AMIGOS

Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recuerdos. Mostrar todas las entradas

04 octubre, 2008

CARTA A MADRE BEGOÑA


Rebuscando en mis cuadernos para seguir con el relato, he descubierto el borrador de esta carta que escribí a Madre Begoña, desde San Fernando (Cádiz) y me parece oportuno publicarla ahora porque ya mencioné que seguí escribiéndola una vez casada y con hijos. Se trasluce en la carta la confianza que tenía con ella y como seguía ayudándome con sus consejos. Por eso fue un golpe duro cuando nos reunimos en Madrid y comprobé su deserción.


20 de Noviembre de 1974


Querida Madre Begoña:


Hace mucho tiempo que no la escribo y seguro que ya estaba pensando que había dejado de darle la lata con mis extensas cartas. Ya ve que no es así y aquí me tiene otra vez dispuesta a robarle su tiempo por unos minutos.


¿Cómo se encuentra, después de tanto tiempo sin saber de usted?. No sé si algun día tendré la ocasión de volver a verla, pero me gustaría mucho para comprobar si sería capaz de contarla las cosas que a lo largo de mi vida, desde que era colegiala, desde que Dios la puso en Loreto cuando estudiaba quinto de bachillerato, la he contado.

Desde mi última carta mi vida ha cambiado un poco. Tengo un nuevo hijo, ya el octavo que nació este verano. Ahora estoy entusiasmada con él, yo le veo maravilloso pero en casa se ríen porque dicen que el último siempre me parece el mejor de todos.

Cuando supe que venía otro niño protesté bastante con el Señor porque ya con los siete me veía agobiada y llena de preocupaciones. No comprendía porqué me enviaba otro más. Luego cuando le vi en mis brazos, me pareció tan unico que tuve que dar gracias a Dios. Fue entonces cuando decidí llamarle Bernardo, por la honda impresión que usted sabe, me causó este santo cuando leí su vida. Sigo totalmente identificada con el santo y espero de él grandes cosas, del santo y de mi hijo.



ACTUAL______OCTUBRE 2008

Ahora es Yayo, que cambió la carrera de Económicas por la guitarra. Actualmente vive en Brighton. Al fin ha sentado la cabeza y está completamente dedicado a su mujer y sus dos hijos. Sigue componiendo y tocando la guitarra cuando le dejan.


En estos tiempos, cuando tan poca gente recuerda a los santos, sé que puede parecer un poco ridículo cuanto digo, pero es verdad, madre, siento como si con este nacimiento se hubieran renovado muchos de los deseos que tenía antes de casarme y que poco a poco con tanto trabajo se han convertido en un enorme quehacer de cada día, unas veces santificado por llevarlo con alegría y otras echado a perder por la falta de paciencia o el mal humor.

Ahora mismo, madre, me dan ganas de tachar todo lo escrito pues estoy entrando en una de esas crisis de mal humor. Tenía casi una hora para escribirla porque los seis mayores están en el colegio y los dos pequeños dormían la siesta (Julio de maniobras para no perder la costumbre). Y en este momento la niña (era Esther, hoy primera mujer en España que ha ascendido a Capitan de Corbeta de la Armada Española. Hace dos años fue la primera mujer española que mandó un barco de guerra, el patrullero Laya) ha empezado a llorar y se acabó la paz Así que San Bernardo y la santidad resultan demasiado elevados para mí que sólo puedo dedicar mi tiempo y mi vida a mis hijos. (por entonces no conocía el Opus Dei y desconocía que en esa dedicación a la prole era donde tenía que buscar la santidad).

Creo que el año que viene volveremos a Madrid definitivamente. Ya llevamos catorce años en este pueblo y empiezo a cansarme, sobre todo por estar tan lejos de mi familia. Julio estuvo allí hace unos meses y, como seguramente viviremos en las casas de Marina de Arturo Soria, fue al otro colegio de nuestras religiosas, el Cardenal Spínola que nos pillará más cerca, para matricular en él a las niñas. Habló con madre Amargura, no recuerdo cual es su nombre ahora que se han quitado el que se pusieron como religiosas (ya sabe que yo prefiero seguir llamándola madre Begoña, espero que no lo tome a mal). Ella se acordaba de mí y de Julio de cuando fuimos a llevar a la Virgen de Loreto el ramo de novia. ¿se acuerda, madre, como me emocioné?. Le dió el nombre de las cinco niñas para que fuera reservando las plazas porque nos dijeron que está muy difícil en Madrid encontrar colegio.

