendieron en su día y hoy me han llevado a mencionarlos, en un arranque de desagravio personal a tan insigne profesor.
Cuenta Velarde de este joven español titular de dos carreras, Farmacia y Ciencias Fisico-Matemáticas, que trabajaba en el Laboratorio de Investigaciones Físicas de Blas Cabrera, colaboraba en la célebre cátedra de Metafísica de Ortega y por consejo de Garcia Morente impartía clases de Física y Matemáticas; al mismo tiempo un buen literato de la generación del 27. A la que contribuyó con novelas Sentimental Dancing) obras de teatro, poesia (Reflejos) y algún musical (Pim-pam-pum)...Se embarca en la aventura parisina en el año 1919, para especializarse en Mecánica Celeste. Allí, entre otras experiencias y estudios se transforma en experto bailarín de tangos. Hecho éste que viene a explicar sus gráciles paseos por la tarima.
Y una se pregunta ¿cómo este portento de la naturaleza, amigo de Lorca y de Damaso Alonso culmina sus días, desde los cincuenta y un años, de catedrático en la facultad de Económicas; ejerciendo como tal en Madrid y Oviedo?. Simplemente fue el flechazo de un libro: Manual de Economía Política de Vilfredo Pareto lo que trastocó todos sus planes. Dedicándose en adelante al estudio de esta nueva ciencia.Investigando en todas las escuelas existentes( Lausana, Neoclásicos, Círculo de Friburgo...) y recalando desde 1943-44, al crearse la facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, en nuestro querido y viejo Caserón de San Bernardo, donde enseñó que "el gobierno debe abstenerse de intervenir directamente en los procesos de mercado pero debe modificar el orden económico para garantizar los principios constituyentes de Mercado". y que segun otro de los catedráticos, Manuel Torres: "sus trabajos fueron decisivos para que nuestra política económica no fuese, como el tejido de Penélope, un continuo tejer y destejer". ¿Qué pensará hoy, si nos contempla desde algún lugar celeste, de la actual economía socialista?, tejer y destejer.
Este insigne asturiano es objeto de una gran veneración en aquellas tierras donde nació (Grado, o Grau en lenguaje bable). Una Asociación Cultural lleva su nombre, así como una calle de la ciudad de Oviedo. Convocándose periodicamente un concurso internacional de cuentos (ya el XVII) bautizado: Valentín Andrés Álvarez.

Mi modesto homenaje a este catedrático, fallecido en 1982, que pasó por la Universidad sin haber dejado huella traumática en sus alumnos, por el contrario, con esa sensación de roce amable con que pasa a tu lado la sabiduría cuando enseña sin apabullar.
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