Todo esto me hace mucha ilusión y no sé como explicar lo que sentí cuando Julio me trajo el reglamento con la foto del colegio y el escudo de las religiosas que me dieron la base y muchas cosas más, por las que ahora puedo mantenerme firme ante la avalancha de situaciones difíciles que nos rodean.

Bueno tampoco quiero que piense que en mi vida todo son trabajos y preocupaciones. Tengo muchos momentos que me compensan, todos desde mi hogar. Ahora que la mujer está tan liberada y puede tener tantas aspiraciones profesionales yo no puedo ni soñar en ejercer mi carrera. Lo que más satisfacción me produce es ver crecer a mis hijos. Begoña ya tiene trece años y me gusta comprobar como, a pesar de lo que ha cambiado todo, ellos siguen confiando en nosotros. Lo principal es la confianza que tienen conmigo. Julio como siempre está fuera y es más regañón les impone un poco más. Les habla mucho, pero Begoña dice que no sabe escuchar sin largarles un "rollo".


Bueno, madre, no quiero extenderme más, pues en una carta es imposible contarla tantos detalles de cada uno de los ocho. Conmigo no estoy contenta porque me he vuelto más quejica. Protesto de lo atada que estoy y no siempre tengo la moral elevada. Lo único es que continuo luchando y que no lo hago por mí, sino por El y por los que me rodean.


Por fin la niña me dejó terminar esta carta, pero a trompicones y estoy segura que no me salió como pensaba cuando me vi con una hora entera para escribir. Si lo dejo para otro día sé que no podría hacerlo. Julio regresa mañana y con él en casa si que tengo que despedirme de cartas y de todo. Creo que me quita más tiempo que los ocho niños juntos.


Madre Ventura nos dijo que seguía en Sevilla, pero me gustaría saber algo de usted. cuales son ahora sus trabajos, sus preocupaciones, si se encuentra bien y si alguna vez la encontraré en Madrid. Quiero desearla una Navidad muy feliz y pedirla una vez más que rece por nosotros.

Siempre la recuerdo como si no hubiera pasado tanto tiempo y supongo que ahora, que ya no soy una colegiala, puedo decirla que la quiero de verdad y que sigo rezando por usted para agradecerle todo lo que hizo por mí, dentro y fuera del colegio. Sabe, madre, que siempre hablé con toda la sinceridad de mi alma y sigo haciéndolo así.

Adiós, madre, hasta otra horita tranquila.

Militos s.m.m. (siempre terminaba mis cartas con estas tres letras que signi fican "siempre, más , mejor" y ahora se me ha ocurrido introducirlo como firma en yahoo)


Madre Begoña me respondió en Navidad con una tarjeta, que he de buscar pues fueron sus últimas letras para mí y sé que la guardo en alguna caja. Sus palabras me llegaron al alma como siempre, pero recuerdo que comencé a intuir su cambio con pena. Fue ella de esas pocas personas que pasan por tu vida dejando un poso imborrable.

25 noviembre, 2006

EPÍLOGO a "UN AMIGO COMO AQUEL"


http://es.youtube.com/watch?v=23iGLfIEzoc


Cuando regresamos a Madrid, pasados quince años, quise enfrentar ese dolor enquistado.Decidí visitar a Carmen su querida madre. Y hablando con ella, pude comprobar como su pena se aliviaba a medida que me relataba los últimos días del hijo.








Reanudó la vida con sus padres y poco a poco parecía que su destino tomaba mejores derroteros. Se transformó en su inseparable acompañante. Con ella recuperó la Misa e incluso, unos días antes del trágico accidente, accediendo a la súplica materna se hincó de rodillas ante un confesionario y recibió la abandonada Comunión. ¿Presagio?.





Su coche recién comprado, que la imaginación y el recuerdo de las noches en nuestro balcón pintán de rojo, terminó sus días y los de mi amigo contra un enorme camión. Sin que nadie pudiera discernir culpabilidades.


Incapaz soy de transcribir la emoción y el sobresalto que me ocasionaron aquellas palabras de Carmen. Desvelaron para mí el final de una auténtica amistad. Pensé y continuo pensando en esa misericordia de un Padre que sale al encuentro de sus hijos alejados, para atraerlos a su lado antes de la última partida. Y continué rezando el Avemaría, pactada entre los dos. durante muchos años más. No recuerdo cuando la abandoné. Quizás, cuando empecé a sentir la necesidad de que fuese él quien rezara por mí.


Muchas hojas de calendario y de árboles a mi alrededor, desde que ocurrieron estos hechos y sin embargo, aun me entretengo en imaginar que, apoyado en una barandilla celestial, Julio sigue manteniendo conmigo esa amistad que nunca debió quebrarse. Continua siendo mi amigo, el primero que tuve y al que hoy relataría historias bien dispares a las de aquella inocente colegiala. De todas formas, ¡necia de mí! que, totalmente ensimismada en mis primeras experiencias amorosas, no supe comprender que lo que comenzó como una verdadera amistad con aquellas confidencias nocturnas se transformaría, sin yo quererlo, en algo que trastornaría su vida, ocasionándole un dolor que con toda mi alma hubiese deseado evitarle.





Y de qué manera necesitaría ahora un balcón a la calle O'Donnell desierta, en una noche llena de estrellas y un amigo cómo aquel que me devolviera la identidad de mis quince años.

24 noviembre, 2006

UN AMIGO COMO AQUEL --- II


El balcón de la amistad
poco antes de ser dinamitado


El balcón del Director quedaba separado del nuestro por una simple barandilla . Cada noche yo, que venía de aquel interior de Jorge Juan sin horizonte alguno, me dejaba seducir por ese gran misterio del silencio nocturno que palpitaba en la calle O`Donnell, años cincuenta, por donde no circulaban coches y sí rutilantes estrellas. A poco de iniciar aquella costumbre, Julio, el que sería mi gran amigo, comenzó también a salir al balcón y, apoyados en tan frágil soporte ferroso, fuimos fraguando una amistad sincera. Amistad que por mi parte nunca hubiera roto.
Largas y del todo desiguales eran nuestras conversaciones. Mientras yo sólo podía contarle nimiedades de colegiala: compañeras, monjas, malas notas... , él, mayor en experiecia y años, me relataba sus aventuras amorosas. Siendo más bien feo y más bien bajo, estaba dotado de una simpatía y alegría contagiosas que le beneficiaban, de manera patente, con las chicas (hoy léxicamente igual a tías). Sus andanzas no dejaban de escandalizarme pero al mismo tiempo, impaciente aguardaba sus confidencias. Con el afán de convertirle un día, trascendental en nuestra relación de balcón a balcón, le propuse me acompañara el domingo a Misa. Ya no cumplía con ese precepto desde tiempo atrás y fue su respuesta, retardada y sincera:
_. Cómo lo siento, precisamente este fin de semana voy a la sierra con esa medio novia de la que te he hablado. Y creo lo pasaré a lo grande.
Mi reacción airada: _. ¿Sabes lo que te digo?, voy a rezar para que se te estropee tan grandioso plan,
LLegó el domingo y con él la grata sorpresa de encontrarle en la iglesia muy sonriente. ._¿Qué haces aquí?. Y su respuesta arrancó de mí una silenciosa carcajada: _Se nota que cumpliste tu promesa de rezar. Nada más llegar a la sierra mi acompañante resbaló, se rompió una pierna y tuvimos que regresar inmediatamente a Madrid.
Pasado el tiempo, calculo unos dos años, decidió prepararse para militar en un internado. Nuestra despedida fue una promesa mutua: rezaríamos cada noche un Avemería uno por el otro. Por mi parte lo cumplí mucho más allá de su trágica muerte.
Coincidiendo con la ausencia de mi amigo Julio, conocí al segundo Julio de mi vida que de inmediato pasó a convertirse en el primero. Polo opuesto en todo al ausente, caí como cae el fruto rojo del guindo y las hojas amarillas del otoño. No volví al balcón, ni a encontrarme a solas con Julio. Hasta aquel día de Reyes y de mi primer "guateque", recien cumplidos los diecisiete.
Por el Paseo de Ronda de los altos árboles que desapareció, como la mayoría de los lugares queridos de mi adolescencia, para transformarse en el Doctor Esquerdo de las sirenas, atascos y topetazos,caminaba con mis hermanos y el grupo de amigos cuando Julio,que disfrutaba de sus vacaciones navideñas, me apartó ligeramente del resto para contarme lo que había sido su vida durante los meses que llevábamos sin vernos: esfuerzos de superación personal, ilusiones y proyectos de futuro comenzaban a ser una meta para él que nunca tuvo otra preocupación que la de un atolondrado presente. Sus ojos brillaban y yo me sentía feliz de participar en el gran cambio de mi amigo. Sin embargo, el cariz que fueron tomando sus palabras sembró en mí una inquietud creciente.
._¿Te das cuenta?, ya voy a tener algo que ofrecer a la que sea mi mujer. En ese instante, por su entonación y su mirada,intuí lo que vendría después. Mi corazón destrozado, no tanto como el suyo cuando concluyó confesando que todo aquello lo estaba haciendo sólo por mí. Enamorada ya de otro Julio, ¡qué dolorosa mi respuesta!, para él y para mí. LLoraba con el rostro enrojecido. Para suavizar la situación formulé una estúpida pregunta: ._ ¿Por qué no me lo dijiste antes?. Truncada su voz, escuché una agria respuesta: ¿Cómo podía yo, con lo desastre que era, decir a Goyo que quería salir con su hija?. Qué pena sentí y que pena siento al recordarlo. Julio tenía una gran capacidad de reacción y, mientras recomponía su desencajado rostro y sus lágrimas retornaban al lagrimal, comprendí que no tardaría en torcer su rumbo. Nada más llegar al lugar donde se celebraría el "guateque", fueron confirmados mis temores. Se emparejó con la más liberal de mis amigas dándose, como decíamos, "el lote" con ella sin el menor recato.
Abandonó sus estudios y no tardó en emigrar a Londres. Trabajó y se casó con una inglesa. Tuvieron un hijo pero Julio bebía en exceso y no tardaron en divorciarse. A penas tuve noticias suyas. Yo inicié mi vida de casada en otra ciudad. Nuestras familias se distanciaron en amistad y domicilio. Por amigos comunes pude enterarme de algunos sucesos de aquellos vecinos que tanto signuficaron para nosotros, al menos para mí ,y a los que quise de verdad con ingenuidad quinceañera. Con suma tristeza conocí, a destiempo y en la lejanía de nuestro destino gaditano que Julio, mi amigo, había muerto tragicamente en accidente de automóvil.

11 noviembre, 2006

UN AMIGO COMO AQUEL - I

La Familia en O`Donnell

La bici de Ana----
El mejor amigo que he tenido también se llamaba Julio. Debía andar yo por los quince años cuando le conocí.
Por entonces abandonamos nuestra pequeña casa de la calle Jorge Juan, que se transformaría en la prestigiosa academia de mi padre. Por la Universidad Central no tardaría en circular un trucado refrán. "El muerto al hollo y el vivo al Goyo". Goyo era mi padre y el hollo los suspensos que repartía Castañeda en Teoría Económica. La nueva vivienda, luminosa y espaciosa, estaba situada en O^Donnell 52. En ese lugar comenzó para nosotros una nueva existencia, a pesar de las lágrimas de mi madre por aquellas cuatro paredes que fueron su hogar, desde que finalizó la contienda del 36. Nuestros juegos dejaron la plena calle, donde jugábamos los niños de la posguerra; unos con otros ajenos al rencor y las tristezas. Un hermoso patio nos aguardaba con árboles, arbustos y lilas, muchas lilas cuyo aroma en primavera, por las ventanas abiertas de la casa todo lo invadía. Contra uno de aquellos árboles, situado al centro, finalizó para mí el aprendizaje del pedaleo bajo la batuta del primogénito de la familia. Debió de ser éste el único proyecto no conseguido por mi hermano a lo largo de su exitosa vida. La bicicleta era aquella que mi hermana menor obtuvo al módico precio de sentarse cada mañana al borde de la bañera, mientras mi padre se afeitaba: "Quiero una bici, quiero una bici"
La causa de esta mudanza fue el nombramiento de mi padre como Interventor del Instituto de Puericultura e Inclusa de Madrid. Con el cargo le fue otorgada la vivienda. El edificio hoy dinamitado, bien porque ya no se abandonan niños en la Inclusa ( se dejan sin más en cualquier parte o lo que es más triste y cruel se abortan) o bien por ese afan incontenible que seduce a los alcaldes de remozar nuestra localidad, constaba de tres plantas. En la tercera habitaban los dos capellanes del Centro. Y en la segunda, las Hermanas de la caridad o Hijas de San Vicente Paul ( recientemente galardonadas con el premio Príncipe de Asturias) se dedicaban a enseñar canto, solfeo y piano a aquellas alumnas mejor dotadas para este arte. En el segundo piso, en la puerta junto a la nuestra, vivía el Director con su entrañable familia. Su mujer Carmen, afable y cariñosa nos presentó a sus tres hijos varones y enseguida congeniamos con ellos: Luis, altísimo, rubísimo y guapísimo. Julio alegre, simpático y juerguista por naturaleza y el más pequeño, Ignacio, parecido al mayor pero no tan´"ísimo".
Comencé, por entonces, a experimentar aquello de :"Me gusta un chico". Hoy las expresiones al respecto, son bastante más crudas y ajustadas a la realidad. Cuando me cruzaba con él por las escaleras o en la puerta de casa, ¡qué desconocida forma de latir mi corazón!. Desgraciadamente para mí, Luis, tenía novia formal con la que contraería matrimonio varios años antes que yo. Pero ¡cómo le sentaba el uniforme de la Milicia Universitaria!. Con esa visión me conformaba. Me enseñó el himno de la Academia de Infanteria. Mi preferida, como no, de las marchas militares: "De ardor guerrero, vibren nuestras voces. Y de amor patrio, henchido el corazón..." . No estoy segura si el ardor que sentía era propiamente guerrero. Algunas veces, cuando me encontraba en el portal, colocaba sobre mi cabeza su gorra y decía: "A sus órdenes, mi sargenta". Estaba claro que para él yo sólo era una cría.
¡Maravillosos quince años!. Rondaban mi cabeza problemas vocacionales y, a pesar de los amigos de mis hermanos, los chicos me traían sin cuidado. Por eso Luis fue una auténtica revolución interior. Y llegado este momento quiero hacer una revelación trascendental: gustar, lo que se dice gustar, unicamente tres en mi vida, Luis, Julio II que sería mi marido y un compañero de carrera de nombre Fernando, moreno, canario alto, guapo y siempre riente. Una amiga y compañera se encargó de auyentarle con una frase tan anodina como la sigiente: "No la llames que tiene novio formal". Quizás escriba de él algun día aunque su historia fue mínima.
CONTINUARÁ...

18 marzo, 2006

Cuadernos



He estado buceando en los cajones del tiempo y he vuelto a tropezar con los cuadernos de la infancia y de la juventud. Ellos siempre han estado ahí, en la espina dorsal de mi vida. Sin embargo yo no sabía cuando comencé a escribir, cuaderno tras cuaderno, que me aferraría a ellos como el náufrago a la tabla.

La única intención, que por entonces guiaba mi mano a tomar lo que a ella llegaba: lápiz, bolígrafo o pluma, era la de dejar constancia de lo que estaba viviendo; no porque fuera muy excepcional, que para mí sí lo era, sino porque entre la escritura y mi yo más existencial, siempre ha existido una atracción tan irremediable, un entendimiento tan perfecto que era a la vez necesidad y exigencia. Si no escribía lo que me estaba sucediendo, si no lo retenía en un fragmento de papel, lo vivido desaparecía de mi propia existencia.
Y ¿ahora?. ¿Por qué vuelvo a ellos?. ¿Qué estoy buscando?. Cada página que pasa por mi retina me traslada al momento exacto en que fue plasmada. Lo veo, lo vuelvo a vivir. Me reconozco más y mejor que en la que, no puedo negarlo,permanece viva en este nuevo siglo. Desconozco la bondad o maldad de este hecho. Simplemente, en el recodo de mi actual deambular, he escuchado una llamada y sucumbido a ella. He vuelto a escribir, o mejor dicho a copiar, para que no desaparezca de mí la vida, sin haberla vivido.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...